Poner fin a una situationship que te hace sufrir: ¿por qué parece tan difícil alejarse?

Sé que debería marcharme, pero no soy capaz.
Cada vez que me decido, él vuelve y todo vuelve a empezar.

No hacen falta etiquetas para que una relación sea importante. Cuando una situationship se prolonga en el tiempo, el compromiso emocional crece: los hábitos compartidos, la intimidad, los mensajes al final del día construyen un vínculo real, aunque nadie lo haya definido nunca.

Cuanto más tiempo pasa, más energía se invierte en la esperanza de que las cosas cambien o tomen un rumbo claro. Y cuanto más se invierte, más difícil resulta aceptar que esa relación podría no evolucionar como uno desea.

Llega un momento en el que la línea divisoria entre quedarse porque uno se siente bien y quedarse porque se tiene miedo al vacío se vuelve difusa. Uno sigue quedándose no por lo que ofrece la relación, sino porque la idea de afrontar lo que vendría después parece muy difícil de soportar.

Si te reconoces en estas palabras, debes saber que darte cuenta de ello ya es un paso importante. Sin embargo, entre comprender racionalmente que algo no funciona y ser capaz de tomar una decisión concreta, hay un espacio lleno de ambivalencias y miedos que merece ser explorado con delicadeza.

Las razones emocionales

¿Qué hace que sea tan difícil dejarlo atrás?

Me digo a mí misma que las cosas cambiarán, pero nunca cambia nada.
Tengo miedo de no encontrar a nadie más.

Entender por qué poner fin a una situationship resulta tan agotador es un proceso que puede aclararse con la ayuda de un psicólogo o una psicóloga, que puede ayudarte a reconocer las dinámicas que te mantienen atado a ese tipo de relación. Mientras tanto, intentemos explorar juntos algunas posibles razones de esta dificultad.

El efecto de la imprevisibilidad emocional

  • La alternancia entre momentos de cercanía y largos silencios crea un mecanismo difícil de romper: cuando nunca se sabe qué esperar, cada señal positiva cobra una fuerza enorme y reaviva la esperanza.
  • Esta imprevisibilidad nos mantiene atrapados en un ciclo continuo de espera y expectación, en el que los escasos momentos bonitos parecen compensar todo lo demás.
  • Se acaba restando importancia a los comportamientos que causan sufrimiento y se le da un peso enorme a los gestos de atención, convenciéndose a uno mismo de que “en el fondo, no es para tanto”.

El miedo a quedarse solo

  • Cerrarse significa enfrentarse al miedo a la soledad, una emoción que puede tener raíces profundas en las propias experiencias pasadas.
  • Una presencia parcial e inconstante puede parecer, de todos modos, mejor que ninguna presencia: la situationship mantiene a raya este miedo, aunque sea de forma ilusoria.
  • La idea de “mejor esto que nada” se convierte en una trampa que impide imaginar algo diferente para uno mismo.

El sentido de la responsabilidad y la autocrítica

  • “Si me esfuerzo más, si soy más paciente, al final las cosas cambiarán”: este pensamiento lleva a atribuirse la responsabilidad del mal funcionamiento de la relación.
  • La autocrítica alimenta un sentimiento de culpa que hace aún más difícil marcharse, porque se tiene la impresión de no haber hecho lo suficiente.
  • Cuando uno no se siente digno de un amor pleno y recíproco, puede acabar conformándose, convenciéndose de que esa forma de relación indefinida es lo máximo que puede recibir.
Perspectiva clínica
Las relaciones son fundamentales para nuestra salud biopsicosocial. Pero los vínculos entre las personas no son estáticos: evolucionan y, a veces, se rompen. Para prevenir y resolver problemas relacionales es necesario comunicar con claridad nuestras necesidades emocionales. Aprender a hablar con los demás de forma auténtica es el primer paso hacia un equilibrio duradero.
En el día a día de una situationship

Situaciones en las que quizá te reconozcas

Reviso el móvil incluso por la noche.
Cada vez que vuelve, vuelvo a caer en la misma trampa.

Cada situationship tiene sus matices, pero hay dinámicas recurrentes que muchas personas viven. Aquí tienes algunas situaciones concretas que quizá te resulten familiares.

Adaptarse a los horarios de la otra persona

  • Seguir respondiendo a cada mensaje tras días de silencio, justificando la ausencia con excusas como “es una época complicada”, a pesar de saber que cada vez ese comportamiento te causa sufrimiento.
  • Renunciar poco a poco a tus propios espacios, a tus amistades y a tus intereses para estar siempre disponible cuando la otra persona se pone en contacto, reorganizando tu vida en torno a una relación que no ofrece ninguna estabilidad.
  • Intentar expresar las propias necesidades, pero detenerse por miedo a que la otra persona se aleje por completo, optando por el silencio antes que arriesgarse a perder incluso lo poco que se tiene.

Aferrarse a la esperanza

  • Revivir mentalmente los momentos bonitos para convencerse de que la relación tiene futuro, ignorando el hecho de que esos momentos son cada vez más escasos y que el día a día se compone sobre todo de espera e incertidumbre.
  • Decidir una y otra vez poner fin a la relación, quizá tras la enésima decepción, para luego dar marcha atrás en cuanto la otra persona vuelve a dar señales de vida con un gesto de mínima atención que reaviva la esperanza.

La ansiedad relacionada con el móvil

  • Darse cuenta de que se están revisando las notificaciones constantemente, interpretar los tiempos de respuesta, analizar cada palabra recibida y darse cuenta de que la relación está absorbiendo más energía mental de la que aporta.
  • Sentir que el propio estado de ánimo depende casi por completo de un mensaje que podría llegar o no, y que esta dinámica se está volviendo agotadora.
Un momento para parar
¿Te reconoces en alguna de estas situaciones?

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Si las dificultades con las personas que te importan condicionan tu tranquilidad, un psicólogo te puede ayudar a orientarte. Encuentra el psicólogo adecuado para ti: solo necesitas unos minutos.

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Estrategias prácticas

Pequeños pasos para cuidarse

Estoy intentando volver a ponerme en el centro.
Me he dado cuenta de que me merezco algo más que esta espera.
1

Dejar de juzgarse por no haber puesto fin a la relación antes

La dificultad para dejarlo ir no es un signo de debilidad. Es el reflejo de necesidades emocionales profundas que merecen comprensión, no críticas. Es importante que recuerdes que el tiempo que te ha llevado llegar hasta aquí forma parte de tu camino.

2

Observa cómo te sientes en el día a día

Puedes preguntarte, con sinceridad, cómo te sientes en la mayor parte del tiempo dentro de esa relación. No en los mejores momentos, sino en el día a día. Entender si ese conjunto de emociones se corresponde con lo que realmente deseas para tu vida puede ayudarte a aclarar las cosas.

3

Recuperar tus espacios, poco a poco

Retoma una actividad que habías dejado de lado, reaviva una amistad descuidada, dedica tiempo a algo que te haga sentir bien: reconstruir tu día a día al margen de la situationship puede ayudar a sentirse menos atado a esa relación.

4

Aplazar el impulso de responder de inmediato

Cuando sientas la necesidad de responder inmediatamente tras un largo silencio, puede ser útil intentar esperar aunque solo sea diez minutos. La urgencia por responder suele estar relacionada con una sensación de alarma que suele disminuir con el paso de los minutos: darse un respiro puede ayudarte a tomar decisiones con más claridad.

5

Hablar de cómo te sientes con alguien de confianza

Compartir lo que estás viviendo con un amigo, un familiar o alguien en quien confíes puede ayudarte a sentirte menos solo/a en esta situación y a ver las cosas desde otra perspectiva.

6

Plantearse un proceso con un psicólogo o una psicóloga

Un proceso de psicoterapia puede ser un espacio muy valioso para comprender las dinámicas que te mantienen atado a este tipo de relación y para desarrollar herramientas concretas de cambio. No es necesario esperar a que la situación se vuelva muy difícil para empezar: supone un espacio de crecimiento y reflexión en el que poder sentirse comprendido y apoyado.

7

Aceptar que el dolor de la ruptura es temporal

Puedes intentar recordar que el vacío que se teme tras la ruptura suele ser menos agobiante que el sufrimiento prolongado de quedarse. Atravesar ese momento de dolor es una etapa, no una condición permanente, y puede abrir el camino a relaciones en las que uno pueda sentirse realmente elegido y respetado.

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Un paso hacia ti

Elegirse a uno mismo no es un acto en contra de nadie

No es fácil, pero estoy empezando a elegirme a mí mismo.
Quizá sea el momento de pedir ayuda.

La dificultad para poner fin a una “situación” que te hace sufrir no se debe a la falta de lucidez, sino a la complejidad de las necesidades emocionales implicadas: la necesidad de cercanía, el miedo a la soledad, la esperanza de que algo cambie.

Nadie debería sentirse culpable por haber invertido tiempo y sentimientos en algo que esperaba que funcionara. Lo que importa es el momento en el que se empieza a decidir no volver a dejar en un segundo plano las propias necesidades y el propio valor.

Reconocer las propias dinámicas afectivas, como la tendencia a conformarse o a mantener la esperanza contra toda evidencia, es una inversión que va mucho más allá de una simple situationship y que puede transformar la forma en que vivirás tus futuras relaciones.

Si sientes que te resulta demasiado difícil hacerlo por tu cuenta, un psicólogo o una psicóloga puede ayudarte a aclarar tus ideas y a construir, paso a paso, una forma diferente de vivir los vínculos afectivos.

El siguiente paso, si te sientes preparado/a

La terapia psicológica no es solo para quienes atraviesan una crisis, es un espacio de escucha para cuidar de tu bienestar mental.

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FAQ

Preguntas frecuentes

La dificultad para poner fin a una situationship no se debe a una falta de fuerza o de lucidez. A menudo está relacionada con necesidades emocionales profundas, como el deseo de cercanía y el miedo a la soledad, que hacen que resulte muy agotador dejar atrás incluso una relación que no funciona como te gustaría.

La imprevisibilidad emocional también juega un papel importante: la alternancia entre momentos de cercanía y largos silencios crea un ciclo en el que cada pequeña señal positiva reaviva la esperanza. Este mecanismo lleva a minimizar lo que te hace sufrir y a dar un peso enorme a los raros gestos de atención.

Puede ocurrir que uno se atribuya la responsabilidad de que la relación no funcione, pensando “si me esfuerzo más, las cosas cambiarán”. Reconocer estas dinámicas ya es un paso importante hacia una decisión más consciente.

Sentir culpa al pensar en poner fin a una situationship es una experiencia muy común. A menudo surge de la sensación de no haber hecho lo suficiente, o del miedo a herir a la otra persona.

Este sentimiento de culpa puede verse alimentado por la autocrítica: nos convencemos de que, con más paciencia o más esfuerzo, las cosas podrían haber sido diferentes. En realidad, una relación requiere la participación y la voluntad de ambas personas implicadas.

Decidir cuidar de ti mismo no es un acto en contra de nadie. Es una forma de dejar tus necesidades en un segundo plano. Nadie debería sentirse culpable por haber invertido tiempo y sentimientos en algo que esperaba que funcionara.

Una pregunta que puede ayudarte a aclarar las cosas es: ¿cómo me siento la mayor parte del tiempo dentro de esta relación? No en los mejores momentos, sino en el día a día. Si tu día a día se compone sobre todo de espera, incertidumbre y sufrimiento, esto puede ser una señal importante.

Intenta fijarte también en cuánta energía mental estás invirtiendo: si te das cuenta de que estás mirando el móvil constantemente, interpretando cada palabra y dejando que tu estado de ánimo dependa de un mensaje, puede que la relación te esté quitando más de lo que te aporta.

Entender si ese conjunto de emociones se corresponde con lo que realmente deseas para tu vida es un proceso que requiere tiempo y amabilidad hacia ti mismo. Si sientes que no consigues aclararlo por ti mismo, un proceso con un psicólogo o una psicóloga puede ofrecerte el espacio para explorar estas cuestiones con más serenidad.

El miedo a la soledad es una de las principales razones por las que uno permanece en una situationship incluso cuando te hace sufrir. La idea de que “mejor esto que nada” puede convertirse en una auténtica trampa, impidiéndote imaginar algo diferente para ti.

Un paso concreto puede ser recuperar tus espacios, poco a poco: retomar una actividad que habías dejado, reanudar amistades descuidadas, dedicar tiempo a lo que te hace sentir bien. Reconstruir una vida cotidiana plena fuera de la situationship ayuda a sentirse menos dependiente de ese vínculo.

También puede ser útil recordar que el vacío que se teme tras la ruptura suele ser menos agobiante que el sufrimiento prolongado que supone quedarse. Ese momento de dolor es una etapa, no una condición permanente, y puede abrir el camino a relaciones en las que te sientas realmente respetado y elegido.

No existe un momento “adecuado” en sentido absoluto. Si sientes que la situationship te está ocupando demasiado espacio en la mente, que tus emociones dependen casi por completo de la otra persona o que, a pesar de ser consciente de ello, no consigues tomar una decisión, estas pueden ser señales de que necesitas ayuda profesional te podría resultar útil.

Un proceso con un psicólogo o una psicóloga es un espacio de crecimiento y reflexión: puede ayudarte a comprender las dinámicas que te mantienen atado a ese tipo de relación, como la tendencia a conformarte a mantener la esperanza a pesar de todas las pruebas en contra. No es necesario esperar a que la situación se vuelva muy difícil para empezar.

Comprender tus dinámicas afectivas es una inversión que va mucho más allá de una simple situationship: puede transformar la forma en que vivirás tus futuras relaciones, ayudándote a construir vínculos más equilibrados y satisfactorios.

Preguntas frecuentes sobre la terapia

Con Unobravo puedes realizar terapia psicológica individual o terapia de pareja, en función de tus necesidades. Por ejemplo, la terapia individual después de una infidelidad puede ser útil para mejorar la comunicación y afrontar los retos personales que influyen en las dinámicas relacionales. Tras una infidelidad, optar por la terapia individual o de pareja depende de las necesidad de cada uno.

Un proceso de terapia individual puede ofrecer un espacio seguro para explorar tus emociones y comportamientos junto a un profesional de la salud mental.

Aunque no siempre sea fácil saber cómo encontrar apoyo y empezar un proceso terapéutico, con Unobravo no tendrás que preocuparte de cómo elegir un psicólogo. Solo necesitas rellenar el cuestionario y, en la primera cita gratuita, conocer al psicólogo que te haya sido asignado entre los psicólogos y psicólogas de Unobravo.

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La decisión de cuánto dura un proceso terapéutico la tomaréis entre tu psicólogo y tú: cada persona es única y también lo es el viaje hacia tu bienestar psicológico.

Cada proceso terapéutico es único y la motivación o la necesidad de empezar a hacer terapia depende de cada uno. Es importante recordar que ir a terapia no solo ayuda a afrontar dificultades y a tratar trastornos, también es un apoyo para quienes desean emprender un proceso de crecimiento personal y proporciona herramientas y estrategias útiles para mejorar el bienestar cotidiano.

Es importante recordar que hacer terapia es una forma de autocuidado y no un signo de debilidad, así que no es necesario esperar a estar al límite para pedir ayuda.

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