Después de darle muchas vueltas, sientes que ha llegado el momento y te has armado de valor para empezar a hacer terapia. Pero, mientras esperas, es normal que puedan surgir miedos y dudas que te bloquearan en el pasado: ¿cómo funciona? ¿Qué se siente después de una sesión con el psicólogo? ¿Y si me siento peor después de la terapia?
Quienes deciden ir al psicólogo tienen más o menos claro qué pueden esperar a largo plazo:
- llegar a comprenderse,
- sentirse bien consigo mismos,
- trabajar las dificultades,
- alcanzar un cierto grado de bienestar mental.
Sin embargo, algunas personas también se preguntan cómo se sentirán durante y sobre todo después de una sesión de terapia y, a menudo, esto puede ser un elemento de confusión y miedo para quien lo experimenta. Muchas veces nos enfrentamos a una visión "mágica" de la terapia, en la que vemos al psicólogo como alguien que, gracias a su varita encantada, puede proporcionar un alivio inmediato del sufrimiento.
Esta concepción choca con una realidad en la que se puede experimentar, sobre todo durante las primeras sesiones, vergüenza, incomodidad, confusión y una sensación renovada de malestar después de una sesión de psicoterapia, causada por el hecho de hablarle de lo que sentimos a una persona que aún no conocemos.
Para saber cómo afrontar mejor la primera sesión de terapia, puede ser de gran ayuda conocer de antemano lo que puede ocurrir al comenzar. Despejemos juntos algunas de estas dudas, empezando por cómo funciona realmente una sesión de psicoterapia.
Cómo funciona una sesión de terapia
La mayoría de las personas que nunca han pasado por un proceso terapéutico tienen algunas ideas sobre cómo funciona, que pueden proceder de distintas fuentes: amigos o familiares que han contado sus propias experiencias, libros, películas, series de televisión, etc.
Sin embargo, estas historias, a menudo de ficción, suelen contarse en forma de relato y pueden ser una fuente de confusión adicional. Veamos aquí algunas características habituales de las sesiones de terapia.

El setting terapéutico
La primera característica fundamental es el setting terapéutico, que consiste en el conjunto de elementos básicos que regulan el proceso terapéutico, como:
- el tipo de terapia (individual, de pareja, de grupo, familiar);
- el lugar donde tiene lugar (online o en un estudio con una decoración, luces, colores, etc. particulares);
- las características temporales (duración de las sesiones, cadencia, duración de la terapia);
- el precio;
- los objetivos compartidos entre el paciente y el profesional.
Algunos de estos elementos son fijados de antemano por el psicólogo, mientras que otros se acuerdan con el paciente durante las primeras sesiones y pueden revisarse y modificarse a lo largo del proceso. Por ejemplo: la frecuencia de las sesiones puede variar en función de las necesidades del paciente y del momento terapéutico, o en función de los objetivos que cambian al ritmo de las variaciones clínicas de la persona.
El papel del psicólogo
El setting abarca también el rol del psicólogo, entendido como el conjunto de características generales que regulan su trabajo y las más específicas relativas al ámbito de actuación del profesional en cuestión. Entre las normas comunes a todos los profesionales, independientemente del tipo de terapia psicológica, encontramos por ejemplo:
- la abstención de juzgar (aspecto muy útil a tener en cuenta ante la vergüenza que se siente en las primeras sesiones),
- la búsqueda del bienestar del paciente,
- la utilización de técnicas validadas científicamente.
Uno de los aspectos más importantes relacionados con el papel del psicólogo, especialmente en las primeras fases de la terapia, es la creación de un vínculo con el paciente, que mantenga la profesionalidad requerida pero que también sepa hacer que la persona se sienta a gusto, sentando las bases de una relación terapéutica eficaz.
Cómo afrontar la primera sesión de terapia
Una vez aclaradas las características del psicólogo y del setting terapéutico, queda por abordar cuál es el papel del paciente y qué le ocurre durante la sesión.
En primer lugar, podemos anticipar una cierta tensión antes de la sesión y, sin duda, durante los primeros momentos de la primera cita: existen muchos prejuicios sobre el psicólogo y no siempre es posible superarlos por completo antes de iniciar un proceso terapéutico.
Luego está la dificultad de encontrarse frente a una persona desconocida, con la que sabemos que debemos abrirnos y contar aspectos íntimos de nosotros mismos. Sin embargo, el psicólogo hará todo lo posible para tranquilizarnos en esta delicada fase del proceso.
No obstante, su tarea consistirá en hacer preguntas, para conocer lo mejor posible a la persona y poder elaborar el proceso terapéutico que mejor se adapte a sus necesidades. Por tanto, no hay que tener miedo: el psicólogo intentará indagar en los aspectos más destacados de la forma más respetuosa posible, sin emitir juicios. No obstante, puede ser normal experimentar sentimientos de malestar tras la primera sesión de psicoterapia como vemos a continuación.
Síntomas físicos tras la primera sesión de terapia
Tras una primera sesión de psicoterapia, los síntomas físicos que experimentan algunas personas incluyen:
- terrores nocturnos,
- cansancio,
- mareos,
- náuseas y posibles arcadas.
Pueden identificarse como la expresión somática de un estado de malestar ansioso experimentado por la persona: nuestro cuerpo, en otras palabras, nos está diciendo que algo nos ha causado tensión y, por lo tanto, nos está enviando una señal para que la fuente de estrés pueda evitarse en futuras ocasiones.
Síntomas psicológicos tras la primera sesión de terapia
A nivel psicológico, los síntomas físicos descritos anteriormente van acompañados de una emotividad caracterizada a menudo por la ansiedad y la tristeza. Así como pensamientos intrusivos, es decir, pensamientos que la persona experimenta como difíciles de controlar, excesivos, irracionales y, por lo tanto, aterradores.
Los pensamientos intrusivos pueden dar lugar a la rumiación mental, un tipo de pensamiento circular en el que los pensamientos individuales se presentan como repetitivos, a pesar de que la persona haga todo lo posible por ponerles fin.
Sin embargo, es importante subrayar que tanto los síntomas físicos como los psicológicos que acabamos de describir son solo una posibilidad: no todo el mundo reacciona de la misma manera.

¿Es normal sentirse mal después de una sesión de psicoterapia?
Las sesiones con un psicólogo pueden entenderse como un factor estresante y, por lo tanto, es posible sentirse mal después de una sesión de psicoterapia. Ya que la tensión puede hacer que aumente la ansiedad y, en algunos casos, incluso pueden producirse ataques de pánico.
Para algunas personas, una sesión puede caracterizarse por una fuerte tensión, en parte por la necesidad de abrirse (incluso en los aspectos más íntimos) a una persona desconocida y, en parte por la reiteración de sufrimientos experimentados en el pasado.
De hecho, la terapia requiere necesariamente el recuento de situaciones que han generado malestar, ya sean recientes o pasadas. Por lo que la evocación de tales situaciones a través de su relato podría generar en la persona desánimo o un estado de malestar renovado, dando lugar a síntomas debilitantes similares a los mencionados anteriormente.
Además, un cierto malestar después de la sesión podría resultar de la toma de conciencia de ciertas características personales, rasgos de la individualidad o aspectos de la historia personal de los que la persona no había sido consciente hasta entonces o lo había sido solo parcialmente.
Una crisis después de una sesión de psicoterapia es algo normal, porque la terapia simboliza un cambio, un nuevo comienzo que, en sí mismo, puede ser fuente de preocupación y tensión, sobre todo en sus fases iniciales.
Por qué puede "doler" el malestar después de una sesión
"Sentirse mal" después de la psicoterapia, experimentando algunos de los síntomas descritos anteriormente, puede sin duda generar confusión y una fuerte perplejidad: ¿por qué me siento mal después de la terapia? ¿Y si mi psicólogo no me ayuda? ¿He elegido bien?
Estas y muchas otras dudas pueden surgir, lo que a menudo conduce al drop-out, término utilizado a menudo en psicología para indicar la finalización prematura de la terapia por parte del paciente. De hecho, en la mayoría de los casos, las personas no son conscientes de la posibilidad de desarrollar estos síntomas y pueden interpretar fácilmente que "sentirse peor" después de la terapia es una señal de que es mejor interrumpirla.
¿Qué hacer si me siento "raro" después de la terapia?
Ser consciente de la posibilidad de experimentar un posible cansancio o ansiedad después de una sesión de psicoterapia y, por tanto, de la posibilidad de desarrollar síntomas físicos y psicológicos, puede ayudar a la persona a no sentirse asustada o abrumada, sino más bien a anticiparse a los posibles efectos de la sesión.
Además, conocer y comprender estos síntomas es de gran importancia para no avergonzarse de ellos y evitar ocultarlos. Hablar con el psicólogo sobre aspectos de este tipo también puede ser una ayuda muy importante en el proceso terapéutico, porque ofrece la posibilidad de crear un vínculo abierto y sincero entre el paciente y el profesional, basado en el diálogo.
Hablar del posible sufrimiento después de la sesión también puede ser una pista útil para todo el psicólogo, que tiene así la oportunidad de captar un matiz más del paciente y de su funcionamiento.
Por último, dar voz a nuestro sufrimiento, sin intentar ocultarlo ni reprimir sus manifestaciones, puede ser un recurso para aprender a conocernos mejor expresando nuestra interioridad y emocionalidad.
Ya sea una terapia presencial o con un psicólogo o psicóloga online, estos son algunos de los elementos que hacen de la terapia psicológica una herramienta realmente útil y valiosa en la vida de toda persona.





