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Propósitos de Año Nuevo: pocos, tuyos, sostenibles

Propósitos de Año Nuevo: pocos, tuyos, sostenibles
Redacción Unobravo
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Unobravo
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
9.1.2026
Propósitos de Año Nuevo: pocos, tuyos, sostenibles
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Año Nuevo es un momento de transición simbólico, que amplifica el deseo de cambio. En esta época del año, los propósitos pueden ser tanto una fuente de esperanza como de presión. Por eso, en este artículo queremos guiarte para que hagas propósitos de Año Nuevo realistas, sin estrés y sin sentirte "mal".

El objetivo no es la perfección, sino la sostenibilidad de los cambios que deseas introducir en tu vida. Para ello, a lo largo del artículo, exploramos juntos cómo elegir propósitos auténticos y convertirlos en pasos concretos hacia el bienestar.

Por qué nos pesan tanto los propósitos de Año Nuevo

Al final del año, la necesidad de hacer balance y enfrentarse a las expectativas puede llegar a ser intensa. A menudo, los propósitos que nos fijamos son ambiciosos, vagos o numerosos, lo que dificulta su cumplimiento durante los siguientes doce meses.

El pensamiento de "todo o nada" nos hace percibir cada pequeño error como un fracaso total y puede minar nuestra motivación. Cuando vinculamos nuestra identidad al rendimiento, cada paso en falso puede convertirse en un ataque a nuestro valor personal, lo cual alimenta la autocrítica y la sensación de fracaso.

Recuerda que no estás solo/a: es normal sentirse abrumado. No obstante, con un enfoque más amable y realista, puedes convertir tus propósitos en aliados de tu bienestar.

Polina Kovaleva - Pexels

Cuando un propósito nace del "tengo que" y no del "quiero”

A veces, los propósitos surgen de la necesidad de complacer a los demás. A veces nos sentimos presionados a fijarnos metas que en realidad no nos corresponden, sino que responden a las expectativas de la pareja, la familia o el entorno laboral, y eso aumenta la presión y el riesgo de abandono.

Para saber si un objetivo es realmente tuyo, prueba a preguntarte:

  • ¿Es coherente con mis valores y necesidades?
  • ¿Me da energía o me pesa como si fuera un deber?
  • Si nadie pudiera verlo, ¿seguiría siendo uno de mis propósitos?

La obligación y el perfeccionismo pueden alimentar la ansiedad y el bloqueo. Recuerda que los propósitos más sostenibles son los que nacen del "quiero" y no del "tengo que".

Una lista de propósitos de Año Nuevo que sea realmente tuya

Hacer una lista de propósitos de Año Nuevo que sea realmente útil y sostenible significa empezar con una "descarga mental " de todo lo que te gustaría cambiar o mejorar.

Coge papel y boli (o el móvil) y anota, sin filtrar, cada idea que te venga a la cabeza. Una vez hecho esto, empieza el proceso de selección: elige solo lo que consideres realmente útil, importante y factible para ti en este momento.

Aquí tienes algunas ideas de buenos propósitos que podrías incluir en tu lista, divididos por áreas de la vida cotidiana:

  • Salud y movimiento: dar un paseo de 30 minutos tres veces por semana.
  • Relaciones: llamar a un amigo o familiar cada semana.
  • Tiempo para uno mismo: dedicar 10 minutos al día a una pasión o afición.
  • Trabajo y estudios: organizar el día con una sencilla lista de tareas.
  • Gestión del dinero: controlar los gastos mensuales con una aplicación.
  • Digital: establecer un límite diario para el uso de las redes sociales.

Recuerda también la importancia de distinguir entre deseos y objetivos:

  • Un deseo es algo que nos gustaría que ocurriera, pero que no depende totalmente de nosotros (por ejemplo, que los demás nos aprecien).
  • Un objetivo es una acción concreta que podemos poner en marcha (por ejemplo, llamar a un amigo una vez a la semana).

Aclarar esta diferencia te ayudará a no sentirte frustrado por lo que no puedes controlar.

Establece prioridades en tu lista de propósitos

Otro paso clave es elegir las prioridades: mejor pocos objetivos (de 1 a 3) pero claros, que una larga lista que corre el riesgo de disipar tu energía.

Elige lo que tenga un impacto real en tu calidad de vida, lo que sea factible con tus recursos actuales y lo que sientas que es realmente urgente desde el punto de vista emocional. Renunciar a algo no es un fracaso, sino una forma de protegerte del estrés.

Por último, crea un microplan: para cada objetivo principal, identifica una pequeña acción de apoyo que puedas hacer cada día o cada semana. Además, llevar un registro de tu tiempo, recursos e imprevistos (que forman parte de la vida real) puede ayudarte a ser más constante.

Objetivos realistas: de las intenciones vagas a los pasos concretos

Formular objetivos claros y realistas es el primer paso para que nuestros propósitos sean concretos y alcanzables.

Un objetivo vago como "Me gustaría hacer más actividad física" puede convertirse en "Caminaré 15 minutos después de comer, tres veces por semana". Del mismo modo, "me gustaría gestionar mejor mi tiempo con el teléfono" se convierte en "programaré un temporizador social de 30 minutos cada noche a las 21.00".

Especificar qué hacer, cuándo, cuánto y dónde es muy útil para pasar del deseo a la acción. Pero, ¿qué ocurre en los días en los que todo parece demasiado?

Aquí es donde entra en juego la versión mínima de nuestro objetivo: incluso solo cinco minutos de paseo o una sola acción de desconexión son pasos valiosos hacia el cambio. Lo importante es no romper la cadena, manteniendo viva la sensación de continuidad y autoeficacia.

Por último, acuérdate de hacer un breve control semanal. Celebra los pequeños éxitos, identifica las dificultades y ajusta el rumbo si es necesario. No se trata de juzgarte, sino de conocerte mejor y crear hábitos que realmente te apoyen.

Pixabay - Pexels

El truco de los micropasos y los hábitos encadenados

Cambiar de hábitos puede ser difícil porque nuestro cerebro tiende a ahorrar energía. Por eso los microhábitos pueden funcionar: son tan pequeños que a menudo no activan la resistencia interna. Por ejemplo: si tu objetivo es leer más, empieza con una página al día. Si quieres meditar, dos minutos son suficientes.

Lo importante es encadenar el nuevo hábito a algo que ya haces: después del café, lee una página; antes de lavarte los dientes, medita dos minutos.

Asimismo, el entorno también cuenta:

  • prepara el libro junto a la taza,
  • pon una nota en el espejo,
  • elimina las distracciones.

Para hacer un seguimiento del progreso, no hace falta obsesionarse: basta con un calendario, una aplicación sencilla o una simple marca en un cuaderno.

Motivación sin presión: cómo no rendirse en enero

La motivación es como una ola: sube y baja, y no se trata (únicamente) de fuerza de voluntad. Si sientes que la has perdido en enero, no significa que seas "débil". Para no rendirte, puede ser útil construir un sistema de recompensas saludable como una lista de reproducción que te cargue antes de entrenar o quedar con un amigo después de una sesión de estudio.

Recuerda: el foco se pone en el proceso, no en la versión perfecta de ti con la que sueñas dentro de seis meses. Cada día es un ladrillo y la comparación con los demás (o las redes sociales) puede convertirse en una trampa.

Si te das cuenta de que persigues un ideal poco realista, detente: ya eres suficiente y puedes ajustar tu rumbo.

Qué hacer cuando surgen obstáculos y recaídas

A veces basta un pequeño contratiempo para sentirnos desanimados y dispuestos a abandonar. En esos momentos, nuestra mente puede activar pensamientos autocríticos, miedo a no tener éxito o, simplemente, cansancio.

He aquí tres estrategias para no rendirse:

  1. Ten un plan B: una versión "mínima" de tu objetivo, para seguir adelante incluso en los días difíciles.
  2. Aplica la regla de "mañana vuelvo a empezar", sin culpabilidad y sin castigarse.
  3. Reduce temporalmente el objetivo durante una semana, pero mantén la constancia.

Recuerda que cada error es una oportunidad para aprender. Pregúntate qué es lo que no ha funcionado y qué puede cambiar. Las recaídas son normales, lo que cuenta es la constancia a lo largo del tiempo, no la perfección diaria.

Ansiedad, sentimiento de culpa e inadecuación: cómo gestionarlas

A veces, los propósitos pueden convertirse en una fuente de ansiedad. El miedo al fracaso, la necesidad de control y el miedo a que nos juzguen pueden convertir la motivación en presión.

Así que, si te sientes abrumado, prueba estas dos técnicas rápidas:

  • Respiración corta: siéntate cómodamente, inspira profundamente contando hasta 4, haz una breve pausa (si te sientes cómodo) de unos 4 segundos y, a continuación, espira lentamente contando hasta 6. Repite 3 veces. Repítelo 3 veces.
  • Regla de los 5 minutos: si una tarea te bloquea, prométete a ti mismo que solo trabajarás en ella 5 minutos. A menudo, empezar es lo más difícil.

Recuerda que es mejor empezar "mal" que quedarse parado. El perfeccionismo bloquea y la acción desbloquea. Asimismo, recuerda cultivar la autocompasión: si piensas "no puedo hacerlo", intenta cambiarlo por "estoy trabajando en ello". Cambiar el diálogo interno puede marcar la diferencia.

Shrabaanthony - Pexels

Cuando pedir ayuda puede marcar la diferencia

Si te das cuenta de que la presión interna se está convirtiendo en una carga demasiado pesada, puede que haya llegado el momento de buscar ayuda profesional. Contar con apoyo psicológico puede marcar la diferencia cuando la ansiedad, el bajo estado de ánimo, la baja autoestima o el estrés prolongado se vuelven persistentes y empiezan a bloquear o complicar tu vida cotidiana.

Si observas patrones recurrentes como autosabotaje, perfeccionismo paralizante, comportamientos compensatorios o dificultades para gestionar las emociones, un profesional puede ayudarte a ganar claridad y equilibrio.

Un proceso terapéutico no se limita a proporcionar técnicas o consejos prácticos, sino que te acompaña a fijar objetivos más auténticos, a gestionar la ansiedad y la autocrítica, y a construir una motivación más sólida y sostenible.

En general, la psicoterapia se diferencia del coaching porque trabaja sobre las emociones, los pensamientos y los comportamientos que influyen en tu bienestar, incluso cuando te das cuenta de que ciertos patrones están arraigados o son repetitivos. Según tus necesidades, puedes optar por la terapia online o la presencial.

Empezar de nuevo, aunque no sea perfecto

Darte cuenta de que el cambio nunca es lineal y que no tiene fecha de caducidad es un paso clave para conseguir mantener tus propósitos.

Enero no es el único momento para empezar a trabajar en mejorarnos a nosotros mismos. Cada día del año ofrece una nueva oportunidad para empezar de nuevo, aunque sea de forma imperfecta.

Lo importante es elegir un micropaso concreto para dar esta semana: algo pequeño pero significativo que te acerque a tus objetivos.

Asimismo, si te sientes atascado, ansioso o abrumado, recuerda que no tienes por qué afrontarlo en soledad. Hablar con un profesional puede ayudarte a construir objetivos más sostenibles y a recuperar el equilibrio.

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