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Salud mental
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Terapia cognitivo-conductual para el insomnio

Terapia cognitivo-conductual para el insomnio
Jessica Anselmi
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
11.2.2026
Terapia cognitivo-conductual para el insomnio
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Se sabe que, hasta la fecha, solo una cuarta parte de las personas que padecen insomnio acuden a un profesional en busca de ayuda. Esto se debe a que el insomnio suele considerarse erróneamente como un síntoma secundario de otras afecciones, como un trastorno médico o psiquiátrico, o como una consecuencia directa de situaciones estresantes en general.

En realidad, el insomnio es un trastorno del sueño independiente, con criterios diagnósticos claros y síntomas definidos y específicos, para el que existen tratamientos eficaces basados en la evidencia científica. De los tipos de psicoterapia disponibles, la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) ha demostrado ser la más adecuada para reducir los síntomas del trastorno de insomnio crónico, tanto a corto como a largo plazo.

Fases de la terapia del sueño en el insomnio

La fase de evaluación inicial tiene lugar mediante una entrevista clínica estructurada y el uso de cuestionarios estandarizados, como:

  • la entrevista semiestructurada del insomnio de Morin;
  • el Dysfunctional Beliefs and Attitudes about Sleep (DBAS);
  • la realización de un diario de sueño, que permite comprender mejor el problema al registrar los horarios de sueño, el tiempo total que se duerme y el tiempo que se pasa despierto.

En algunos casos, pueden utilizarse exámenes instrumentales complementarios, como:

  • la polisomnografía (registro poligráfico dinámico del sueño), que mide las alteraciones del sueño y la actividad cerebral durante el reposo;
  • el uso del actígrafo, un dispositivo que se lleva en la muñeca dominante durante aproximadamente 7 a 15 días y que permite monitorizar el ritmo sueño-vigilia y proporciona información valiosa para instaurar una terapia del sueño personalizada.

En la segunda fase de la terapia cognitivo-conductual para el insomnio, se devuelven los resultados de la evaluación, se elabora el marco diagnóstico y se lleva a cabo una conceptualización cognitivo-conductual individualizada del problema.

La psicoeducación sobre el sueño y el insomnio constituye la tercera fase del tratamiento. En este momento, se puede recomendar la lectura de materiales de autoayuda basados en la evidencia, para comenzar a promover una  adecuada higiene del sueño, sugiriendo algunas reglas sencillas como:

  • evitar las siestas durante el día;
  • no realizar ejercicio físico intenso antes de acostarse;
  • limitar el consumo de cafeína, nicotina, alcohol, comidas copiosas y líquidos en exceso por la noche;
  • dedicar aproximadamente 20-30 minutos antes de dormir a actividades relajantes que favorezcan la disminución de la activación fisiológica y cognitiva. 

La fase de intervención implica la aplicación de técnicas específicas y una reestructuración cognitiva de los pensamientos automáticos negativos y disfuncionales relacionados con el sueño, para sustituirlos por pensamientos más funcionales y racionales. En la fase final, se trabaja de forma específica en la prevención de recaídas.

Foto de Shane en Unsplash

Criterios y directrices diagnósticas internacionales

Para comprender mejor el insomnio y su tratamiento, es fundamental remitirse a los principales manuales diagnósticos y guías clínicas internacionales.

Según el DSM-5-TR (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, quinta edición revisada), el insomnio se clasifica como un trastorno del sueño-vigilia, caracterizado por dificultad para iniciar o mantener el sueño, o despertares precoces, que se presenta al menos tres veces por semana durante un periodo mínimo de tres meses, y que provoca un malestar clínicamente significativo o un deterioro funcional significativo.

La ICSD-3 (Clasificación Internacional de los Trastornos del Sueño, tercera edición) también define el insomnio como una dificultad persistente para dormir que no es atribuible únicamente a factores ambientales o a otros trastornos médicos o psiquiátricos.

Estos criterios ayudan a los profesionales a distinguir el insomnio primario del secundario y a elegir el tratamiento más adecuado.

Datos epidemiológicos sobre el insomnio

El insomnio es un trastorno muy extendido en todo el mundo. Según una revisión publicada en Sleep Medicine Reviews (Ohayon, 2002), aproximadamente el 10-15 % de la población adulta padece insomnio crónico, mientras que hasta el 30-35 % presenta síntomas ocasionales de insomnio.

Estos datos subrayan lo importante que es reconocer y tratar precozmente el trastorno, para reducir el riesgo de que se cronifique y repercuta negativamente en la calidad de vida, el bienestar psicológico y la salud general.

Causas y modelos teóricos del insomnio

El insomnio puede tener múltiples orígenes y suele ser el resultado de la interacción de varios factores. Uno de los modelos más reconocidos para explicar el desarrollo y el mantenimiento del insomnio es el modelo de las 3P de Spielman.

Este modelo identifica tres categorías de factores:

  • Factores predisponentes: características individuales que pueden aumentar la vulnerabilidad al insomnio, como una mayor reactividad al estrés, antecedentes familiares de trastornos del sueño o una personalidad ansiosa.
  • Factores precipitantes: acontecimientos o situaciones que pueden desencadenar la aparición del insomnio, como períodos de estrés intenso, cambios vitales, enfermedades o duelos.
  • Factores perpetuantes: comportamientos y pensamientos que mantienen el trastorno a lo largo del tiempo, como la ansiedad anticipatoria relacionada con el sueño, los malos hábitos (por ejemplo, pasar mucho tiempo despierto en la cama) o los intentos de compensar la falta de sueño con siestas diurnas.

Comprender estos factores puede ser crucial para establecer un tratamiento eficaz y personalizado.

Andrea Piacquadio - Pexels

‍Técnicas para tratar el insomnio

Se utilizan varias técnicas para abordar e intentar resolver el trastorno del insomnio, como:

  • la técnica de control de estímulos,
  • la técnica de restricción del sueño,
  • las técnicas de relajación,
  • la técnica de prescripción paradójica.

La técnica de control de estímulos

Esta técnica pretende romper la asociación entre la cama y las actividades incompatibles con el sueño. Explica la importancia de utilizar el dormitorio únicamente para dormir o para la actividad sexual, de ir solo cuando se tiene sueño y de no permanecer en la cama despierto más de 20 minutos.

La técnica de restricción del sueño

Esta técnica pretende regularizar el ritmo sueño-vigilia estableciendo un umbral de tiempo entre la vigilia y el sueño. El objetivo es reducir el tiempo que se pasa en la cama mediante una privación parcial del sueño, ajustando progresivamente los horarios.

Las técnicas de relajación

Estas técnicas tienen como objetivo reducir la activación fisiológica. Durante la primera semana deben practicarse una vez al día, lejos de la hora de acostarse; después, pueden realizarse a la hora de acostarse y durante los despertares.

La técnica de la prescripción paradójica

Esta técnica pretende reducir la ansiedad de "rendimiento" y los intentos de forzar el sueño. Se invita a la persona a que intente no dormirse, es decir, a hacer todo lo posible por mantenerse despierta, para no interferir en el proceso natural de dormirse y crear una paradoja.

Foto de Solving Healthcare en Unsplash

Terapia cognitivo-conductual para el insomnio

En resumen, el recorrido terapéutico de la terapia cognitivo-conductual para el insomnio suele consistir en::

  • Evaluación inicial: incluye entrevistas clínicas, cuestionarios y diarios de sueño para comprender la naturaleza del trastorno.
  • Informe y conceptualización: análisis de los resultados y definición de un plan de tratamiento personalizado.
  • Psicoeducación e higiene del sueño: información sobre normas de buen sueño y hábitos a modificar.
  • Intervención con técnicas específicas:‍
    • Control de estímulos: reeducación en el uso de la cama y el dormitorio.‍
    • Restricción del sueño: ajuste de los horarios de sueño para mejorar la eficiencia del sueño.‍
    • Técnicas de relajación: reducción de la activación física y mental.‍
    • Prescripción paradójica: reducción de la ansiedad relacionada con el sueño.
  • Prevención de recaídas: estrategias para mantener los resultados a lo largo del tiempo.

Este marco ayuda a comprender cómo los psicólogos especializados en terapia cognitivo-conductual pueden abordar el insomnio de forma gradual y personalizada, ofreciendo herramientas prácticas respaldadas por la evidencia científica.

Eficacia de la TCC-I comparada con la medicación

La psicoterapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) se considera el tratamiento de primera elección para el insomnio crónico según varias directrices internacionales, incluidas las de la Academia Americana de Medicina del Sueño.

Varios estudios clínicos y metaanálisis han demostrado que la TCC-I es eficaz para mejorar la calidad y la duración del sueño, con beneficios que se mantienen en el tiempo incluso después de finalizar la terapia. Por ejemplo, un metaanálisis mostró que la TCC-I produce mejoras significativas en la latencia para conciliar el sueño y en la calidad del sueño en comparación con el placebo y los tratamientos farmacológicos (Trauer et al., 2015).

A diferencia de los fármacos hipnóticos, que solo pueden ser útiles durante periodos cortos y tienen riesgos de adicción o efectos secundarios, la TCC-I puede ayudar a modificar conductas y pensamientos disfuncionales relacionados con el sueño, ofreciendo herramientas que pueden contribuir a un manejo más duradero del insomnio.

Adaptaciones de la TCC-I para poblaciones específicas

La TCC-I puede adaptarse para satisfacer las necesidades de diferentes grupos de población o en presencia de otras condiciones de salud.

  • Niños y adolescentes: en estos grupos de edad, la terapia suele complementarse con la participación de los padres y con estrategias educativas dirigidas a promover buenos hábitos de sueño.
  • Ancianos: la TCC-I también ha demostrado su eficacia en la población anciana, en la que el insomnio puede estar relacionado con cambios fisiológicos o enfermedades crónicas. Las intervenciones se adaptan para tener en cuenta las necesidades específicas y las posibles comorbilidades.
  • Comorbilidades psiquiátricas o médicas: la TCC-I puede integrarse con otros tratamientos cuando el insomnio se presenta junto con trastornos como depresión, ansiedad o enfermedades crónicas. En estos casos, la colaboración entre distintos profesionales sanitarios es crucial para un abordaje integral y personalizado.

Estas adaptaciones también permiten ofrecer un apoyo más eficaz a las personas con necesidades especiales o enfermedades complejas.

¿Necesito psicoterapia para el insomnio?

Si crees que padeces insomnio, puedes empezar a explorar los síntomas con una prueba de detección como el Insomnia Severity Index.

En cualquier caso, si crees que tu calidad de vida se ha deteriorado debido a los problemas de sueño, lo más aconsejable es consultar a un profesional de la salud psicológica, que puede ayudarte a comprender tus dificultades e intervenir eficazmente para volver a un estilo de vida más saludable.

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