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Salud mental
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El complejo de inferioridad: qué es y de dónde viene

El complejo de inferioridad: qué es y de dónde viene
Valentina Scognamiglio
Valentina Scognamiglio
Psicoterapeuta con orientación Psicoanalítica
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
3.2.2026
El complejo de inferioridad: qué es y de dónde viene
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El concepto de complejo de inferioridad hace referencia al sentimiento experimentado por una persona con baja autoestima, sentimientos de insuficiencia y un constante sentimiento de vergüenza hacia sí misma. Pero, ¿cuál es el significado del complejo de inferioridad en más detalle?

En este artículo, exploramos el complejo de inferioridad desde una perspectiva psicológica, cómo se manifiesta en diferentes ámbitos, sus causas y cómo se puede afrontar.

Complejo de inferioridad en psicología

Para dar una definición completa de "complejo de inferioridad", retrocedamos un paso y analicemos detenidamente qué significa la palabra complejo. Los psicoanalistas Laplanche y Pontalis, autores del volumen Diccionario del Psicoanálisis, describen el concepto de complejo de la siguiente manera:

“Conjunto organizado de representaciones y recuerdos con fuerte valor afectivo, parcial o totalmente inconscientes. Un complejo se forma a partir de las relaciones interpersonales de la historia de la infancia y puede estructurar todos los niveles psicológicos: emociones, actitudes, conducta adaptada."

Por lo tanto, el concepto de complejo de inferioridad, en psicología, se refiere a una serie de autorrepresentaciones que la persona ha construido y que a menudo son la concentración de representaciones inconscientes que surgen de la propia historia relacional.

La forma en que cada uno de nosotros representa su propio Yo es, por consiguiente, el resultado tanto del contexto social y cultural en el que nos encontramos como de nuestra propia historia familiar y personal.

El complejo de inferioridad según Jung

Carl Gustav Jung, uno de los fundadores de la psicología analítica, exploró el concepto de inferioridad y lo conectó con su teoría de los arquetipos y el inconsciente colectivo. Aunque nunca menciona explícitamente un complejo de inferioridad, Jung habla de él como resultado de una desconexión con el Yo, el aspecto más profundo y auténtico de la personalidad.

Esta desconexión puede ser causada por experiencias traumáticas o por la represión de partes vitales de la psique. Jung creía que el complejo de inferioridad podía manifestarse mediante el predominio de arquetipos negativos, como la Sombra, que representa los aspectos oscuros y reprimidos de la personalidad.

Por tanto, el trabajo terapéutico, según Jung, consistía en reconocer e integrar estos aspectos en la persona para alcanzar la armonía y la plenitud psíquica.

El complejo de inferioridad según Freud

El complejo de inferioridad en la obra de Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, se remonta al contexto de su teoría del desarrollo psicosexual. Según Freud, una representación de uno mismo en términos de inferioridad puede derivar de experiencias traumáticas durante las fases del desarrollo psicológico infantil, especialmente durante el período edípico.

Freud creía que los conflictos no resueltos o las experiencias de devaluación durante esta fase podrían dejar una huella duradera en la psique de la persona y, por lo tanto, contribuir a la aparición del sentimiento de inferioridad.

Por eso Freud asoció el complejo de inferioridad con el complejo de Edipo. La rivalidad edípica, en la que el niño se compara con la figura paterna por el amor y la atención del otro, puede generar conflictos que influyen en la autopercepción y la confianza en la edad adulta, lo cual contribuye a la formación de un sentimiento persistente de inferioridad.

El complejo de inferioridad según Adler

Alfred Adler, pionero de la psicología individual, introdujo el concepto de sentimiento de inferioridad como componente fundamental de la personalidad humana. Según Adler, sentirse inferior no es necesariamente un trastorno, ya que ha sido un motor del progreso humano a lo largo de la historia.

Por el contrario, el complejo de inferioridad es el resultado de una acentuación del sentimiento de inferioridad que conduce a una percepción distorsionada de uno mismo en relación con los demás, que puede tener su origen en experiencias infantiles.

Adler creía que el complejo de inferioridad podía dar lugar a una serie de conductas compensatorias, como la hipercompetitividad y la agresividad, como mecanismo de defensa para intentar superar o enmascarar el sentimiento de inseguridad.

Complejo de inferioridad y superioridad

En el tejido social, el complejo de inferioridad puede generar inseguridad y miedo a ser juzgado, especialmente en personas que se sienten marginadas o que no se sienten a la altura respecto a los demás. Por el contrario, el complejo de superioridad se alimenta de una excesiva confianza en uno mismo, empujando a veces a las personas a comportarse con arrogancia o desprecio hacia quienes perciben como inferiores. Ambos complejos pueden ser la raíz de conflictos internos y externos e influir en la dinámica relacional y el bienestar personal.

Comparación del complejo de inferioridad y superioridad
Foto de Lewis Burrows (Pexels)

Complejo de inferioridad y sociedad

En una sociedad frenética, orientada a la consecución de objetivos que se evalúan "obsesivamente" en todos los contextos (escolar, laboral, relacional), parece que poco a poco hemos ido perdiendo interés en la subjetividad, en el tiempo y en las inclinaciones personales.

La especificidad de cada individuo ha sido sustituida por la construcción de un ideal comunitario al que todos debemos aspirar para sentirnos "en sintonía" con los tiempos y con los demás. Basta pensar en las historias de muchos expertos en psicología adolescente que relatan diferentes emociones que los jóvenes comparten con ellos, como por ejemplo:

  • la sensación de incomodidad al no poder comprar un objeto o accesorio específico "de moda" por razones económicas;
  • la frustración que se siente debido a la incapacidad de alcanzar los objetivos profesionales establecidos;
  • la vergüenza por ser más introvertido, característica que se asocia a menudo con un signo de debilidad.

¿Entonces? ¿Qué está pasando? Parece que avanza un lento proceso de normalización en detrimento de las idiosincrasias y especificidades de cada uno.

Casi parece que un "ideal del Yo" construido socialmente haya sido, como diría Freud, proyectado hacia afuera asumiendo la función de un tótem (según Freud, el tótem es un objeto simbólico que representa la unidad y la cohesión del grupo).

Esta situación nos obliga a admitir que, aun hoy, la diversidad puede asociarse a una "carencia". ¿Cómo se sale de este estancamiento?

Complejo de inferioridad e historia personal

El complejo de inferioridad se estructura en el vínculo con las figuras de atención primaria. En particular, podemos identificar dos modos de estar en relación que, aunque se sitúan en extremos opuestos en la estructuración del Yo, conducen a la misma consecuencia: una imagen muy empobrecida de la propia identidad:

  • la falta de validación materna,
  • la no separación de la madre.

Cuando utilizamos el término "maternal" en psicoanálisis, no nos referimos necesariamente a la figura de la madre, sino a lo que se llama "función materna". En definitiva, cualquier cuidador que acompañe al niño, ofreciéndole cuidados físicos y emocionales y proporcionándole un entorno seguro y de apoyo, desempeña una función materna.

Relación del complejo de inferioridad con la historia personal y la infancia
Foto de James Wheeler (Unsplash)

Falta de reflejo materno

Winnicott, psicoanalista y pediatra, hacía referencia a una fase inicial de la relación madre-hijo, definida como preocupación materna primaria. En esta fase, en la que el niño depende totalmente de los adultos, es necesaria una "sintonía" entre las necesidades del niño y las de quienes lo cuidan, ya sea a nivel más fisiológico o a nivel más emocional.

Esta "sintonización", cuando es suficientemente buena, fortalece el sentido del Yo del niño, lo cual le permitirá construir una autoimagen sólida y fuerte. Si los cuidadores fallan en esta función, especialmente durante el período de la primera infancia, los cimientos de esta identidad naciente podrían verse debilitados.

Fracaso de la separación materna

Sin embargo, la fase de preocupación materna primaria descrita por Winnicott tiene una fecha límite. El niño necesita vivir tanto momentos de sintonía con el adulto como momentos de frustración, en relación con los cuidadores que no siempre son puntuales en la satisfacción de sus necesidades. De esta manera, no solo aprende a diferenciar entre él mismo y el Otro, sino también a vivir de una manera real, compuesta de expectativas, esfuerzo y "compromiso".

A veces, sin embargo, sucede que el niño se convierte en una extensión de quienes lo cuidan. En estos casos puede ocurrir que el adulto proyecte todas sus aspiraciones y deseos en el niño, sin tomar conciencia de sus diferencias y, por tanto, de que son dos únicas identidades. Los llamados padres helicóptero, figuras extremadamente protectoras que prolongan ese estado de preocupación materna primaria descrito anteriormente, recuerdan al niño su impotencia, su fragilidad.

Es como si el niño creciera con la idea de que solo dentro del vínculo simbiótico se puede experimentar seguridad y contención. De modo que el mundo, el exterior, se vuelve "peligroso" y, como resultado, se activan un conjunto de ansiedades persecutorias que contribuyen a la estructuración del complejo de inferioridad.

De hecho, el discurso interno de quienes sufren tales experiencias de insuficiencia parece ser más o menos el siguiente:

"¿Cómo puedo afrontar la vida, esforzarme en una relación, en mi futuro profesional, si me siento tan frágil y el mundo exterior me parece tan peligroso?”

De ahí que el hogar, como representante simbólica del vínculo fusional, se convierta en un refugio en el que descansar en un presente eterno pero ilusorio.

¿Podemos hablar de “síntomas del complejo de inferioridad”?

El complejo de inferioridad puede manifestarse de diferentes formas, influyendo tanto en la percepción que una persona tiene de sí misma como en su manera de interactuar con el entorno. Uno de los signos más evidentes es el sentimiento constante de insuficiencia, de no ser suficiente (atelofobia), o de ser inferior a los demás, incluso cuando no existen razones objetivas para tal percepción.

El complejo de inferioridad también puede identificarse por la presencia de una baja autoestima y una falta de confianza en las propias capacidades, que limitan las oportunidades de crecimiento personal y profesional. Si te preguntas si puedes estar experimentando esto, un test de autoestima puede ayudarte a evaluar tu autopercepción y detectar posibles áreas de mejora.

El complejo de inferioridad y la agresividad también se pueden manifestar juntos. De hecho, la agresividad es un mecanismo de defensa detrás del cual el ego herido puede ocultar sus inseguridades. Además, es posible que cuando se sufren complejos de inferioridad se tienda a ser hipersensible a las críticas y opiniones de los demás, ya que cada situación se interpreta como una confirmación de la propia falta de valor.

Signos del complejo de inferioridad

El complejo de inferioridad puede manifestarse a través de diversos pensamientos, comportamientos y emociones, como:

  • Autocrítica constante: la persona suele juzgarse con mucha severidad, restando valor a sus logros y prestando más atención a sus errores. Esto puede generar una sensación persistente de no sentirse “suficiente” en diferentes áreas de la vida.
  • Dificultad para aceptar cumplidos: las personas que experimentan un complejo de inferioridad a menudo tienden a rechazar o minimizar los elogios, atribuyendo sus logros a la suerte o a factores externos en lugar de reconocer sus propias capacidades.
  • Comparación negativa con los demás: es habitual que la persona se compare de forma desfavorable con quienes la rodean, llegando a sentirse menos capaz, menos atractiva o menos valiosa, incluso cuando no existen motivos objetivos para ello.
  • Evitar desafíos o nuevas experiencias: el temor al fracaso o a la crítica puede llevar a evitar situaciones que impliquen salir de la zona de confort, lo que puede limitar el desarrollo personal y profesional.
  • Sensibilidad extrema a la opinión ajena: una crítica, incluso si es constructiva, puede percibirse como una confirmación de la propia insuficiencia y generar un malestar emocional intenso.
  • Tendencia al aislamiento social: el miedo a ser juzgado o rechazado puede hacer que la persona limite sus interacciones sociales, reforzando así el sentimiento de inferioridad.

Estos síntomas pueden variar en intensidad y frecuencia según la historia personal y el contexto de cada persona. Reconocerlas resulta fundamental para poder abordarlas de manera adecuada y buscar apoyo profesional si se considera necesario.

Complejo de inferioridad y narcisismo

Uno de los posibles resultados de esta representación empobrecida del Yo es el narcisismo patológico. El psicoanalista Rosenfeld identifica dos tipos de narcisismo en sus estudios:

  • El narcisista abierto, que se caracteriza por la presencia de pensamientos de superioridad e independencia de los demás.
  • El narcisista encubierto, que se caracteriza por el clásico "complejo de inferioridad".

En ambos casos, una herida narcisista, un daño emocional profundo que afecta la autoestima, puede estar en el origen de estos comportamientos disfuncionales.

La relación entre los diferentes tipos de autoestima y el narcisismo también es relevante en el contexto del complejo de inferioridad. Una autoestima baja puede generar un narcisismo encubierto, donde la persona esconde inseguridades detrás de una aparente modestia. Contrariamente, una autoestima inflada puede derivar en un narcisismo abierto y visible.

Complejo de inferioridad y depresión

Los sentimientos de insuficiencia e inutilidad personal que caracterizan al complejo de inferioridad pueden ser síntomas típicos de la depresión, un trastorno del estado de ánimo caracterizado por un profundo sentimiento de tristeza, desinterés por las actividades diarias, cansancio, cambios en el apetito o el sueño, y sentimientos de vacío o desesperanza.

El complejo de inferioridad puede ser un factor que contribuya a la depresión, ya que la comparación negativa constante con los demás, la inseguridad y la autocrítica constante pueden socavar el bienestar emocional de una persona.

Asimismo, algunas investigaciones han demostrado que el complejo de inferioridad se asocia con una probabilidad significativamente mayor de ideación suicida en jóvenes, incluso después de ajustar por factores sociodemográficos y trastornos mentales comórbidos (Goodwin & Marusic, 2003).

El complejo de inferioridad en la pareja

En las relaciones de pareja, el complejo de inferioridad puede ser una presencia sutil pero poderosa que influye en las interacciones diarias con una sensación de insuficiencia o celos. Una pareja que siente un complejo de inferioridad hacia el otro podría desarrollar conductas posesivas o de autosabotaje, lo cual mina la confianza mutua y crea tensión en la relación.

Además, cuando ambos miembros de la pareja experimentan un complejo de inferioridad, la pareja corre el riesgo de estancarse en un ciclo de autodevaluación mutua.

El complejo de inferioridad en la pareja puede socavar la confianza y crear tensión
Foto de Cottonbro studio (Pexels)

Causas del complejo de inferioridad

Como hemos visto, las causas del complejo de inferioridad pueden ser múltiples y complejas. A menudo pueden tener su origen en experiencias de la infancia, como críticas excesivas, abuso físico o emocional, o un entorno familiar que no brinda el apoyo emocional adecuado.

Las comparaciones constantes con otros, especialmente en contextos sociales o laborales, también pueden alimentar sentimientos de inferioridad. Además, la exclusión social influye en el sentimiento de inferioridad de los jóvenes principalmente a través de la rumiación (Shen et al., 2022). Así como el fracaso repetido o la incapacidad de alcanzar los estándares impuestos por uno mismo o por los demás puede contribuir a la formación de un complejo de inferioridad.

Algunas personas también pueden desarrollar este complejo debido a traumas o acontecimientos estresantes en la vida adulta, como una ruptura sentimental, una enfermedad física, problemas en el trabajo o la pérdida del mismo, que incluso pueden llevar a experimentar lo que se conoce como el síndrome del impostor.

Asimismo, los mensajes sociales y culturales que promueven ideales poco realistas de belleza, éxito y prestigio pueden agravar aún más el complejo de inferioridad hacia una persona o grupo social entre los individuos más vulnerables.

Cómo superar el complejo de inferioridad

Afortunadamente, muchas personas que sufren tales sentimientos de insuficiencia, en cierto momento, advierten un conflicto entre su vida psíquica y el mundo exterior que les impulsa a alcanzar metas evolutivas. Este es el momento en el que muchas personas recurren a un psicólogo.

Durante el transcurso de la terapia, la persona podrá aprender a conocer su potencial. Entrará en contacto con un Otro (el terapeuta) que, a través del reflejo, reconocerá y potenciará su diferencia, su potencial y, sobre este último, aprovechará para acompañarla al mundo exterior, confiando en sus capacidades y potencial.

Estrategias prácticas para afrontar el complejo de inferioridad

Superar el complejo de inferioridad puede ser un proceso que requiere autoconocimiento, paciencia y, en muchos casos, el acompañamiento de una persona profesional en salud mental. Sin embargo, existen estrategias prácticas que pueden ayudar a gestionar estos sentimientos y a fortalecer la autoestima.

  • Fomentar el autoconocimiento: dedicar tiempo a reflexionar sobre las propias fortalezas y logros, incluso aquellos que parecen pequeños, puede ayudar a construir una imagen más realista y positiva de uno mismo. Llevar un diario de logros puede ser útil para visualizar el progreso.
  • Cuestionar los pensamientos autocríticos: identificar y poner en duda las creencias negativas sobre uno mismo resulta fundamental. Preguntarse si esas ideas tienen una base real o si provienen de experiencias pasadas puede ayudar a reducir su impacto.
  • Establecer metas realistas y alcanzables: fijar objetivos pequeños y celebrar cada avance puede contribuir a aumentar la confianza y reducir la sensación de insuficiencia.
  • Practicar la autocompasión: tratarse con amabilidad en momentos de dificultad, en lugar de recurrir a la autocrítica, favorece una relación más saludable con uno mismo.
  • Buscar apoyo social: compartir los propios sentimientos con personas de confianza puede aliviar la carga emocional y ofrecer nuevas perspectivas. El apoyo de amistades, familiares o grupos de ayuda puede ser un recurso valioso.
  • Considerar la ayuda profesional: un psicólogo puede acompañar en el proceso de identificar el origen del complejo de inferioridad y ayudar a desarrollar herramientas personalizadas para afrontarlo.

Implementar estas estrategias de manera constante puede marcar una diferencia significativa en la percepción que se tiene de uno mismo y en la calidad de vida. Además, se ha demostrado que el deporte también es un medio eficaz para disminuir el complejo de inferioridad en estudiantes universitarios (Liu, 2022).

Si sientes que el complejo de inferioridad está afectando tu bienestar y deseas iniciar un proceso de cambio, en Unobravo puedes encontrar el apoyo de un psicólogo online que te acompañe en el proceso. Recuerda que cambiar es posible y que cada paso puede ser esencial para avanzar hacia una mayor seguridad y bienestar emocional.

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Valentina Scognamiglio
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