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Tripofobia: el miedo a los agujeros

Tripofobia: el miedo a los agujeros
Redacción
Unobravo
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
27.2.2026
Tripofobia: el miedo a los agujeros
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Estar delante de una esponja llena de agujeritos o ante un trozo de queso Emmental parece algo completamente inofensivo y, de hecho, lo es. Pero para algunas personas, esto puede convertirse en un auténtico problema: lo que se conoce como tripofobia o miedo a los agujeros.

En este artículo exploramos el significado de tripofobia, cómo se manifiesta y cómo se puede reconocer, por qué surge y cómo se puede afrontar.

¿Qué es la tripofobia?

El término tripofobia apareció por primera vez en la bibliografía especializada en psicología en 2013, cuando los investigadores Cole y Wilkins observaron un trastorno psicológico que afecta a las personas cuando observan ciertas imágenes de agujeros, como los de una esponja, un queso suizo o un panal de abejas. La reacción ante estas imágenes suele ser de repugnancia y asco inmediatos.

La visión de patrones formados por pequeñas figuras geométricas muy próximas entre sí puede producir miedo a esos agujeros, temor o repulsión. Aunque sobre todo son los agujeros los que desencadenan el miedo, también pueden ser otras formas repetitivas particulares, como los círculos convexos, los puntos cercanos o los hexágonos de una colmena.

Actualmente, la llamada fobia a los agujeros o Tripofobia no es un trastorno psiquiátrico reconocido oficialmente y, como tal, no aparece en el manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5-TR). A pesar de su nombre, no se considera una fobia verdadera porque su mecanismo principal es el asco, y no el miedo, que es el eje central de las fobias. Este punto es un tema de debate en la comunidad científica.

A diferencia de las fobias específicas, la tripofobia suele generar una respuesta emocional que combina asco y ansiedad, mientras que en otras fobias suele predominar el miedo intenso. Además, la reacción física ante ciertos patrones de agujeros puede incluir síntomas como picor, náuseas o sensación de incomodidad física, que no siempre aparecen en otras fobias.

Comprender estas diferencias resulta fundamental para identificar la tripofobia y poder buscar el apoyo más adecuado, ya que el acompañamiento terapéutico puede requerir matices específicos según la naturaleza de la respuesta emocional y física.

que es tripofobia
Foto de Andrea Piacquadio (Pexels)

Tripofobia: significado y orígenes

Para entender qué es la llamada fobia a los agujeros, el significado de su nombre, sus causas y su posible tratamiento, empecemos por su etimología. La palabra tripofobia procede del griego: trýpa (agujero) y phóbos (miedo). Literalmente, por tanto, tripofobia significa fobia a los agujeros.

El miedo a los agujeros surge a menudo a través de imágenes publicadas en internet. Y de hecho es muy reciente, ya que, como apuntábamos al inicio, solo se habla de ella, en círculos científicos, desde 2013. La persona con miedo a los agujeros puede sentirse sobrecogida por una imagen en la que aparecen numerosos puntos en primer plano, experimentar náuseas y ansiedad y, en algunos casos, sentir miedo a perder el control.

Síntomas de la tripofobia

Además de las náuseas, otros síntomas de la fobia a los agujeros pueden ser:

Estos síntomas se desencadenan cuando una persona ve un objeto con agujeros cercanos o formas que se asemejan a ellos. Los dolores de cabeza suelen estar relacionados con las náuseas, mientras que se han detectado picores en personas que habían observado imágenes de agujeros en la piel, como en el caso del “pecho de loto”, un fotomontaje que apareció en internet y que mostraba semillas de loto en el pecho desnudo de una mujer.

Las personas con miedo a los agujeros pueden experimentar ataques de pánico, por ejemplo, cuando interpretan los síntomas de ansiedad como signos de amenaza al exponerse continuamente a imágenes que consideran repugnantes. De hecho, la persona puede desarrollar un comportamiento ansioso y temeroso debido al miedo a encontrarse con una de estas imágenes en cualquier momento.

Además de experimentar síntomas como el miedo y el asco, las personas con fobia a los agujeros también suelen tener cambios de comportamiento. Por ejemplo, pueden evitar comer ciertos alimentos (como fresas o chocolate con burbujas) o evitar ir a ciertos lugares (como una habitación con papel pintado de lunares).

fobia a los agujeros
Foto de Towfiqu Barbhuiya (Pexels)

Manifestaciones en la piel y percepción cutánea en personas con tripofobia

Uno de los aspectos que pueden resultar más inquietantes de la tripofobia es la reacción intensa que pueden provocar las imágenes de agujeros o patrones repetitivos en la piel, tanto humana como animal. Estas imágenes suelen generar una respuesta emocional especialmente intensa, ya que la piel se percibe como una barrera protectora y su alteración puede asociarse de manera inconsciente a enfermedad o peligro.

Las personas que experimentan tripofobia pueden notar síntomas como picor, sensación de incomodidad o incluso dolor físico al ver imágenes de piel con agujeros, protuberancias o lesiones. Este fenómeno puede explicarse porque el cerebro interpreta estos patrones como señales de posible infección, presencia de parásitos o daño en la piel, lo que activa mecanismos de defensa y alerta. Además, se ha observado que los participantes con antecedentes de problemas cutáneos calificaron las imágenes tripofóbicas como más incómodas en comparación con quienes no tenían antecedentes de problemas en la piel (Yamada & Sasaki, 2017).

Por ejemplo, el conocido "pecho de loto" es una imagen digital modificada que ha generado reacciones de asco y ansiedad en muchas personas, precisamente porque simula una alteración cutánea poco común.

La reacción ante estas imágenes puede incluir:

  • Picor o sensación de hormigueo: el cuerpo puede reaccionar como si existiera un riesgo de contaminación o infestación.
  • Náuseas y malestar físico: la repulsión puede ser tan intensa que también se manifiesta físicamente.
  • Evitación de imágenes o situaciones: muchas personas deciden evitar de forma consciente cualquier contenido visual que muestre patrones similares en la piel, para protegerse de la reacción emocional desagradable.

Comprender que estas respuestas son automáticas y no voluntarias puede ayudar a reducir la autocrítica y el sentimiento de vergüenza que en ocasiones acompaña a la tripofobia.

Tripofobia: causas y factores de riesgo

Las causas aún se desconocen y los investigadores suponen que es la exposición a determinados tipos de imágenes lo que puede provocar una respuesta fóbica. Por ejemplo, la imagen de un pulpo de anillos azules provoca una reacción inmediata de ansiedad y asco.

Se ha planteado la hipótesis de que las imágenes de animales venenosos y potencialmente mortales para el ser humano son la causa de la reacción fóbica. Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que la incomodidad ante imágenes tripofóbicas parece estar relacionada con las características visuales y patrones típicos de estos estímulos, más que con asociaciones inconscientes con animales venenosos (Wang et al., 2017).

El pulpo de anillos azules es, en efecto, uno de los animales más mortíferos del planeta, pero no solo eso, muchos reptiles, como las serpientes, tienen una coloración muy brillante realzada por formas circulares que pueden percibirse como agujeros. Por lo tanto, es posible que nuestros antepasados, que tuvieron que aprender a defenderse de los animales amenazadores, nos hayan transmitido hasta hoy el instinto innato de temer a otros seres vivos con una determinada coloración brillante y moteada.

Del mismo modo, es posible que la sensación de picor, asociada al asco, sea una defensa natural de la piel ante una posible contaminación, ya sea por un veneno o por pequeños animales como insectos que podrían infestar, en la imaginación de personas con fobia a los agujeros, su cuerpo.

Teorías neurológicas y evolutivas sobre la tripofobia

La tripofobia ha sido objeto de diversas investigaciones que buscan comprender por qué ciertos patrones visuales pueden generar respuestas tan intensas. Desde el punto de vista neurológico, algunos estudios sugieren que los patrones de agujeros o figuras repetitivas comparten propiedades visuales de bajo nivel con estímulos potencialmente peligrosos, lo que podría generar una respuesta rápida de amenaza/evitación, pero esto se plantea como hipótesis evolutiva basada en el procesamiento visual (Cole & Wilkins, 2013).

Desde una perspectiva evolutiva, se plantea que la repulsión ante estos patrones podría haber sido útil para nuestros antepasados, ya que les ayudaba a evitar animales venenosos o alimentos en mal estado, que a menudo presentan superficies irregulares o agujereadas. Por ello, la tripofobia podría ser una manifestación más intensa de un mecanismo de supervivencia ancestral, que hoy se activa ante estímulos visuales inofensivos, pero que comparten características con aquellos que representaban un riesgo real en el pasado.

De hecho, la evidencia disponible indica que la hipótesis de evitación de enfermedades es la explicación más probable para la tripofobia (Cole et al., 2026).

Estas teorías pueden ayudar a comprender por qué la tripofobia no es simplemente una fobia más, sino una reacción compleja que involucra tanto la biología como la historia evolutiva de los seres humanos.

miedo a los agujeros
Foto de Andrea Albanese (Pexels)

Internet y las "imágenes desencadenantes”

Aunque su antiguo origen puede estar claro, los investigadores siguen sin ponerse de acuerdo sobre cómo se produce la primera manifestación de la fobia a los agujeros. De hecho, se cree que puede manifestarse en personas más propensas a la ansiedad o las fobias.

A raíz de la difusión del “pecho de loto", que llamó la atención de todo el mundo sobre la tripofobia, los investigadores se preguntaron si no estaría generada por la circulación mundial en internet de estas imágenes desencadenantes, es decir, imágenes que provocan una reacción de fobia.

Entre las imágenes de objetos que pueden desencadenar fobia a los agujeros se incluyen:

  • flor de loto,
  • panel de abejas,
  • ranas y sapos (en concreto el sapo de Surinam),
  • fresas,
  • queso suizo con agujeros,
  • coral,
  • esponjas de baño,
  • granadas,
  • pompas de jabón,
  • poros de la piel,
  • duchas.

Los animales, incluidos los insectos, las ranas, los mamíferos y otras criaturas de piel o pelaje moteado, también pueden desencadenar síntomas de tripofobia. La fobia a los agujeros también suele ser muy visual. Basta con ver imágenes online o impresas para desencadenar sentimientos de repulsión o ansiedad.

Muchas personas podrían evitar con seguridad exponerse a imágenes que provocan asco y ansiedad evitando rodearse de imágenes desencadenantes u objetos que les recuerden el patrón ansiógeno. Sin embargo, se ha observado que muchos internautas se divierten haciendo circular estas imágenes por la red, aun a sabiendas de que pueden desencadenar una reacción de ansiedad violenta, fobia y asco en otras personas.

Internet y las redes sociales pueden favorecer la difusión de fenómenos psicógenos y modificar la percepción que las personas tienen de sus síntomas. En el caso de la tripofobia, los estudios señalan que su amplia presencia online contribuye al aprendizaje social del fenómeno y a que más individuos se reconozcan como tripofóbicos, aunque no puede considerarse a internet como la única causa ni que explique todos los casos.

Tripofobia: cura y remedios

Afortunadamente, internet está poblado por algunas personas que han desarrollado vídeos que parecen tener un efecto similar al de una técnica de relajación, ayudando a la gente a relajarse e incluso a dormir.

Algunos de ellos son capaces de generar una respuesta denominada ASMR o Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma. Se trata de una respuesta de relajación física, a menudo asociada a hormigueos, que se genera al ver vídeos de personas comiendo, susurrando, cepillándose el pelo o doblando hojas de papel.

En cuanto a la eficacia de estos vídeos, hay que señalar que aún no se han reunido pruebas suficientes de su validez. Se trata sobre todo de testimonios de personas que han contado a otras su experiencia.

También existen tratamientos basados en la exposición, en la que la persona se expone gradualmente al estímulo fóbico hasta habituarse. Este tipo de intervención también suele emplearse en otros trastornos, como el trastorno de ansiedad generalizada. No obstante, aunque tanto la tripofobia como la ansiedad generalizada pueden provocar síntomas similares, se manifiestan de formas diferentes y pueden requerir diferentes enfoques de tratamiento.

Otras personas, en cambio, se exponen a imágenes que les provocan repugnancia para intentar desensibilizarse, pero no siempre consiguen los resultados deseados, arriesgándose incluso a aumentar la sensibilización al estímulo temido.

Por eso recomendamos abordar el miedo a los agujeros realizando un trabajo de desensibilización con la ayuda de un profesional experimentado en técnicas de relajación y tratamiento de diferentes tipos de fobias, como un psicólogo o psicóloga con experiencia en fobias.

Estrategias prácticas para afrontar la tripofobia

Afrontar la tripofobia puede resultar un desafío, aunque existen estrategias recomendadas por profesionales de la salud mental que pueden contribuir a manejar los síntomas y disminuir su impacto en la vida cotidiana.

Algunas de las técnicas más empleadas son:

  • Técnicas de respiración y relajación: aprender a regular la respiración y realizar ejercicios de relajación puede favorecer la disminución de la ansiedad cuando aparecen los síntomas.
  • Exposición gradual: con el acompañamiento de un profesional, la exposición controlada y progresiva a imágenes que generan malestar puede ayudar a reducir la sensibilidad y el malestar asociado.
  • Reestructuración cognitiva: identificar y modificar pensamientos automáticos que surgen ante los agujeros o patrones repetitivos puede contribuir a disminuir la intensidad de la reacción emocional.
  • Mindfulness y atención plena: practicar la atención plena permite observar las sensaciones y emociones sin juzgarlas, lo que puede facilitar la gestión de la ansiedad y el asco.

Cada persona es única, por lo que resulta importante adaptar las estrategias a las necesidades individuales y, si se considera necesario, buscar el apoyo de un profesional especializado en fobias.

Aunque se trata de un trastorno con claras consecuencias clínicas, laborales, escolares y sociales, la tripofobia sigue siendo un fenómeno desconocido y actualmente está siendo investigado por numerosos estudiosos a nivel internacional. Además, se ha observado que la tripofobia se asocia con un malestar psicológico significativo y deterioro funcional (Vlok-Barnard & Stein, 2017).

Si no sabes cómo afrontarlo por tu cuenta, no dudes en recurrir a un profesional de la salud mental que puede guiarte y acompañarte en un proceso terapéutico adaptado a tus necesidades.

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