¿Alguna vez has empezado una relación en la que, desde el principio o poco después, te has descubierto mirando el móvil de forma obsesiva y siguiendo cada movimiento de tu pareja? Y si no te ha pasado a ti, es probable que le haya ocurrido a alguien cercano.
¿Hasta qué punto influyen las redes sociales en las dinámicas disfuncionales de una relación, tanto que en algunos casos llegan a provocar una crisis de pareja? Hay quien considera las redes una de las principales causas de los problemas relacionales en la sociedad actual, mientras que otras personas atribuyen estos comportamientos sobre todo a la gente más joven.
En realidad, estos comportamientos pueden afectar tanto a adolescentes como a personas adultas, sin distinción de sexo, identidad u orientación sexual. Aun así, conviene subrayar que la experiencia y las consecuencias del control digital a través de las redes pueden ser especialmente dañinas para las chicas (Reed et al., 2017).
¿Por qué las redes sociales se convierten en herramientas de control?
A través de plataformas como Facebook, Instagram y otras redes, podemos tener una ventana siempre abierta a lo que hace la otra persona, tanto en internet como en su vida privada. Muchas veces las actividades del día a día se comparten mediante “stories”, que hoy sustituyen al antiguo diario y se convierten en un escaparate en tiempo real, visible durante 24 horas.
El uso de las redes como forma de control puede verse favorecido por la inseguridad, los celos o una necesidad intensa de confirmación dentro de la relación. En estos casos, las redes pueden convertirse en herramientas que alimentan una dinámica disfuncional de vigilancia y control.
Cómo usamos el móvil para controlar a la pareja
Los celos en la relación pueden llevar a temer señales de “desamor” por parte de la pareja, y se traducen en comportamientos de control que abarcan distintas actividades online: no solo la supervisión de publicaciones y stories, sino también la atención a las visualizaciones, los “me gusta” y los comentarios. En este contexto, un estudio sobre violencia de pareja facilitada por la tecnología identificó las redes sociales y la grabación de videollamadas entre los métodos utilizados con mayor frecuencia para ejercer este tipo de violencia (Storey & Pina, 2025).
Las visualizaciones de las stories
Cuando nos interesa alguien en las redes, muchas veces comprobamos si esa persona “ve” nuestras stories. Nos fijamos, por ejemplo, en si durante un tiempo deja de verlas. La visualización se interpreta entonces como un mensaje o una muestra de interés. Incluso el hecho de ver o no las stories de la pareja puede regularse según el mensaje que queremos transmitir. No todo el mundo comparte esta clave de lectura, muy extendida pero a menudo implícita; otras personas, ajenas o indiferentes, actúan sin pensar en estas interpretaciones, con el riesgo de crear malentendidos.
El uso de los “me gusta”
Prestamos atención no solo a los “me gusta” mutuos, sino también a los que la pareja da a otras personas, imaginando muchas veces escenarios catastróficos en los que se convierten en señales de infidelidad. El círculo vicioso aparece cuando atribuimos a un comportamiento —que puede tener muchas motivaciones, incluso triviales— un único significado basado en nuestras preocupaciones.
Los comentarios
Frente a los “me gusta” y las visualizaciones, leer los comentarios podría parecer menos ambiguo, porque se trata de textos con un contenido explícito. Sin embargo, también en las redes faltan elementos para deducir el significado real del texto, el estado de ánimo o las intenciones de la persona, que pueden ser distintos de lo que escribe. Incluso cuando creemos entender con exactitud la idea de la otra persona, será siempre una visión filtrada por nuestros ojos. Para comprender de verdad a alguien, la mejor vía es comunicarnos de forma abierta, partiendo de lo que sentimos y de lo que nos preocupa.

¿Cuándo el uso de las redes se convierte en un problema para la pareja?
Como con cualquier comportamiento, el papel de un psicólogo no es emitir juicios morales ni decidir qué está bien o qué está mal. Un comportamiento puede convertirse en problemático cuando genera sufrimiento, limita la autonomía o deteriora el bienestar de una de las personas implicadas.
Estas son algunas señales que nos indican que hemos entrado en un círculo vicioso y que suelen aparecer juntas:
- Necesidad de control: revisar el móvil de forma compulsiva y vigilar cada movimiento y cada conexión.
- Pérdida de interés por las actividades cotidianas: las actividades habituales pierden valor y todo gira en torno a esta preocupación.
- Ansiedad persistente: las sensaciones de ansiedad se vuelven cada vez más presentes, y cada “me gusta” de la pareja acelera los latidos del corazón.
- Rumiación: la persona y su actividad online se convierten en un pensamiento fijo, junto con el miedo a una posible infidelidad. Estos pensamientos pueden volverse cada vez más intrusivos y difíciles de apartar.
Las causas psicológicas del control digital sobre la pareja
La necesidad de controlar a la pareja a través de las redes puede estar relacionada con distintas dinámicas psicológicas. La necesidad de controlar a la pareja a través de las redes puede estar relacionada con factores como la inseguridad personal, el miedo al abandono y una baja autoestima. Estos factores pueden favorecer una búsqueda constante de tranquilidad a través de la vigilancia digital.
- Inseguridad personal: quien teme no ser suficiente para su pareja puede sentir la necesidad de vigilar cada una de sus interacciones online, para intentar prevenir un posible distanciamiento.
- Ansiedad por abandono: este miedo, muchas veces arraigado en experiencias pasadas, empuja a revisar las redes para anticipar señales de desinterés o infidelidad.
- Baja autoestima: tener una imagen negativa de nosotros mismos puede llevar a interpretar cada “me gusta” o comentario de la pareja como una amenaza, y alimentar los celos y la necesidad de control.
Si no se reconocen, estas dinámicas pueden transformar las redes en herramientas que amplifican los miedos y las dudas, y dificultan vivir la relación con calma.
Consecuencias psicológicas del control a través de las redes
Controlar a la pareja a través de las redes puede tener un impacto importante en la salud mental de ambos miembros de la pareja. Además de los efectos psicológicos, la literatura clínica señala que estas dinámicas pueden conllevar consecuencias sociales, económicas, sobre la salud mental y la sensación de omnipresencia de quien ejerce el abuso (Rogers et al., 2023). En concreto, estas dinámicas pueden afectar al bienestar psicológico y asociarse a ansiedad, estrés y sensación de vigilancia constante.
La preocupación por lo que ocurre en las redes puede llevar, además, a descuidar las relaciones con amistades y familiares, lo que reduce el apoyo social y favorece el aislamiento. La tensión que provoca el control y el miedo a ser descubierto o engañado puede desembocar en estrés crónico, con repercusiones en el bienestar general. En algunos casos, el control puede adoptar formas de violencia psicológica digital, como pedir acceso a las contraseñas o limitar la libertad online de la pareja. La literatura clínica subraya que estos comportamientos pueden asociarse a relaciones disfuncionales y potencialmente dañinas.
Estas dinámicas pueden deteriorar la confianza mutua y afectar al bienestar emocional y a la calidad de vida cotidiana.
Ejemplos clínicos: el control digital en la vida real
Para entender mejor el alcance del fenómeno, puede ser útil reflexionar sobre algunos ejemplos de la práctica clínica (los detalles se han modificado para proteger la privacidad):
- Marta, 28 años: después de descubrir que su pareja había dado “me gusta” a la foto de una compañera, empezó a revisar cada una de sus interacciones online y llegó a pedirle que compartiera las contraseñas de las redes. Este comportamiento generó tensión y discusiones diarias, hasta que la pareja decidió acudir a un profesional.
- Luca, 35 años: por miedo a ser engañado, instaló una app para vigilar las conexiones de su pareja en WhatsApp. Con el paso del tiempo, esta costumbre alimentó su ansiedad y minó la confianza en la relación, y llevó a ambos a sentirse cada vez más aislados.
Estos casos muestran cómo el control digital, si no se aborda, puede convertirse enseguida en una fuente de sufrimiento y, en algunos casos, afectar a la estabilidad de la pareja.
Cuánto se extiende el fenómeno: datos recientes
El control de la pareja a través de las redes es un fenómeno en aumento, sobre todo entre la gente joven. Según una investigación de Save the Children España, el 48,6 % de los adolescentes encuestados ha presenciado en su entorno a parejas de adolescentes que intentan controlarse utilizando internet (Save the Children España, 2024).
Además, una encuesta del Pew Research Center (2020) mostró que el 42 % de las personas adultas con pareja había compartido con ella las credenciales de al menos una cuenta social, mientras que estudios más recientes señalan que compartir las contraseñas y controlar las cuentas de la pareja son prácticas extendidas sobre todo entre los adultos jóvenes (Vendemia y Bevan, 2024). En el estudio de Storey y Pina (2025), los casos de violencia de pareja facilitada por la tecnología (TFIPV) identificados entre los casos de daño online analizados aumentaron un 427,3 % durante las restricciones de la pandemia de COVID-19.
Estos datos muestran que el control y otras formas de violencia facilitada por la tecnología pueden estar presentes en las relaciones y ponen de relieve la importancia de reconocer estas dinámicas para prevenir consecuencias negativas.
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Cómo romper el círculo vicioso
- Usar la conciencia como una vacuna: entender a tiempo qué está pasando permite encontrar nuevas formas de cubrir la necesidad de confirmación por parte de la pareja.
- “Desintoxicarse” de las redes: Reducir temporalmente la exposición a las redes: tomar distancia de las redes durante un tiempo puede ayudar a interrumpir los hábitos de vigilancia y a recuperar espacio para otras actividades.
- Empezar un proceso terapéutico individual o de terapia de pareja. Aunque las redes puedan contribuir a alimentar el círculo vicioso, no son el verdadero enemigo. Aunque las redes pueden alimentar el círculo vicioso, es importante explorar también las emociones, inseguridades y experiencias que pueden estar detrás de la necesidad de controlar.
Estrategias prácticas para reconocer y frenar el control digital
Reconocer que formamos parte de dinámicas de control digital es el primer paso para salir de ellas. Estas son algunas estrategias prácticas que pueden ayudar:
- Observar nuestros comportamientos: anotar cuántas veces revisamos los perfiles de la pareja en las redes ayuda a tomar conciencia de la frecuencia y la intensidad de estos gestos.
- Establecer límites compartidos: hablar de forma abierta con la pareja y acordar juntos qué comportamientos online son aceptables y cuáles no puede prevenir malentendidos y reducir la ansiedad.
- Sustituir el control por la comunicación: cuando surja el deseo de controlar, probar a expresar nuestros miedos e inseguridades directamente a la pareja, para favorecer un diálogo auténtico.
- Dedicar tiempo a actividades offline: implicarnos en aficiones, deporte o momentos de vida social real ayuda a reducir la dependencia de la vigilancia digital y a reforzar la autoestima.
Estos pasos, si se ponen en práctica con constancia, pueden contribuir a romper el círculo vicioso del control y favorecer una relación más sana y basada en la confianza mutua.
Recuperar una relación basada en la confianza es posible
Si sientes que el control digital afecta de forma negativa a tu relación o a tu bienestar, recuerda que no tienes por qué afrontarlo en soledad. Un proceso terapéutico puede ayudarte a comprender mejor tus emociones y a encontrar formas más sanas de vivir la relación. En Unobravo puedes encontrar un profesional que se adapte a tus necesidades y empezar un acompañamiento personalizado.
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