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Nudo en la garganta y ansiedad: síntomas, causas y cómo gestionarlo

Nudo en la garganta y ansiedad: síntomas, causas y cómo gestionarlo
Redacción
Unobravo
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
15.9.2026
Nudo en la garganta y ansiedad: síntomas, causas y cómo gestionarlo
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  • El nudo en la garganta por ansiedad —llamado globo faríngeo o bolo histérico— es un síntoma físico real, causado por la contracción prolongada de los músculos de la faringe por efecto del sistema nervioso autónomo, no una invención de la mente.
  • Un estudio de 2024 halló que el 63 % de los adultos con sensación de opresión en la garganta daba positivo en el cribado de ansiedad, lo que confirma el vínculo profundo entre el estado emocional y los síntomas físicos en la garganta (Fujiki et al., 2024).
  • A corto plazo, la respiración diafragmática, los pequeños sorbos de agua y los movimientos suaves del cuello son las estrategias más eficaces para interrumpir el ciclo agudo de tensión; a largo plazo, la terapia cognitivo-conductual es la herramienta principal para prevenir las recaídas.
  • Conviene consultar con un médico si aparecen señales de alarma como una dificultad real para tragar, una pérdida de peso inexplicable o una ronquera de más de dos o tres semanas; en su ausencia, la causa suele ser funcional y de origen ansioso.

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Esa sensación de tener algo bloqueado en la garganta, como si a las palabras les costara salir o la respiración se detuviera a medias, es algo que muchas personas conocen bien, a menudo sin conseguir ponerle un nombre preciso.

Si tú también la has vivido, es importante que sepas que no exageras ni es fruto de tu imaginación: el nudo en la garganta relacionado con la ansiedad es un síntoma real.

Es una de las manifestaciones físicas de la ansiedad más comunes y, aun así, puede desorientar mucho, sobre todo cuando aparece de repente o persiste en el tiempo y alimenta nuevas preocupaciones sobre qué sucede en tu cuerpo.

En las próximas secciones exploramos juntos qué se siente de verdad en estos momentos, por qué el cuerpo responde así a los estados emocionales intensos, cómo saber si lo que sientes tiene un origen ansioso o si conviene consultarlo con un médico, y qué estrategias concretas pueden ayudarte a gestionar este malestar cuando aparece.

Qué se siente de verdad cuando tienes un nudo en la garganta

Quien ha vivido este síntoma sabe lo difícil que resulta describirlo con palabras. Es algo físicamente presente y, sin embargo, invisible: una sensación de tener algo en la garganta, como un grumo o un nudo que no consigues ni tragar ni expulsar con la tos.

No causa dolor necesariamente, pero molesta. Y cuanto más nos concentramos en él, más parece agrandarse.

En realidad, no hay nada físicamente bloqueado: ningún cuerpo extraño, ninguna causa orgánica detectable. Y aun así, la sensación de opresión en la garganta es real, concreta y, a veces, persiste durante horas. Tragar puede convertirse en un gesto que haces con atención, casi con esfuerzo, como si la garganta hubiera olvidado cómo funciona de forma automática.

Las personas que lo viven describen sensaciones muy distintas entre sí, y es importante recordarlo: para algunas es una molestia leve y pasajera; para otras, puede volverse muy incapacitante y condicionar la forma de hablar, de comer o, simplemente, de estar con los demás.

Las sensaciones que se describen con más frecuencia son:

  • la sensación de tener algo en la garganta que no consigues quitar,
  • un picor en la garganta relacionado con la ansiedad, parecido al que precede al llanto,
  • dificultad para tragar, sobre todo saliva o líquidos,
  • peso en el estómago que acompaña al malestar, como si este descendiera hacia abajo,
  • tos seca, a menudo refleja e involuntaria,
  • una ligera presión u opresión que se intensifica en los momentos de tensión emocional.

No existe una única forma en la que este síntoma se manifieste, y ninguna experiencia es “más real” que otra.

Por qué la ansiedad puede provocar el nudo en la garganta

Cuando nos encontramos ante una situación estresante, nuestro sistema nervioso autónomo se activa de forma automática e involuntaria, como si pulsara un interruptor de emergencia. El cuerpo se prepara para afrontar una amenaza, y esta respuesta implica prácticamente todos los grupos musculares, incluidos los de la garganta.

En concreto, los músculos de la faringe y el esfínter esofágico superior —es decir, la “puerta” muscular que regula el paso entre la garganta y el esófago— tienden a contraerse y a ponerse rígidos. Esta condición se llama hipertonía muscular y significa, de manera sencilla, que esos músculos permanecen en un estado de tensión prolongada, incluso cuando no hace falta de forma objetiva.

Pero hay otro nivel que conviene tener en cuenta, quizá aún más importante: el de la somatización. El malestar emocional, cuando no encuentra una salida, puede traducirse en un síntoma físico concreto. La ansiedad en la garganta, en este sentido, no es una invención de la mente, sino la manera en que el cuerpo “habla” de algo que le cuesta procesar.

Como confirmación de este vínculo, una investigación publicada en 2024 analizó a más de 160 pacientes (adultos y niños) que sufrían una condición llamada obstrucción laríngea inducible, caracterizada por dificultades respiratorias, sensación de opresión en la garganta y en el pecho, vértigo y sensación de mareo.

Los resultados fueron significativos: el 63 % de los adultos y el 60 % de los niños dieron positivo en el cribado de ansiedad, y la mayoría ya había recibido un diagnóstico de ansiedad incluso antes de que se evaluara su problema de garganta (Fujiki et al., 2024). Esto nos dice que cuerpo y mente están conectados: cuando la ansiedad no se reconoce ni se gestiona, a menudo es la garganta la que “se hace cargo” de la expresividad de esa ansiedad en el cuerpo.

El problema es que este mecanismo tiende a autoalimentarse. Sientes el malestar, te asustas, empiezas a preguntarte qué ocurre, y esa preocupación genera más tensión. La tensión, a su vez, empeora la contracción de los músculos de la garganta y hace que la sensación sea aún más intensa. Un círculo vicioso, en efecto.

Este círculo se vuelve especialmente evidente en ciertos momentos: antes de una presentación en el trabajo, durante una conversación difícil o cuando tienes que decir algo importante a alguien que te importa. No es casualidad. Son precisamente las situaciones de exposición social o presión emocional aquellas en las que el síntoma se manifiesta con más fuerza, porque es ahí donde el sistema nervioso recibe la señal de alarma más potente. Quien sufre de ansiedad social, por ejemplo, puede reconocerse de forma especial en esta dinámica.

El bolo histérico: un nombre antiguo para un malestar real

Quizá hayas oído hablar del bolo histérico, tal vez de la mano de un médico, de un familiar o al buscar en internet una explicación a esa sensación persistente en la garganta. En el ámbito médico, este fenómeno se llama también globo faríngeo o, con el término latino globus pharyngeus, y está más extendido de lo que se piensa.

Un estudio que siguió a casi 400 personas con este diagnóstico durante al menos cuatro años mostró que el trastorno afecta con más frecuencia a las mujeres, que representaban alrededor del 65 % de los casos, con una edad media en torno a los 56 años. El mismo estudio señaló que el especialista al que se acude primero con más frecuencia es el otorrinolaringólogo, en cerca del 40 % de los casos (Maronian et al., 2024).

Los síntomas principales del bolo histérico son:

  • sensación de un nudo, un bulto o un cuerpo extraño en la garganta,
  • presión u opresión en la zona farínge,
  • necesidad continua de aclararse la voz o de tragar,
  • molestia leve que puede intensificarse en los momentos de tensión emocional.

Una de las preguntas más frecuentes tiene que ver con la duración del llamado bolo histérico o globo faríngeo. La respuesta es que puede variar mucho de una persona a otra y depende, a menudo, del contexto en el que aparece. En algunos casos, la sensación desaparece en pocos minutos, mientras que en otros puede persistir durante horas, días o incluso semanas, sobre todo si la fuente de estrés o de tensión emocional sigue presente.

Es importante hacer una distinción fundamental: el globo faríngeo es una sensación subjetiva de tener un cuerpo extraño o un nudo en la garganta, pero no se corresponde con una obstrucción real. Quien lo experimenta puede tener la percepción de que algo le impide tragar, aunque la garganta esté libre y la deglución sea normal. Esto lo diferencia de la disfagia, que consiste en una verdadera dificultad para tragar alimentos o líquidos y requiere siempre una valoración médica.

También el término “bolo histérico” merece una aclaración. Se trata de una definición histórica, nacida en una época en la que algunos síntomas físicos se atribuían por error a la histeria, sobre todo en las mujeres. Hoy esta expresión se considera anticuada y potencialmente estigmatizante: por eso se prefiere hablar de globo faríngeo, una denominación más precisa y coherente con los conocimientos médicos y psicológicos actuales.

Emociones bloqueadas y nudo en la garganta: qué hay detrás

A veces el cuerpo sabe cosas para las que la mente aún no ha encontrado palabras. Este síntoma puede ser, en muchos casos, justo eso: una emoción que no ha encontrado salida y que se ha “detenido” en un punto concreto del cuerpo.

La rabia contenida, el dolor no procesado, la frustración que no hemos conseguido expresar: estas emociones no desaparecen sin más porque las ignoremos. Pueden depositarse en el cuerpo y la garganta —zona simbólicamente ligada a la voz y a la capacidad de expresarnos—; es a menudo uno de los lugares donde esta tensión se manifiesta de forma más evidente.

No es una coincidencia ni algo imaginario. La medicina psicosomática estudia desde hace décadas cómo las experiencias emocionales, incluidas las relacionadas con traumas, duelos o relaciones difíciles, pueden traducirse en síntomas físicos reales y medibles. Los trastornos psicosomáticos que aparecen en respuesta al estrés crónico son un ejemplo concreto: el cuerpo, en este sentido, funciona como un recipiente que recoge lo que no se procesa de manera emocional y lo transforma en tensión muscular, presión, malestar.

El mismo estudio citado antes confirmó esta conexión: el 45 % de los adultos y el 39 % de los niños con dificultades respiratorias y sensación de opresión en la garganta presentaba síntomas somáticos de moderados a graves (Fujiki et al., 2024). Un dato que nos recuerda hasta qué punto cuerpo y mente están ligados.

Hay, sin embargo, un aspecto que conviene subrayar. Este proceso puede volverse bidireccional: no solo las emociones producen tensión física, sino que la tensión física crónica puede, a su vez, alimentar y amplificar el estado ansioso. Sentir algo en la garganta de forma constante puede generar preocupación, hipervigilancia hacia tus sensaciones corporales y una mayor sensación de alarma, en un circuito que se autoalimenta.

Reconocer esta conexión no significa que “todo esté en tu cabeza”. Significa, al contrario, que tu cuerpo y tu mente se comunican, y que vale la pena escucharlos juntos.

Cómo saber si es ansiedad o algo físico

Sentir esta molestia de forma persistente puede generar una pregunta legítima: ¿es de verdad la ansiedad o hay algo más?

En la gran mayoría de los casos, el síntoma es de naturaleza funcional, es decir, está relacionado con el estrés emocional y la tensión muscular, sin una causa orgánica subyacente. Pero esto no significa que debamos darlo por sentado.

Existen algunas señales de alarma que es importante no ignorar y que requieren una valoración médica:

  • Dificultad real para tragar alimentos sólidos o líquidos, no solo una sensación de presión.
  • Pérdida de peso inexplicable sin cambios en la dieta ni en el estilo de vida.
  • Ronquera persistente que dura más de dos o tres semanas.

Entre las causas orgánicas más frecuentes que pueden imitar o agravar la molestia en la garganta está el reflujo gastroesofágico: el ácido gástrico que asciende hacia la faringe puede irritar los tejidos y producir una sensación muy parecida al llamado globo faríngeo.

Por eso, si la molestia es recurrente o se acompaña de otros síntomas, una visita al otorrinolaringólogo o al gastroenterólogo puede ser útil para descartar causas físicas antes de atribuirlo todo a la ansiedad.

Dicho esto, saber que en la gran mayoría de los casos el globo faríngeo se asocia a causas benignas puede ser ya un primer motivo de alivio. Como hemos visto, el riesgo de que este síntoma esté relacionado con una patología grave es, por lo general, bajo: en un estudio de seguimiento de cuatro años, solo el 1 % de los pacientes recibió un diagnóstico oncológico (Maronian et al., 2024).

Cuál es la prioridad cuando sientes el nudo en la garganta

Cuando la molestia aparece, lo más útil que puedes hacer es actuar enseguida sobre el cuerpo e interrumpir el ciclo de tensión antes de que se intensifique. Aquí tienes algunas técnicas concretas que puedes probar en el momento en que el síntoma aparece.

  • Respiración diafragmática: inspira despacio por la nariz, hincha el abdomen como si fuera un globo (no el pecho) y luego espira igual de despacio por la boca y deja que el abdomen se deshinche solo. Bastan tres o cuatro respiraciones hechas así para ayudar a relajar la musculatura de la garganta.
  • Pequeños sorbos de agua: bebe despacio, a pequeños sorbos; así hidratas las mucosas y puedes reducir la sensación de presión o de sequedad que suele acompañar al síntoma.
  • Movimientos suaves del cuello: gira la cabeza despacio de un lado a otro y luego inclina la oreja hacia el hombro; mantén la posición unos segundos en cada lado. La tensión muscular cervical suele contribuir a la molestia, y aflojarla puede dar un alivio real.
  • Deglución consciente: en lugar de tragar de forma compulsiva, prueba a hacerlo una sola vez, de manera intencionada y lenta. Tragar sin parar puede parecer un gesto automático y liberador, pero en realidad irrita todavía más la mucosa y mantiene viva la sensación, lo que alimenta un círculo vicioso difícil de romper.

Si te preguntas cómo reducir esta molestia de forma duradera, las estrategias inmediatas pueden ser un buen punto de partida, pero a menudo no bastan cuando el síntoma tiende a repetirse con el tiempo. En estos casos, puede ser útil tratar de comprender sus causas e intervenir sobre los factores que favorecen su mantenimiento, en lugar de limitarse a aliviar la sensación de manera temporal.

Técnicas de relajación que ayudan de verdad

Si las estrategias inmediatas ayudan a romper el momento agudo, es a largo plazo cuando se construye una verdadera resiliencia. Algunas rutinas diarias pueden marcar de verdad la diferencia con el tiempo.

La relajación muscular progresiva, aplicada de forma específica al cuello y a los hombros, es una de las técnicas más eficaces: consiste en contraer de forma intencionada un grupo muscular durante unos segundos y luego soltarlo del todo; con ello aprendes a reconocer y a aflojar la tensión acumulada en esas zonas.

El mindfulness y la meditación, practicados con regularidad, pueden reducir el estrés crónico, esa presión de fondo que alimenta los síntomas físicos día tras día. También el yoga y los estiramientos cervicales trabajan en profundidad sobre la rigidez muscular, mientras que la actividad física regular ofrece al cuerpo un canal concreto para descargar la adrenalina y las tensiones acumuladas.

Por último, también el sueño juega un papel fundamental. Mantener horarios regulares y cuidar la calidad del descanso favorece la recuperación del sistema nervioso y puede ayudar a que todas las demás estrategias para gestionar el malestar resulten más eficaces.

Cambiar de hábitos para romper el círculo vicioso

Algunas rutinas diarias, en apariencia pequeñas, pueden marcar una diferencia concreta a la hora de reducir la frecuencia y la intensidad de la molestia. Aquí tienes por dónde empezar:

  • Reduce la cafeína, la nicotina y el alcohol: estas sustancias pueden irritar las mucosas y aumentar la reactividad del sistema nervioso, lo que lleva a amplificar la tensión física que ya está presente.
  • Cuida la alimentación: optar por comidas ligeras, evitar los alimentos grasos o muy ácidos y no acostarse justo después de comer puede ayudar a reducir la irritación de la garganta.
  • Hidratarse con regularidad: beber agua a lo largo del día mantiene las mucosas hidratadas y puede aliviar la sensación de opresión.
  • Cuida la postura: pasar horas sentado con los hombros encorvados y el cuello proyectado hacia delante, crea una tensión muscular que se acumula precisamente en las zonas más vulnerables.

No hace falta transformar tu vida de un día para otro. Pequeños cambios constantes, mantenidos en el tiempo, pueden reducir de forma significativa la carga física y emocional que alimenta el círculo vicioso.

Cómo la psicoterapia puede ayudarte a estar mejor

Cuando el síntoma se repite con frecuencia, o cuando sientes que las estrategias diarias no bastan para mantenerlo a raya, es el momento de preguntarte qué intenta decirte este síntoma a un nivel más profundo.

La terapia cognitivo-conductual puede ser un enfoque valioso en este proceso, porque te ayuda a reconocer y a modificar los pensamientos ansiosos e intrusivos que alimentan el síntoma e interrumpir el círculo vicioso desde dentro.

Pero la psicoterapia no se queda en los pensamientos. Un buen proceso terapéutico trabaja también sobre las emociones bloqueadas, sobre experiencias difíciles del pasado y sobre esas dinámicas relacionales que, con el tiempo, pueden haberle enseñado a tu cuerpo a retener en lugar de expresar.

A través de este trabajo se desarrolla algo fundamental: una consciencia más profunda del vínculo entre mente y cuerpo, que te permite reconocer las señales tempranas del malestar y responder a ellas de otra manera, antes de que se transformen en síntomas físicos. Esto no solo significa estar mejor ahora, sino aprender a prevenir las recaídas con el tiempo y construir recursos internos que se quedan contigo.

Paso a paso hacia el alivio

El nudo en la garganta relacionado con la ansiedad es un síntoma real, reconocible y abordable, no algo que simplemente tengas que aprender a soportar.

Cada día, muchas personas consiguen encontrar alivio, aflojar esa tensión que parecía imposible de soltar y construir una relación más serena con su cuerpo y sus emociones.

Si este síntoma se repite a menudo, o sientes que influye en tu calidad de vida, buscar el acompañamiento de un psicólogo o una psicóloga puede marcar una diferencia real.

El primer paso suele ser el más difícil, pero es también el que abre todo lo demás. Si sientes que ha llegado el momento, puedes encontrar un psicólogo que se adapte a tus necesidades y empezar un proceso terapéutico, a tu ritmo.

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FAQ

Con la ansiedad puedes sentir un nudo en la garganta continuo porque el sistema nervioso autónomo se activa y provoca una contracción prolongada de los músculos de la faringe y del esfínter esofágico superior (hipertonía muscular). El resultado es una sensación real de presión o de bloqueo en la garganta, llamada globo faríngeo, sin ninguna causa orgánica detectable.
Para saber si el nudo en la garganta lo causa la ansiedad o algo físico, fíjate en la deglución: el globo faríngeo por ansiedad es una sensación subjetiva y se traga sin obstáculos reales. Las señales que sí requieren una valoración médica son la verdadera dificultad para tragar alimentos o líquidos (disfagia), la pérdida de peso inexplicable y la ronquera persistente de más de dos o tres semanas. En ausencia de estas señales, la causa casi siempre es funcional.
El bolo histérico, llamado también globo faríngeo, es la sensación persistente de tener un nudo, un bulto o un cuerpo extraño en la garganta sin que exista una obstrucción real. Su duración varía mucho: puede resolverse en pocos minutos o persistir durante horas, días o semanas, sobre todo si la fuente de estrés no se resuelve.
El nudo en la garganta empeora en los momentos de estrés o al hablar en público porque las situaciones de exposición social y presión emocional envían al sistema nervioso la señal de alarma más potente y aumentan la contracción muscular de la garganta. Además, la preocupación por el síntoma en sí genera más tensión y crea un círculo vicioso que amplifica el malestar justo en los momentos más críticos.
De inmediato puedes probar tres intervenciones eficaces: practicar la respiración diafragmática (tres o cuatro respiraciones profundas hinchando el abdomen), beber pequeños sorbos de agua despacio y hacer movimientos suaves de rotación e inclinación del cuello para aflojar la tensión muscular cervical. Evita aclararte la garganta de forma repetida: irrita las mucosas y empeora el síntoma.
Sí, el nudo en la garganta puede estar relacionado con emociones bloqueadas o no expresadas: la medicina psicosomática documenta cómo la rabia contenida, el dolor no procesado o la frustración no expresada pueden depositarse en el cuerpo en forma de tensión muscular. La garganta, zona simbólicamente ligada a la voz y a la expresión, es uno de los lugares más frecuentes de esta somatización. Un estudio de 2024 halló que el 45 % de los adultos con opresión en la garganta presentaba síntomas somáticos de moderados a graves (Fujiki et al., 2024).
Las técnicas con más evidencia son la relajación muscular progresiva aplicada al cuello y a los hombros, la respiración diafragmática, el mindfulness practicado con regularidad, los estiramientos cervicales y el yoga. La actividad física regular ayuda a descargar la adrenalina acumulada, mientras que un sueño de calidad reduce la reactividad del sistema nervioso.
¿Tienes más preguntas?
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  • Fujiki, R. B., Fujiki, A. E., & Thibeault, S. L. (2024). Anxiety, depression, and posttraumatic stress disorder in patients with induced laryngeal obstruction. JAMA Otolaryngology–Head & Neck Surgery, 150(5), 368–377. https://doi.org/10.1001/jamaoto.2024.0133
  • Maronian, N., Cabrera, C., Dewey, J., & Meyer, T. (2024). The development of head and neck cancer in patients with the isolated complaint of globus pharyngeus. The Laryngoscope, 134(3), 1147–1154. https://doi.org/10.1002/lary.31027
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