El término catcalling hace referencia al conjunto de comportamientos sexistas que algunos hombres realizan hacia mujeres que no conocen y con las que se cruzan en la calle, en el parque o en cualquier lugar de su vida cotidiana.
En este estudio en profundidad, descubriremos cómo reconocer el catcalling y cuáles pueden ser las consecuencias psicológicas para quienes lo sufren.
¿Qué es el acoso callejero?
Silbidos, bocinazos, bromas sobre la ropa, apreciaciones sobre el aspecto físico, cacareos, aplausos o persecuciones a pie o en coche. Se trata de un auténtico acoso verbal al que se ven sometidas las mujeres en la calle por parte de desconocidos, y que recibe el nombre de catcalling.
El catcalling, también conocido como "acoso callejero", es un fenómeno que experimentan casi todas las mujeres de todas las edades cuando son acosadas por un desconocido que les hace comentarios sexualmente explícitos. Ya sea yendo a clase por la mañana o dando un paseo por la noche con los amigos, el catcalling puede ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar.
Catcalling: significado
Para entender qué significa el catcalling, empecemos por su significado. El término catcalling se refiere a los sonidos que se hacen para llamar (calling) la atención de los gatos (cat). La traducción literal de catcalling es, de hecho, “llamada de gato”.
Si bien el activismo feminista se enfocó en el acoso sexual, la violencia de pareja y, posteriormente, en la agresión sexual (mientras que el acoso callejero fue ignorado y considerado un problema menor) durante las décadas de los 60 y 70, este asunto ha cobrado más importancia porque es parte de una cultura de depredación violenta y opresión sexual constante contra las mujeres. Este fenómeno restringe su presencia en espacios públicos, provoca temor y es un precursor del abuso físico o sexual e incluso del feminicidio (Ferrer-Perez et al., 2021).
Definición de catcalling
Si queremos dar una definición del catcalling, podemos decir que se refiere a los comentarios sexuales que hacen los hombres a las mujeres en la calle. En realidad, sin embargo, no se trata solo de comentarios sexuales: el término también se refiere a todas esas risitas, silbidos, piropos, comentarios o bocinazos que una persona (o varias) hace a otra, no solo sobre su aspecto, sino también sobre su actitud.
¿Cumplidos o acoso verbal?
Muchas personas asocian los gestos de los catcallers con expresiones de aprecio, como si fueran un cumplido. Algunos incluso sostienen que hay que responder con un "gracias". Aunque entra dentro de la definición de acoso callejero, existe la tendencia a no considerar el catcalling como un acto de violencia psicológica.
Algunas investigaciones con víctimas y observadores describen que ciertos hombres disfrutan al ver que la mujer se incomoda, acelera el paso o muestra miedo; esto se interpreta como confirmación de poder. Donde el objetivo no es un encuentro, sino producir un impacto emocional y reafirmar la jerarquía masculina (van Tuijl et al., 2025).
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Ejemplos de "catcalling
Para entender mejor el fenómeno del "catcalling", tomemos una escena clásica de acoso verbal. Una mujer de unos veinte años va caminando por la calle y se cruza con un grupo de hombres de unos cuarenta, que se turnan para comentar con ella: "Ole","Guapa","¿A dónde vas tan sola?", etc.
Al leer estas frases, lo primero que notamos es que no se trata necesariamente de lenguaje vulgar (aunque muy a menudo es definitivamente más vulgar). El hecho es que los comentarios no solicitados contribuyen a crear una situación incómoda, que las chicas consideran potencialmente peligrosa: la consecuencia es que pueden sentir miedo.
Hay quienes consideran exagerada esta reacción, creyendo que ya no se puede decir nada porque ahora todo es acoso. Sin embargo, no es así. La percepción de una misma frase cambia según el contexto, cómo se dice, dónde, cuándo, por quién.
Una chica puede responder con una sonrisa o una broma o, como suele ocurrir, puede acelerar el ritmo apretando las llaves, dependiendo de cómo se sienta en esa situación. Además, en una investigación realizada en Suiza, se observó que las personas que habían realizado acoso callejero mostraban niveles más altos de sexismo, agresividad y violencia, así como de tolerancia al acoso sexual. Son principalmente formas sutiles de acoso que encuentran resistencia a nivel cultural y social, lo que obstaculiza su condena y reconocimiento (Milani & Carbajal, 2023).
Diferencia entre piropo y acoso
La principal diferencia para entender el límite entre acoso y piropo es el contexto relacional en el que se produce:
- el hombre y la mujer en cuestión no se conocen y no comparten ningún entorno relacional o laboral: no existe ninguna relación entre ambas personas;
- la mujer no ha dado de ninguna manera su consentimiento para recibir ese tipo de comentario, como ocurre, por ejemplo, en el cortejo, donde existen reglas sociales, comportamientos y juegos relacionales compartidos.
En el catcalling, el acercamiento se dirige a la mujer como objeto sexual y no como persona. El catcalling oculta a menudo la dinámica asimétrica de poder hombre-mujer y es, por tanto, una verdadera manifestación de la violencia de género y de la masculinidad tóxica.
¿Es delito el catcalling?
En muchos países, el catcalling se considera un delito. En 2018 se aprobó en Francia una ley sobre el acoso verbal y contra el catcalling, que prevé sanciones en multas de 90 a 1.500 euros, dependiendo de la gravedad del acoso. Otros países, como Perú y el estado de Illinois (Estados Unidos), también cuentan con sanciones.
En España, también existe hoy una referencia explícita al acoso callejero dentro del marco penal reformado por la LO 10/2022, que lo configura como conducta sancionable (generalmente como delito leve) e incorpora un fuerte componente preventivo y educativo centrado en el consentimiento y la libertad sexual.
Es importante acompañar esta normativa mediante la prevención y la educación en el respeto desde los primeros años de escolarización. Tratar con los alumnos temas como el consentimiento sexual y el respeto a los límites y fronteras de cada persona puede tener un valor educativo y preventivo incalculable.
Datos sobre el acoso sexual en España
La ONG Hollaback!, en colaboración con la Universidad de Cornell, puso en marcha un estudio internacional con una muestra de 16.600 mujeres de 22 países diferentes. Los resultados muestran que, de media, el 84 % de las mujeres encuestadas habían sufrido su primer catcalling antes de los 17 años.
Como parte de este estudio, Hollaback! publicó un vídeo en YouTube en el que se veía a una chica caminando durante diez horas en vaqueros y camiseta por las calles de Nueva York con una cámara oculta. La grabación de vídeo realizada durante las diez horas muestra más de 100 casos de catcalling.
Según el Proyecto Safer Cities for Girls (Plan International, 2021) en ciudades españolas: el 78 % de las experiencias relatadas por chicas jóvenes en Madrid, Barcelona y Sevilla se vincula a inseguridad por acoso en el espacio público urbano; un 75 % corresponde a acoso sin contacto físico (comentarios sexuales, persecuciones, insinuaciones, etc.).
Las mujeres entrevistadas afirman que a menudo tienen que cambiar de ruta para volver a casa. Evitan socializar o salir de noche. Muchas incluso han cambiado su forma de vestir. Afirman sentir ansiedad, rabia, miedo y una baja autoestima.
Son experiencias que toda mujer ha vivido desde joven. Son actitudes que minan el sentimiento de seguridad y libertad; actitudes que dan lugar a inseguridad, malestar, miedo y culpabilidad en mujeres de todas las edades.
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Consecuencias psicológicas del acoso callejero o catcalling
Las principales reacciones emocionales de las mujeres que sufren el "catcalling" son:
- miedo
- ansiedad
- ira
- vergüenza
- nerviosismo.
La principal estrategia que ponen en práctica las víctimas del "catcalling" es la evitación: cambiar de calle, evitar los medios de transporte, evitar salir solas por la noche, evitar el contacto visual o ignorar por completo al acosador callejero. Otra consecuencia observable es cambiar la forma de vestir o la actitud, por ejemplo, caminando con la mirada baja.
En estos casos, el fenómeno de la victimización secundaria es evidente: la víctima es inducida a pensar que ella misma es responsable de la situación desagradable en la que se ha encontrado, experimentando sentimientos de culpa que deberían pertenecer al acosador y no a la víctima.
Cómo actuar cuando se recibe acoso verbal
Comentarios pesados y frases sexistas, pero también silbidos, gestos vulgares, bocinazos, ruidos de besos, luces intermitentes. ¿Qué hacer en caso de acoso callejero? Hay una serie de estrategias que toda mujer puede desplegar para responder al catcalling.
- Ignorar: lo primero y más sencillo contra el acoso callejero es ignorar al acosador. Sea lo que sea lo que hagas, dar un paseo o correr por el parque, continúa. Interrumpir o detenerse es manifestar miedo y mostrar debilidad.
- Responder bruscamente: si el acosador insiste, empieza a exagerar y se acerca cada vez más, pero no parece peligroso, puedes intentar responder. Una decisión valiente, en muchos sentidos, pero que puede tener un gran efecto. Date la vuelta, mírale directamente a los ojos, que perciba tu enfado, pero no gastes demasiadas palabras. Dos o tres son suficientes, algo así como “Déjame en paz” o “Ya está bien”.
- Usar el teléfono: es un valioso aliado contra el acoso callejero. Sirve para pedir ayuda, claro, pero también para inhibir al agresor. Puedes hacerle creer que estás a punto de verte con quien te llama (puede que realmente sea el caso), o simplemente contarle lo que te ocurre.
En cualquier caso, si has sido víctima de catcalling y estás pasando por un momento de ansiedad y miedo, te recordamos que puedes pedir apoyo a uno de los psicólogos online de Unobravo en cualquier momento. Nuestros profesionales podrán ayudarte a volver a vivir libremente, sin el bloqueo que supone el miedo a que el problema vuelva a producirse.





