Intentad imaginar el sonido de instrumentos musicales como violines, guitarras y panderetas. El ritmo se ralentiza y luego se vuelve más rápido, casi feroz. Las miradas se centran en la habitación, donde tendida en el suelo hay una mujer.
De repente, su cuerpo parece que se reanima. Los espasmos y movimientos cada vez se vuelven más frecuentes hasta explotar en un baile. La gente murmura: ¡le ha mordido la tarántula!
El antropólogo De Martino, en su libro La tierra del remordimiento (1961), describe el fenómeno del tarantismo como el ritmo, la luz, la magia y los colores típicos de Salento. Las “atarantadas” eran en su mayoría mujeres que, en momentos concretos del año y de su vida, a menudo en la pubertad, respondían a la estimulación musical entrando en un estado similar al trance y deshaciéndose de una especie de malestar psíquico a través del baile.
La explicación del mundo agrícola atribuía dicho acontecimiento a la picadura de la araña. Desde el punto de vista de la antropología médica, este fenómeno, al igual que el de los nervios en Latinoamérica (Pizza, 2005), se identifica como incorporación y teatralización del padecimiento. El malestar psicológico y social relacionado con determinadas condiciones vitales y laborales al que se ve sometido el género femenino encuentra expresión plástica en fenómenos somáticos que se convierten en una verdadera dramatización de un estado de sufrimiento.
Algunos datos sobre género y salud
El sexo no es lo único que influye en la manifestación de la enfermedad, también el género.
Los aspectos sociales y culturales relacionados con ser mujer afectan tanto a las posibilidades de acceso a los recursos como a la percepción de la enfermedad (WHO, 2021).
Las mujeres tienen mayor esperanza de vida que los hombres, pero un peor estado de salud percibido (Ministerio de igualdad, 2024). El impacto del género también se extiende al bienestar psicológico femenino con un mayor porcentaje de ansiedad y depresión.
El hecho de que las mujeres se vean empujadas a asumir múltiples roles (mujeres, madres, trabajadoras y cuidadoras) aumenta el riesgo de problemas psíquicos y amenaza su bienestar psicológico.

Prevalencia y diferencias de género en los trastornos mentales
La salud mental de las mujeres muestra características epidemiológicas específicas que es importante reconocer y comprender. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2021), las mujeres pueden tener casi el doble de probabilidades que los hombres de recibir un diagnóstico de depresión o ansiedad a lo largo de su vida. Este patrón se observa de forma consistente en distintas regiones del mundo y afecta a mujeres de diferentes edades, niveles socioeconómicos y contextos culturales.
En relación con los trastornos de la conducta alimentaria, como la anorexia y la bulimia, la prevalencia suele ser significativamente mayor en mujeres, llegando a representar hasta el 90 % de los casos diagnosticados durante la adolescencia y la juventud (American Psychiatric Association, 2013). Por otra parte, los hombres pueden presentar tasas más elevadas de trastornos relacionados con el consumo de sustancias y conductas externalizantes.
Estas diferencias reflejan no solo factores biológicos, sino también la influencia de los roles de género, la socialización y la exposición a situaciones de discriminación o violencia. Comprender estos datos resulta fundamental para crear estrategias de prevención y atención que se adapten a las necesidades específicas de las mujeres.
Salud mental y mujeres: factores de riesgo
¿Cuál podría ser un sueldo adecuado para un ama de casa? Aun corriendo el riesgo de alimentar estereotipos de género que describen en femenino el trabajo de quienes se ocupan de todos los aspectos de la vida doméstica y familiar, queremos empezar con esta provocación.
El sitio americano Salary.com realizó un estudio en 2019 con esta pregunta como punto de partida y estimó que una remuneración adecuada para los trabajos de cocina, transporte, ayuda con los deberes, “psicóloga” familiar y gestora de la economía doméstica sería de unos 14.000 euros al mes.
La pregunta inicial pone de relieve temas importantes que afectan al tema de salud mental y mujeres:
- Estatus social más bajo y mayor exposición al riesgo de pobreza: al asumir tantas tareas no remuneradas, puede resultar más difícil acceder a un puesto profesional, a unos ingresos y a la independencia económica.
- Según el estudio de Kesavayuth (2015) existen factores de riesgo y factores de protección en función de los tipos de personalidad. En concreto, a las mujeres con una personalidad caracterizada por altos niveles de amabilidad les resulta más fácil crear una red social y de apoyo, lo que constituye un importante factor de protección frente a las enfermedades mentales. Las mujeres con una personalidad caracterizada por bajos niveles de conciencia, que experimentan a menudo la situación de no tener el control, también se ven menos afectadas por el malestar relacionado con el sufrimiento psicológico.
- Menor posibilidad de control sobre las decisiones: la dependencia económica puede impedir la toma de decisiones libres, incluso al respecto de temas relacionados con su cuerpo, la familia y la comunidad.
- La ausencia de independencia económica determina una menor posibilidad de acceso a recursos y educación, con el correspondiente aumento del riesgo de exposición a la violencia, incluso en el ámbito doméstico y familiar.
- Mayor riesgo de desarrollar ansiedad, depresión, trastorno obsesivo compulsivo, somatización y ataques de pánico.
- Mayor riesgo para la salud sexual, como embarazos no deseados, VIH o cáncer de cuello de útero. En general, la sexualidad femenina sigue siendo centro de prejuicios y estereotipos, así como de una infravaloración de su impacto en el bienestar general de la persona.
Factores estructurales y socioculturales que influyen en la salud mental de las mujeres
La salud mental de las mujeres puede estar influida por factores estructurales y socioculturales que van más allá de lo individual. La presencia de subordinación material y simbólica, la desigualdad en el acceso a recursos y la persistencia de estereotipos de género pueden generar un entorno de mayor vulnerabilidad psicológica.
Entre los principales factores se encuentran:
- Desigualdad económica y laboral: muchas mujeres tienen un acceso más limitado a empleos estables y bien remunerados, lo que puede aumentar el estrés y la sensación de inseguridad en la vida diaria.
- Sobrecarga de roles: la expectativa social de que las mujeres asuman al mismo tiempo tareas de cuidado, trabajo doméstico y empleo remunerado puede favorecer el agotamiento emocional y la sensación de no llegar a todo.
- Violencia de género: la violencia contra las mujeres tiene consecuencias graves para la salud mental; la exposición a violencia física, psicológica o sexual representa un factor de riesgo para el desarrollo de condiciones como la depresión, la ansiedad o el trastorno de estrés postraumático (OMS, 2021).
- Patologización de lo femenino: a lo largo de la historia, las experiencias y síntomas de las mujeres a veces se han medicalizado o interpretado desde una perspectiva sesgada, lo que puede dificultar el acceso a un diagnóstico y tratamiento adecuados.
Abordar estos elementos estructurales requiere la participación de políticas públicas, educación y cambios culturales para favorecer un entorno más equitativo y saludable para las mujeres.
Consecuencias psicológicas en las mujeres
Ayuda, cuidado, hijos, control corporal e imagen estética son palabras que tendemos a relacionar con el mundo femenino. En esta conexión, a menudo implícita, no nos damos cuenta de los niveles de estrés más altos a los que se enfrentan las mujeres.
La parte preponderante de la dimensión reproductiva —desde el ciclo menstrual hasta el embarazo y el parto, incluyendo la carga física, emocional y moral de un posible aborto— recae sobre la mujer y su cuerpo. Además, eventos reproductivos como la menstruación, el uso de anticonceptivos, el aborto, la disfunción sexual, la violencia sexual, la coerción reproductiva, la infertilidad y la menopausia pueden afectar negativamente la salud mental de las mujeres a lo largo de su vida (Howard et al., 2025).
Además de los aspectos biológicos, por ejemplo hormonales, que tienen un impacto específico en la salud mental de la mujer, hay que tener en cuenta toda una serie de expectativas.
Se da por sentado que las mujeres deben ser madres y conocer todas las mejores estrategias y técnicas para gestionar la concepción y el embarazo. Incluso se espera que las mujeres deban ser “buenas” dando a luz. Sin embargo, esta presión social también afecta a las mujeres sin hijos, quienes a menudo enfrentan estigmatización, juicios sobre su decisión o circunstancias, y la constante expectativa de que en algún momento ‘cambiarán de opinión’.
Asimismo, los cánones estéticos y la cosificación con fines comerciales golpean con más dureza al cuerpo femenino que al masculino. El compararse con ideales de extrema delgadez y exagerada forma física puede influir en la tendencia a desarrollar trastornos de la conducta alimentaria (Ladogana, 2006).

A ello se suma la frecuente desigualdad de trato económico y laboral. El hecho de que, con las mismas cualificaciones, los salarios de las mujeres sean inferiores a los de los hombres, y la dificultad frecuente de conciliar un proyecto de vida familiar con una carrera laboral, se traduce inevitablemente en una mayor carga de estrés.
Según una revisión de las mujeres en entornos frágiles y humanitarios, la prevalencia promedio de trastornos mentales sobre mujeres de 12 a 75 años fue del 49 %, la prevalencia promedio de ansiedad fue del 68%, la del trastorno de estrés postraumático fue del 52 % y la de depresión fue del 43 %. Las mujeres mostraron un nivel más alto de depresión que los hombres. La edad, las disparidades educativas y el acceso limitado a los servicios fueron factores de riesgo importantes para los trastornos de salud mental. Las mujeres mostraron consistentemente tasas de depresión más elevadas en comparación con los hombres (Rabbani et al., 2024).
Asimismo, según los datos proporcionados por el European Institute for Gender Equality (2021), en Europa, las mujeres también tienen tasas más altas de fobias y pensamientos e intentos de suicidio.
La infravaloración de las patologías femeninas
El término “histeria” proviene del griego hystera, que significa útero. Así pues, el psicoanálisis surgió del estudio de una neurosis que se consideraba que estaba relacionada con la dimensión uterina. De hecho, ya en la Antigüedad griega se atribuía este síndrome en concreto a un desplazamiento del útero.
Si tenemos en cuenta las patologías femeninas como la endometriosis, aparece otro aspecto que puede afectar a la salud mental de las mujeres: la infravaloración del dolor y el retraso que esto comporta a la hora de hacer el diagnóstico y recibir un tratamiento adecuado.
De hecho, para diagnosticar esta patología pueden llegar a hacer falta hasta once años (Ardenti, 2014). Aunque los síntomas inespecíficos han dificultado durante mucho tiempo su diagnóstico, estamos hablando de una enfermedad, a menudo incapacitante, que se localiza de forma evidente físicamente y tiene importantes repercusiones a nivel psicológico.
Cabe mencionar que, en 2023, España aprobó una ley que contempla el derecho a baja médica por “menstruación incapacitante secundaria o dismenorrea secundaria asociada a patologías tales como endometriosis” (BOE, 2023). Lo que la convierte en el primer país de la Unión Europea en aprobar una ley a este respecto.
No obstante, el tema se complica más en el caso de la fibromialgia, que entra en la categoría de los trastornos psicosomáticos. Dolor, debilidad y la consecuente depresión que, antes de ser diagnosticadas, se suelen confundir con aspectos del carácter o con una actitud de fingir y dramatizar.
Estos son algunos ejemplos sencillos que muestran cómo históricamente ha sido más complejo que las mujeres sean tomadas en serio en lo que respecta a su malestar. La tendencia a minimizar el dolor y a atribuir su manifestación a un determinado carácter o a una predisposición a la dramatización y la exageración ha sido muy habitual. Pero, ¿cuáles son las causas de este fenómeno?
- Los estudios sobre células, tejidos, anatomía y farmacología se han realizado casi siempre en cuerpos masculinos, tanto in vivo como in vitro. Esto crea una brecha inicial en lo que respecta al conocimiento, las técnicas y la eficacia de los tratamientos entre machos y hembras. Además, la investigación en salud mental que no considera las diferencias de sexo y género puede estar sesgada y limitar la eficacia de los tratamientos ("La investigación en salud mental...", 2016).
- La disparidad de recursos económicos, culturales y educativos se traduce en una menor posibilidad de acceso a los cuidados y atención sanitaria.
- Desde la historia de la fibromialgia, a menudo se atribuye el sufrimiento a una dimensión emocional, lo que hace que se termine por infravalorar y no creer en los temas relacionados con la enfermedad desde el punto de vista femenino.

Género y acceso a los cuidados
Ahora intentemos centrarnos en las ausencias laborales por problemas de salud, teniendo en cuenta los datos del INE de los últimos 12 meses (2026). Donde se identifica un mayor número de ausencias del trabajo entre las mujeres: en torno al 25 % frente a un 20 % en hombres.
Estos datos nos permiten realizar algunas reflexiones. A primera vista, esto nos llevaría a afirmar que las mujeres tienen un mayor acceso a la atención sanitaria. Sin embargo, puede que las ausencias laborales en el caso de las mujeres se vean influidas por necesidades familiares (como las enfermedades de sus hijos) o por problemas relacionados con el ciclo menstrual.
Asimismo, es interesante mencionar, en lo que respecta al tratamiento de las enfermedades, que la brecha de género suele penalizar a las mujeres. Como se menciona en un artículo de la Sociedad Española de Cardiología, aunque las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de muerte en mujeres a nivel mundial, existe un gran desconocimiento y falsos mitos al respecto, lo cual tiene un impacto negativo directo en los resultados en salud de las mujeres.
Los datos del European Institute for Gender Equality también resaltan una realidad contradictoria. Los hombres tienen un 8 % menos de probabilidades de consultar a un médico (Wang et al., 2013), pero las mujeres, sobre todo en determinadas situaciones de pobreza y educación, se enfrentan generalmente a mayores barreras de acceso a la atención sanitaria. ¿Cómo se explica esta paradoja?
Las mujeres suelen estar más en contacto con los servicios sanitarios para abordar temas relacionados con el cuidado de los hijos o familiares, es decir, no directamente de sí mismas. Según los datos de la Organización Mundial de la Salud (2019), las normas de género y las relaciones de poder influyen negativamente en las posibilidades de acceder a cuidados y atención sanitaria de las mujeres.
La psicología al servicio de las mujeres
Aunque ya deberíamos haber superado los estereotipos relacionados con “las profesiones rosas y las profesiones azules”, si pensamos en la profesión psicológica, ¿con qué sexo nos imaginamos al profesional?
Al tratarse de una profesión de cuidados, la prevalencia de profesionales femeninas también es evidente en el mundo de la psicología. Con respecto al tema del género y salud mental, esto podría ser de utilidad. La comunidad profesional podría estar más atenta a las acciones que se pueden poner en marcha, como por ejemplo:
- Reconocer que ningún profesional y ninguna comunidad profesional puede considerarse completamente inmune a los sesgos, estereotipos y prejuicios relacionados con el género.
- Fomentar el diálogo entre los profesionales de los cuidados y de la salud mental para desarrollar la cultura, la investigación y los estudios de medicina de género.
- Promover la formación de profesionales más capaces de reconocer posibles sesgos y prejuicios.
- Fomentar el conocimiento de la normativa en caso de violencia y favorecer el acceso a los servicios, instituciones y asociaciones que ofrecen asistencia legal, sanitaria y psicológica a las mujeres víctimas de violencia.
- Favorecer el acceso a servicios de atención sanitaria a las mujeres.
- Trabajar en procesos de cambio individual, social y comunitario que puedan contribuir a garantizar un mayor acceso a recursos económicos, culturales y educativos para las mujeres. Por ejemplo, iniciativas para favorecer la autoestima y generar mayor conciencia de la eficacia individual, apoyar iniciativas económicas y romper las barreras relacionadas con los roles de género.
- Promover las actividades de educación afectivo-sexual desde el colegio, con el fin de poner de relieve las cuestiones de género, fomentar el conocimiento fisiológico y anatómico de la sexualidad en general y de la sexualidad femenina en particular.
Recomendaciones prácticas para cuidar la salud mental femenina
Abordar la salud mental de las mujeres implica reconocer tanto los factores individuales como los contextos que pueden influir en su bienestar. Las recomendaciones respaldadas por evidencia pueden ser de utilidad tanto para profesionales como para las propias mujeres:
- Fomentar redes de apoyo: contar con espacios de escucha y acompañamiento, ya sea en el entorno familiar, social o profesional, puede ayudar a reducir el aislamiento y el impacto del estrés.
- Promover la educación en salud mental con perspectiva de género: la formación de profesionales incluye identificar posibles sesgos y comprender las particularidades de la salud mental femenina, lo que puede evitar la infradiagnosis o la medicalización innecesaria.
- Fomentar la investigación y la formación continua para profesionales de la salud, con el objetivo de identificar y abordar los posibles sesgos que puedan influir en la atención a las mujeres.
- Favorecer la autonomía y el acceso a recursos: apoyar la independencia económica, el acceso a la educación y la participación social puede fortalecer la autoestima y la capacidad de afrontar situaciones adversas.
- Visibilizar y desestigmatizar la búsqueda de ayuda: normalizar el acceso a la atención psicológica y psiquiátrica, así como la expresión de emociones, resulta fundamental para prevenir que los problemas de salud mental se agraven.
Estas acciones, sostenidas a lo largo del tiempo y adaptadas a la realidad de cada mujer, pueden contribuir a favorecer su bienestar psicológico y su calidad de vida.
(Re)plantearse las cosas
Como personas, en nuestra vida cotidiana y laboral, ¿estamos seguros de no estar influidos por los estereotipos de género? Todos debemos implicarnos y reconocer que el cambio cultural empieza por darnos cuenta de que los sesgos y prejuicios a menudo residen en nuestro interior y de que tenemos mucho sobre lo que estudiar, investigar e informarnos para lograr el cambio.
Hace falta una revolución a nivel médico-sanitario y político-social, pero también a nivel individual, capaz de traducirse en un mayor bienestar mental para toda la población y la comunidad.
La salud mental de las mujeres merece ser escuchada, comprendida y atendida con sensibilidad y profesionalidad. Si percibes que la presión de los estereotipos, las exigencias o el malestar emocional están influyendo en tu bienestar, recuerda que no tienes que afrontarlo sola. Nuestro equipo de psicólogas y psicólogos está disponible para acompañarte en un proceso terapéutico adaptado a tus necesidades y circunstancias.





