Ah, por fin llegan las vacaciones, ese momento que todos esperábamos para relajarnos un poco, desconectar de la rutina y recuperar el buen humor… ¿o no?
En esta época del año no vemos la hora de librarnos del estrés laboral, ponernos ropa fresca y disfrutar de unos días en la playa, en la montaña o en una ciudad con encanto. En algunos casos, sin embargo, ese estrés que queríamos dejar fuera de nuestras vacaciones puede quedarse ahí, a la vuelta de la esquina y, a veces, puede acabar por arruinar las vacaciones. Pero, ¿qué es el estrés vacacional? Y, ¿cómo podemos vivir unas vacaciones sin estrés?
Estrés en vacaciones: ¿pero no se suponía que era una experiencia relajante?
Para muchas personas, las vacaciones pueden ser fuente de estrés incluso antes de empezar: parece paradójico, pero el estrés vacacional afecta a muchas personas. De hecho, solo con planificar unas vacaciones pueden aparecer algunas dificultades relacionadas con:
- el tipo de vacaciones,
- la compañía,
- el presupuesto disponible.
Asimismo, las vacaciones pueden agrandar nuestras expectativas. Sí, porque cuando pensamos en unas vacaciones, es habitual tener la idea de que debemos divertirnos a toda costa, de que viviremos experiencias que no podemos hacer durante el resto del año y de que volveremos renovados, bronceados y en plena forma. Pero, ¿realmente es así? Analicemos mejor algunos aspectos del estrés vacacional.
Estrés vacacional: síntomas físicos y psicológicos
El estrés vacacional puede manifestarse a través de una gran variedad de síntomas, que pueden cambiar según el momento en que aparecen: antes de la salida, durante el viaje o a la vuelta. Reconocer estas señales es el primer paso para cuidarnos e intervenir de forma eficaz.
Antes de las vacaciones, el estrés puede presentarse con:
- Insomnio o dificultad para conciliar el sueño: la mente está ocupada por pensamientos organizativos o preocupaciones sobre lo que podría salir mal.
- Irritabilidad y nerviosismo: la presión de tener que “hacerlo todo” antes de salir puede hacer que seamos más propensos a los cambios de humor.
- Tensión muscular y dolor de cabeza: el cuerpo reacciona a la ansiedad anticipatoria con síntomas físicos evidentes.
Durante las vacaciones, los síntomas pueden incluir:
- Dificultad para relajarse: incluso en un contexto agradable, podemos sentir una agitación constante o la sensación de “tener que hacer más”.
- Molestias gastrointestinales: el estrés puede influir en la digestión y causar dolor de estómago, náuseas o cambios en el apetito.
- Sensación de cansancio persistente: a pesar del descanso, podemos notar una fatiga que no se va.
Después de las vacaciones, el estrés puede manifestarse como:
- Sensación de insatisfacción o decepción: las expectativas no cumplidas pueden dejar una sensación de vacío.
- Dificultad para retomar la rutina: la vuelta a la cotidianidad puede parecer más costosa de lo previsto, con síntomas parecidos a los del “síndrome postvacacional”.
Estas señales no deben subestimarse: escuchar nuestro cuerpo y nuestras emociones puede ser importante para prevenir que el estrés vacacional comprometa el bienestar general.

Estrés y vacaciones: ¿cuáles son las causas posibles?
El estrés de reservar las vacaciones ya es un primer obstáculo:
- ¿Dónde vamos?
- ¿Con quién vamos?
- ¿Cuánto tiempo tenemos?
- ¿Nos llegará el presupuesto que queremos dedicar a las vacaciones?
Para algunas personas las vacaciones resultan caras y, a menudo, se convierten en un motivo de estrés, porque las expectativas se topan con la dura realidad: no todo el mundo tiene un presupuesto suficiente para unas vacaciones “de ensueño”.
¿Y si el presupuesto no fuera un problema? El estrés previo a las vacaciones podría deberse a otro elemento fundamental: la compañía. ¿Salir solos o con un grupo de amigos? ¿Hacer un viaje en pareja o con toda la familia (incluidos los suegros)?
Las vacaciones en pareja
Tener unos días para dedicar al bienestar de la pareja es, sin duda, una gran oportunidad. Podemos tomarnos un tiempo para vivir una mayor intimidad, sin estar divididos entre las obligaciones laborales, los hijos y otras actividades cotidianas.
Sin embargo, cuando en vacaciones tenemos la oportunidad de pasar mucho más tiempo con nuestra pareja, puede ocurrir que lo que debería ser unos días de relax se convierta en fuente de discusiones y malentendidos.
Puede parecer paradójico, pero si en el día a día los miembros de la pareja no tienen muchas ocasiones para dedicarse más tiempo, en vacaciones esa oportunidad puede generar cierto malestar y provocar auténticas crisis de pareja.
El estrés en vacaciones puede transformar lo que debía ser una experiencia a dos en algo para no repetir. ¿Qué pasa si a uno le gustan unas vacaciones de relax y al otro unas llenas de aventuras? ¿Cómo decidir un destino que satisfaga las necesidades de ambos?
Buscar un compromiso, con la ayuda de un diálogo sincero y abierto, puede ser una solución útil para que la pareja pase con más serenidad este momento de pausa de la rutina.
Las vacaciones en familia
Unas vacaciones en familia pueden ser sinónimo de vacaciones estresantes. Vacaciones, estrés y familia parecen, a veces, una combinación difícil de afrontar. Pensemos, por ejemplo, en las vacaciones con hijos pequeños. El estrés y la ansiedad pueden ser inmediatos, igual que todas las preguntas de rigor:
- ¿Encontraré un sitio bien equipado donde vivir con menos estrés las vacaciones con los niños?
- ¿Habré metido en la maleta todo lo que necesitan los pequeños? ¿Y si me olvido su juguete favorito?
- ¿Conseguiré vivir las vacaciones sin el estrés de pensar siempre en mis hijos y tener algún momento para mí?
Las vacaciones con amigos
El estrés en vacaciones se puede presentar incluso cuando se trata de una experiencia con amigos. Igual que en las vacaciones en pareja, pasar unos días con un grupo de amigos puede acabar siendo agotador, porque:
- no todos tienen ganas de hacer las mismas actividades o ir a los mismos sitios;
- cada uno va a su ritmo y el concepto de “vacaciones sin estrés” es subjetivo;
- compartir los espacios (una tienda de campaña o un baño, por ejemplo) puede ser fuente de estrés.

Unas vacaciones en solitario
Sí, el estrés vacacional es un problema serio si no vivimos esta experiencia de forma flexible y serena. En algunos casos, las vacaciones nos estresan aunque decidamos hacer ese viaje en solitario que siempre habíamos querido. De hecho, podríamos experimentar algunas emociones como:
- el miedo a “quedarnos fuera” de eventos interesantes o situaciones estimulantes que se consideran imperdibles (FOMO), que podría generar sensación de inadecuación;
- una fuerte sensación de soledad, porque viajar solos es muy bonito, pero hay que estar predispuestos a hacerlo.
¿Cómo disfrutar entonces de los beneficios del mar, de la montaña o de un momento de verdadero relax sin pensar “las vacaciones me estresan”?
Estrés previo a las vacaciones: cómo afrontarlo y superarlo
Como hemos visto, muchas situaciones pueden provocar estrés por las vacaciones, incluso cuando aún no han empezado. Por ejemplo por la necesidad de tenerlo todo bajo control, lo cual puede hacer que nos cueste adaptarnos a unas vacaciones más “a la aventura” y que prefiramos tenerlo todo programado al detalle, añadiendo aún más ansiedad ya en la organización.
Sin embargo, es interesante observar que las vacaciones pueden aportar beneficios a la salud física incluso antes de la propia experiencia, reduciendo el impacto del estrés sobre la frecuencia cardíaca en las semanas previas (Hruska et al., 2020).
También podemos vivir cierta ansiedad de rendimiento al organizar unas vacaciones, tanto en los aspectos logísticos como emocionales (“¿y si me aburro?”, “¿y si a los demás no les gusta el sitio que he reservado?”). Si entendemos las vacaciones como un auténtico rendimiento, un momento en el que la diversión es obligatoria, probablemente obtendremos el efecto contrario y viviremos con malestar nuestros días, con los ataques de ansiedad a la vuelta de la esquina.
Pero, ¿cómo superar entonces el estrés previo a las vacaciones?
Para empezar, podríamos:
- Revisar nuestras expectativas: las vacaciones no tienen que ser “la solución” a todo el estrés acumulado durante el año; más bien pueden ser un momento que aprovechar para reencontrarnos, descubrir o redescubrir nuestras pasiones siguiendo ritmos más lentos.
- Aprender a vivir momento a momento: también en vacaciones nuestra mente podría proyectarse al futuro y pensar en el día de la vuelta y en todo lo que nos espera; pero si vivimos con la ansiedad de tener que volver, mentalmente no conseguiremos hacer una pausa.
- Tener claros nuestros deseos: mejor compartir cuanto antes nuestra idea de vacaciones y encontrar compromisos que convengan a quienes las pasarán con nosotros.
Una buena planificación puede ayudar a reducir el estrés
Una buena organización de las actividades antes de la salida puede marcar la diferencia a la hora de prevenir el estrés vacacional. Estas son algunas sugerencias prácticas:
- Preparar una lista de tareas: escribir todo lo que hay que organizar (reservas, documentos, maleta) puede ayudar a no olvidar nada y a reducir la sensación de caos.
- Delegar cuando sea posible: implicar a la pareja, a familiares o a amigos en los preparativos permite aligerar la carga mental y favorece la colaboración.
- Establecer prioridades: no todo tiene que ser perfecto. Identificar las actividades realmente esenciales permite ahorrar tiempo y energía.
- Reservarnos tiempo para nosotros: guardar pequeños momentos de relax incluso en los días previos a la salida puede ayudar a llegar más serenos al viaje.
Estas medidas, sencillas pero eficaces, pueden contribuir a que la fase de preparación sea más agradable y menos estresante, favoreciendo un enfoque más relajado de las vacaciones.

Estrés vacacional: consejos prácticos
Estar estresados en vacaciones parece un oxímoron pero, como hemos visto, es algo que puede ocurrir por diversos motivos. Sin embargo, es posible intentar superar el estrés de las vacaciones con pequeños gestos. Algunos ya los hemos mencionado:
- hacer compromisos, siempre que sean sostenibles;
- apreciar lo que tenemos y podemos hacer, en lugar de dejarnos influir por “lo que perdemos”;
- tomarnos un descanso de las redes sociales, que a menudo dan un retrato poco fiel de la realidad y nos llevan a envidiar situaciones probablemente irreales;
- no volver al trabajo el día después de acabar las vacaciones: un día de descanso que sirva de puente entre el final de las vacaciones y la vuelta al trabajo puede ser muy útil para prevenir el llamado “síndrome posvacacional”;
- intentar, si es posible, no hacer unas únicas vacaciones largas al año, sino repartir los días libres en vacaciones más breves para poder tener más ocasiones de desconectar y recuperarnos.
Estrategias prácticas para gestionar el estrés vacacional
Afrontar el estrés vacacional puede requerir estrategias sencillas pero eficaces, que podemos poner en práctica tanto antes como durante el viaje. Estas son algunas técnicas útiles:
- Ejercicios de respiración consciente: dedicar unos minutos a respirar de forma lenta y profunda puede ayudar a calmar la mente y reducir la tensión física. Un ejercicio sencillo consiste en inspirar contando hasta cuatro, retener el aire cuatro segundos y espirar contando hasta seis.
- Mindfulness y presencia en el momento: llevar la atención a lo que vivimos, sin juzgar, puede ayudar a disfrutar de la experiencia y a reducir la ansiedad anticipatoria. Puede ser útil concentrarnos en los sonidos, los colores o las sensaciones físicas del lugar en el que estamos.
- Preguntas guía para la autoevaluación: pararnos a reflexionar sobre algunas preguntas puede ayudar a comprender mejor nuestras emociones. Por ejemplo:
- ¿Qué me causa más estrés en este momento?
- ¿Qué expectativas puedo revisar para vivir mejor estas vacaciones?
- ¿Qué puedo hacer, aunque sea pequeño, para cuidarme hoy?
- Planificar pausas y momentos de desconexión: incluir breves momentos de pausa durante la jornada, aunque sea para dar un paseo o escuchar música, permite recargar energías y prevenir la sobrecarga.
Estas técnicas, si se practican con constancia, pueden contribuir a que las vacaciones sean una ocasión de bienestar, ayudando a gestionar el estrés de forma más consciente. Además, se ha observado que, después de las vacaciones, se produce una reducción significativa de la afectividad hostil, la afectividad negativa, el estrés y la agresividad física respecto al periodo previo, durante el cual esos cambios no aparecen (Gump et al., 2021).
Estrés vacacional y psicoterapia
La tensión y el estrés que podemos vivir en vacaciones podrían ser síntoma de otra cosa (como un trastorno de ansiedad o una depresión estival) y pueden decirnos más sobre nosotros de lo que pensamos.
Así que la psicología también puede ayudarnos a afrontar el estrés vacacional. Un psicólogo o una psicóloga puede ayudarnos a entender cuál es la verdadera fuente de nuestro estrés y a cambiar algunos comportamientos que quizá adoptamos con facilidad pero que, a fin de cuentas, no nos hacen sentir bien.

Aceptar la ansiedad como respuesta natural: una reflexión
A menudo se tiende a considerar la ansiedad relacionada con las vacaciones como algo exclusivamente negativo, que hay que eliminar a toda costa. En realidad, sentir cierto grado de ansiedad o tensión antes o durante unas vacaciones es una respuesta natural de nuestro organismo ante situaciones nuevas o poco familiares.
De hecho, la ansiedad también puede tener una función protectora y adaptativa:
- Señala un cambio: el cuerpo y la mente se preparan para afrontar una situación distinta a la rutina, activando recursos útiles para adaptarse.
- Ayuda a planificar: una ligera preocupación puede empujarnos a organizar mejor el viaje, a no olvidar detalles importantes y a prevenir imprevistos.
- Favorece la conciencia de nuestros límites: escuchar la ansiedad puede ayudarnos a reconocer cuándo nos exigimos demasiado a nosotros o a los demás, invitándonos a ir más despacio.
Aceptar la ansiedad como parte de la experiencia, sin juzgarnos, permite vivirla con mayor serenidad y transformarla en una ocasión de crecimiento personal. Ahora bien, si la ansiedad se vuelve demasiado intensa o persistente, puede ser útil pedir ayuda a un psicólogo o psicóloga para la ansiedad para aprender a gestionarla de forma más eficaz.



