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Ataque epiléptico por estrés: síntomas, causas y estrategias para gestionarlo

Ataque epiléptico por estrés: síntomas, causas y estrategias para gestionarlo
Ilaria Tonelli
Ilaria Tonelli
Psicóloga con orientación Psicodinámica
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
27.3.2026
Ataque epiléptico por estrés: síntomas, causas y estrategias para gestionarlo
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Los ataques epilépticos pueden tener diversos factores desencadenantes y uno de ellos es el estrés. La interacción entre el sistema nervioso y el estrés crónico puede aumentar la probabilidad de sufrir crisis epilépticas en personas con predisposición a las mismas.

Entender la relación entre epilepsia y estrés es fundamental para reconocer las señales de un posible ataque y adoptar estrategias preventivas adecuadas. Contar con información correcta puede ayudar a gestionar eficazmente las crisis epilépticas, no solo a quienes sufren de epilepsia, sino también a sus familiares y cuidadores, lo cual mejora la calidad de vida del paciente.

En este artículo responderemos a diferentes preguntas, por ejemplo, si existe realmente la epilepsia provocada por estrés emocional y cuál es la diferencia entre las convulsiones y las crisis epilépticas.

¿Qué es un ataque epiléptico?

La epilepsia es un trastorno neurológico crónico que se caracteriza por ataques epilépticos recurrentes, que se deben a una actividad eléctrica anómala y repentina en el cerebro. Esto significa que una única crisis convulsiva no se puede considerar como epilepsia.

Los ataques epilépticos se pueden manifestar de diferentes maneras, en función de las zonas cerebrales que se vean afectadas, y pueden variar de breves momentos de ausencia a convulsiones generalizadas con pérdida de conciencia y movimientos involuntarios.

Tipos de crisis epilépticas

Existen dos tipos de crisis epilépticas principales: las crisis focales y las crisis generalizadas.

  • Crisis focales o parciales: se originan en una zona específica del cerebro y pueden ser simples (sin pérdida de conciencia) o complejas (con alteraciones del estado de conciencia). Los síntomas pueden incluir movimientos involuntarios, alteraciones sensoriales o trastornos del lenguaje.
  • Crisis generalizadas: afectan a ambos hemisferios cerebrales desde el principio y provocan una pérdida de conciencia. Pueden manifestarse con convulsiones (crisis tónico-clónicas), ausencias o movimientos anómalos.
qué es un ataque epiléptico
Foto de Andrea Piacquadio (Pexels)

Ataque epiléptico: síntomas

Existen diferentes síntomas de ataques epilépticos en función de la persona y el tipo de crisis. Algunas de las señales más habituales que se producen antes del inicio de una crisis son:

  • el aumento de la ansiedad y la tensión,
  • la confusión mental y la alteración de las percepciones,
  • la dificultad para concentrarse,
  • la pérdida de conciencia.

En cambio, la crisis convulsiva se puede manifestar con:

  • espasmos motores y musculares descontrolados, como temblores y sacudidas,
  • desmayo y rigidez corporal,
  • estados de ausencia y disociación,
  • sensación de déjà vu o alucinaciones sensoriales.

Cuando se termina la fase aguda del ataque epiléptico, por lo general aparecen síntomas como dolor de cabeza, cansancio repentino, confusión y pérdida de memoria.

Ataque epiléptico: causas psicológicas y físicas

¿El estrés puede causar epilepsia? ¿por qué se dan ataques epilépticos por estrés y ansiedad? Existen varios mecanismos subyacentes, como las alteraciones neuroquímicas, los cambios hormonales, los trastornos del sueño y la sobrecarga emocional y física. Además, se ha demostrado que el estrés psicológico o el trauma pueden no solo desencadenar crisis epilépticas, sino también contribuir activamente al desarrollo de epilepsia, un fenómeno conocido como 'psicoepileptogénesis' (Bartolomei et al., 2026).

El estrés prolongado y crónico influye en los niveles de los neurotransmisores al regular la excitabilidad neuronal. El cortisol y otras hormonas del estrés pueden aumentar la actividad cerebral y hacer que el encéfalo sea más vulnerable a las crisis. Asimismo, el estrés crónico a menudo se asocia al insomnio o al sueño de poca calidad, factores que pueden favorecer las crisis epilépticas. Los largos períodos de estrés intenso pueden sobrecargar el sistema nervioso, lo que contribuye a la predisposición a episodios epilépticos.

Algunas personas presentan una predisposición genética a la epilepsia, que puede derivar de mutaciones específicas en los genes que regulan la actividad neuronal. Además, ciertas condiciones neurológicas como las malformaciones cerebrales, las lesiones craneales, las infecciones del sistema nervioso central o las enfermedades degenerativas pueden aumentar el riesgo de desarrollar epilepsia.

Sumado a los factores de predisposición, existen diversos elementos externos que pueden facilitar la aparición de crisis epilépticas como la privación del sueño, el consumo de alcohol y las luces intermitentes.

síntomas y causas de un ataque epiléptico
Foto de Moritz Böing (Pexels)

Gestionar las causas de los ataques epilépticos por estrés

La gestión del estrés puede ayudar a optimizar el control y la prevención de las crisis epilépticas, así como las comorbilidades psiquiátricas asociadas a la epilepsia.

Las consecuencias de los trastornos psiquiátricos y de la epilepsia constituyen estresores crónicos que pueden erosionar la resiliencia personal (Rutter, 1985; Tedrus et al., 2020), lo que hace que las personas afectadas se vuelvan vulnerables a nuevas respuestas desreguladas al estrés provocado por el cortisol.

Existen terapias como, por ejemplo, la estimulación del nervio vago, que se utilizan para tratar tanto la epilepsia como la depresión grave y resistente a tratamiento, que provoca una reducción de la actividad en reposo en el hipocampo, la amígdala y otras regiones que participan en la regulación del eje hipotálamo-hipofisario (Kraus et al., 2007), lo que sugiere un  posible mecanismo de modulación de la respuesta al estrés.

Las opciones actuales del tratamiento farmacológico para la epilepsia y las comorbilidades psiquiátricas son limitadas y suponen un reto, ya que los fármacos anticrisis pueden agravar los trastornos del estado de ánimo (Shneker et al., 2009), mientras que los antidepresivos pueden disminuir el umbral de las convulsiones.

Se han investigado varios métodos, como los enfoques conductuales, cognitivos y emocionales, para ayudar a los pacientes a desarrollar estrategias eficaces para gestionar el estrés y las crisis epilépticas (Kotwas et al., 2017).

Entre estos enfoques se encuentran la terapia cognitivo-conductual (TCC) y técnicas para la mente y el cuerpo como el mindfulness, la meditación, la relajación y el yoga. Mediante la reducción del estrés se puede limitar la aparición de los ataques epilépticos, su frecuencia y su gravedad, o controlarlos mediante el biofeedback de la actividad electrodérmica (Micoulaud-Franchi et al., 2014).

Asimismo, algunos estudios han demostrado que la práctica del mindfulness puede reducir la ansiedad (Tang et al., 2015) y los síntomas depresivos, y mejorar la calidad de vida y la autoestima de los pacientes con epilepsia. La práctica del yoga también ha mostrado efectos positivos en la calidad de vida del individuo y en la frecuencia de las crisis epilépticas.

Consejos prácticos para gestionar el estrés en personas con epilepsia

Una gestión adecuada del estrés puede ayudar a disminuir la frecuencia y la intensidad de las crisis epilépticas en personas susceptibles. A continuación, compartimos algunas recomendaciones prácticas, respaldadas por especialistas en neurología y psicología clínica:

  • identificar los desencadenantes personales: registrar las crisis en un diario puede facilitar la detección de patrones y situaciones estresantes que suelen preceder a los episodios epilépticos,
  • establecer rutinas regulares: mantener horarios estables para dormir, comer y realizar actividades diarias puede favorecer una menor vulnerabilidad ante el estrés,
  • practicar técnicas de relajación: ejercicios de respiración, meditación guiada y mindfulness han mostrado eficacia para reducir la ansiedad y favorecer el control emocional (Tang et al., 2015),
  • buscar apoyo social: compartir vivencias con familiares, amistades o grupos de apoyo puede aliviar la carga emocional y disminuir la sensación de aislamiento,
  • consultar con profesionales de la salud mental: la intervención psicológica, como la terapia cognitivo-conductual, puede ser de utilidad para aprender a gestionar el estrés y desarrollar estrategias de afrontamiento saludables.

Poner en práctica estas recomendaciones de manera constante puede favorecer una mejor calidad de vida en personas que experimentan epilepsia relacionada con el estrés, ayudando a prevenir crisis y a fortalecer la resiliencia personal.

Un enfoque multidisciplinar para la gestión de la epilepsia

El estrés es un importante desencadenante de crisis epilépticas, pero mediante una correcta información y la adopción de estrategias adecuadas es posible reducir el riesgo y mejorar la calidad de vida de las personas con epilepsia. Un enfoque multidisciplinar que combine la medicina, el apoyo psicológico y estilos de vida adecuados puede marcar la diferencia a la hora de gestionar la patología.

Epilepsia por estrés: datos epidemiológicos y contexto actual

La epilepsia por estrés se presenta cuando el estrés actúa como principal desencadenante de las crisis epilépticas en personas que tienen una predisposición. Aunque la epilepsia puede afectar a cerca de 50 millones de personas en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2023), se calcula que hasta un 20% de las personas con epilepsia mencionan el estrés como uno de los factores más habituales que pueden precipitar sus crisis (Spector et al., 2000).

Reconocer cómo el estrés influye en la aparición de crisis epilépticas ha motivado a la comunidad científica a buscar estrategias de prevención y manejo específicas para este grupo de personas. Comprender la frecuencia y el impacto del estrés en la epilepsia ayuda a crear intervenciones más personalizadas y eficaces, y así contribuye a mejorar la calidad de vida de quienes conviven con esta condición.

La relación bidireccional entre epilepsia y estrés

La relación entre epilepsia y estrés puede ser compleja y bidireccional. Por un lado, el estrés puede favorecer la aparición de crisis epilépticas, especialmente en personas con una predisposición neurológica. Por otro lado, convivir con epilepsia puede generar niveles elevados de estrés, ya que la incertidumbre, el estigma social y ciertos límites en la vida cotidiana pueden influir en el bienestar emocional.

Por ejemplo:

  • el estrés como desencadenante: situaciones de presión emocional, cambios importantes en la vida o conflictos interpersonales pueden aumentar la frecuencia de las crisis en personas que viven con epilepsia,
  • la epilepsia como fuente de estrés: el temor a experimentar una crisis en público, la preocupación por la seguridad personal y las restricciones en el ámbito laboral o social pueden contribuir a la aparición de ansiedad y estrés persistente.

Diversos autores han subrayado que, en muchas personas con epilepsia, la gestión del estrés resulta tan relevante como el tratamiento farmacológico, ya que ambos aspectos se influyen mutuamente y pueden modificar la evolución clínica y la calidad de vida.

Reconocer esta relación bidireccional resulta esencial para abordar la epilepsia de forma integral, teniendo en cuenta tanto los aspectos médicos como los emocionales y sociales.

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Si convives con la epilepsia y el estrés es parte de tu día a día, recuerda que no tienes que afrontarlo en soledad. En Unobravo, contamos con profesionales especializados en acompañamiento psicológico, listos para ayudarte a gestionar el estrés, lo que favorecerá la disminución de la frecuencia de las crisis y mejorará tu bienestar emocional. Iniciar un proceso terapéutico puede aportar beneficios a tu calidad de vida y a la de tus seres queridos. Te invitamos a dar el primer paso hacia una mayor tranquilidad: inicia el cuestionario para encontrar tu psicólogo online y descubre cómo podemos acompañarte.


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