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Psicooncología
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Depresión y cáncer: gestionar la depresión con un diagnóstico de cáncer

Depresión y cáncer: gestionar la depresión con un diagnóstico de cáncer
Rosalba Caramiello
Rosalba Caramiello
Psicóloga con orientación Sistémica-Relacional
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
14.1.2026
Depresión y cáncer: gestionar la depresión con un diagnóstico de cáncer
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La relación entre mente y cuerpo en las personas que reciben un diagnóstico de cáncer puede dar lugar a experiencias emocionales sensibles, a menudo relacionadas con el miedo, el sentimiento de culpa, la tristeza y la depresión. En este sentido, el binomio depresión y cáncer suele constituir un gran desafío para las personas que reciben un diagnóstico de cáncer.

Síntomas de la depresión en el cáncer

Entre los síntomas principales de un trastorno depresivo podemos enumerar:

Pero, ¿qué estímulos en concreto hacen que las personas con cáncer experimenten dichos estados depresivos?

El cuerpo se convierte en un cuerpo “enfermo”, “defectuoso”, que ya no funciona como debería y con el que es necesario volver a crear un equilibrio diferente. Es él el que impone el ritmo de vida y es necesario darle un respiro y respetar los tiempos de recuperación.

En parte, esto puede hacer que la persona pierda su autonomía y, por ende, que necesite desarrollar la capacidad de confiar en los demás. Puede surgir la sensación de dependencia, lo cual, al mismo tiempo, también puede alimentar un profundo sentimiento de culpa, pues se percibe como “una carga” para la persona que le cuida.

El miedo a la muerte invade la mente de quienes reciben un diagnóstico de cáncer, que sienten que la idea de morir antes de tiempo está más cerca y se vuelve real. De repente, se ven obligados a enfrentarse a un tema difícil, al cual no solían haber pensado. Las personas pueden sentirse solas y perdidas ante el pensamiento acechante de la muerte.

Factores de riesgo de depresión en personas con cáncer

La depresión puede ser una de las complicaciones psicológicas más habituales en personas a las que se les ha diagnosticado cáncer. Además, se ha observado que las personas con cáncer presentan una tasa de depresión tres veces mayor que la población general durante los primeros cinco años tras el diagnóstico (Currier & Nemeroff, 2014).

Hay diferentes factores de riesgo que pueden aumentar la posibilidad de que aparezca depresión durante el proceso oncológico, como:

  • El tipo de cáncer y su localización: algunos tipos de cáncer, como los que afectan al sistema nervioso central o provocan dolor crónico, pueden asociarse a un mayor riesgo de depresión.
  • El estadio de la enfermedad: las personas con cáncer avanzado o metastásico suelen presentar tasas más elevadas de depresión, en parte por la mayor carga de síntomas y la incertidumbre respecto al pronóstico.
  • El dolor y los síntomas físicos: el dolor persistente, la fatiga y la pérdida de funcionalidad física pueden influir de manera importante en la aparición de síntomas depresivos.
  • La red de apoyo social: contar con poco apoyo familiar o social puede aumentar el riesgo de depresión, mientras que una red de apoyo sólida puede ayudar a proteger frente a ella.
  • Los antecedentes psiquiátricos: las personas con antecedentes de depresión, ansiedad u otros trastornos del estado de ánimo pueden tener más probabilidad de experimentar depresión durante el proceso oncológico.

Identificar estos factores resulta esencial para poder detectar a tiempo y abordar de manera adecuada la depresión en personas que viven con cáncer.

depresión y cáncer
Foto de Engin Akyurt (Unsplash)

El diagnóstico de depresión en el cáncer

La psicooncología es la disciplina que se ocupa de abordar la confusión emocional en la que se ven envueltas las personas que reciben un diagnóstico de cáncer. Por lo tanto, los profesionales especializados en este ámbito pueden contribuir de forma decisiva en el diagnóstico y en el tratamiento de la depresión que aparece a raíz del tumor.

El diagnóstico de depresión en pacientes oncológicos se puede realizar mediante una entrevista personal o con un cuestionario de screening. Sin embargo, supone todo un reto porque la depresión puede surgir en cualquier fase de la enfermedad.

Por eso, no podemos decir que “la hemos evitado” simplemente si no se presenta inmediatamente después del diagnóstico, sino que es importante monitorizar de manera constante los estados emocionales de la persona y con ello, a través de la detección e intervenciones tempranas, actuar en la reducción de riesgos futuros.

Del mismo modo, en el lado opuesto, en estos casos también se corre el riesgo de diagnosticar la depresión demasiado rápido: de hecho, es necesario reconocer que experimentar una angustia transitoria es totalmente normal.

La integración como palabra clave

Además de los síntomas que hemos explorado, las personas suelen quejarse mucho de la poca empatía o la comunicación ineficaz que demuestra el personal sanitario. El fuerte vínculo entre mente y cuerpo del que hemos hablado también debe desarrollarse en la atención sanitaria.

Los pacientes pueden tener la sensación de que los médicos solo cuidan del cuerpo, ignorando los aspectos emocionales o su forma de comunicar, mientras que los terapeutas solo se ocupan de la mente. Pero la integración de ambos aspectos no solo es posible, sino que también es necesaria.

Es fundamental permitir que el cuerpo y la mente dialoguen y, por lo tanto, contar con profesionales que se ocupen de ello, abriendo un espacio de trabajo interdisciplinario, con el fin de garantizar que ambas dimensiones estén alineadas.

Solapamiento diagnóstico de cáncer y depresión

La depresión y la terapia contra el cáncer son dos aspectos estrechamente interconectados.

Las personas con un trastorno depresivo pueden presentar un peor aspecto en relación a la evolución de la patología, lo cual puede inducir a los médicos a pensar que se encuentran en un estadio más avanzado de la enfermedad. Sin embargo, esta hipótesis puede ser fácilmente desmentida por un examen clínico y evaluando sistemáticamente la depresión para no confundirla con un empeoramiento del cáncer.

En cambio, el tratamiento farmacológico para curar el cáncer incluye medicamentos esteroides y algunos agentes de quimioterapia que pueden contribuir a la aparición de la depresión entre las personas más vulnerables. Lo cual requiere ser valorado ante la necesidad de un tratamiento psicofarmacológico.

Impacto de la depresión en la evolución y pronóstico del cáncer

La presencia de depresión en personas que viven con cáncer puede afectar tanto su bienestar emocional como la evolución de la enfermedad. Por ejemplo, la depresión suele asociarse con una mayor percepción de dolor, una calidad de vida más baja y un aumento del riesgo de complicaciones médicas.

Diversos estudios han encontrado que la depresión mayor se asoció con una peor supervivencia en todos los tipos de cáncer analizados (Walker et al., 2021). Aunque este vínculo puede depender de diversos factores, como el estadio de la enfermedad y la presencia de otras condiciones de salud, la evidencia sugiere que el impacto de la depresión sobre la supervivencia global en pacientes oncológicos es significativo y merece una atención clínica especial.

Por este motivo, detectar y tratar la depresión de manera oportuna en personas con cáncer no solo puede mejorar su calidad de vida, sino también favorecer un impacto positivo en el pronóstico y la evolución de la enfermedad.

El tratamiento de la depresión en pacientes oncológicos mediante la escucha

Tanto si tiene su origen en el diagnóstico como si está provocada por los medicamentos, la depresión (constatada o no) se observa mediante la escucha. Su gestión consiste en una escucha activa y empática orientada a dar voz a todos los sentimientos de tristeza, rabia, culpa o injusticia que experimenta la persona, en lugar de limitarse a animarle a tener una actitud “combativa”.

Es necesario pasar por estas emociones para poder desarrollar una actitud proactiva frente al diagnóstico. Lo que se puede verbalizar, se puede pensar y metabolizar, por eso es fundamental proporcionar apoyo psicológico a las personas con cáncer.

En los casos más graves, como los que perduran en el tiempo, se recurre a la terapia con medicamentos a base de psicofármacos como los antidepresivos, los cuales también contribuyen a aliviar síntomas como el insomnio, el dolor o la falta de apetito.

tratamiento de la depresión en pacientes con cáncer
Foto de National Cancer Institute (Unsplash)

Curar la depresión mediante la psicoterapia

En los casos en los que la depresión en personas con cáncer se pueda tratar únicamente con la psicoterapia, es recomendable adoptar un enfoque integrador. De hecho, en tres estudios aleatorizados, la psicoterapia no solo demostró beneficios emocionales, sino también un aumento significativo en el tiempo de supervivencia de pacientes con cáncer de mama (18 meses), linfoma y melanoma maligno (Spiegel, 1996).

El objetivo principal que se persigue en la psicoterapia con una persona oncológica es procesar la experiencia mórbida, así como los estados de ánimo que esta implica. Luego, inevitablemente, se establecen vínculos con respecto a la vida de la persona, en función de las experiencias previas estimuladas por la enfermedad. El presente hace continuamente llamamiento al pasado, con todas sus pérdidas e inquietudes.

Enfoques terapéuticos para los pacientes oncológicos con depresión

Existen diferentes enfoques que los profesionales pueden utilizar para el tratamiento:

  • La terapia psicodinámica, que se dedica a analizar los mecanismos de defensa de la persona y a identificar los puntos de resistencia (los cuales son más difíciles de afrontar), con una mayor inmersión en el pasado.
  • La terapia cognitivo conductual, que se centra más en síntomas concretos (por ejemplo, la ansiedad antes de la quimio), intentando resolverlos o reducir sus efectos, trabajando en el “aquí y ahora” y proporcionando estrategias de acción específicas en los momentos difíciles.
  • La terapia sistémica, que se dedica a investigar de forma circular qué sucede en los sistemas de vida de la persona cuando está en una situación de vulnerabilidad, cómo reaccionan las personas más importantes de su vida y qué reacciones desatan en la persona.

Abordaje multidisciplinar de la depresión en oncología

El acompañamiento de la depresión en personas que conviven con cáncer implica la colaboración de diferentes profesionales de la salud. Un enfoque multidisciplinar, que integre a oncólogos, psiquiatras, psicólogos y personal de enfermería, resulta esencial para ofrecer una atención integral y adaptada a cada persona.

Algunas recomendaciones respaldadas por la evidencia para abordar la depresión en el contexto oncológico incluyen:

  • Evaluación sistemática del estado emocional: realizar valoraciones periódicas del estado de ánimo, utilizando entrevistas clínicas y cuestionarios validados, puede facilitar la detección temprana de síntomas depresivos.
  • Comunicación abierta y empática: crear un espacio de diálogo donde la persona pueda expresar sus emociones y preocupaciones, sin temor a ser juzgada, contribuye a disminuir el estigma asociado a la depresión.
  • Intervenciones psicológicas adaptadas: ofrecer psicoterapia individual o grupal, ajustada a las necesidades y preferencias de cada persona, puede favorecer el afrontamiento y la calidad de vida.
  • Coordinación con el equipo médico: mantener una comunicación constante entre los diferentes profesionales permite ajustar los tratamientos médicos y psicológicos de manera segura y eficaz.
  • Apoyo a la familia y cuidadores: incluir a los familiares en el proceso terapéutico y facilitarles recursos de apoyo ayuda a crear un entorno más favorable para el bienestar emocional de la persona.

Estas estrategias refuerzan la importancia de atender la depresión en el cáncer como una prioridad dentro del cuidado de un paciente oncológico.

Las rutinas para mejorar la calidad de vida

Más allá de la psicoterapia, o en paralelo a la misma, existen diversos ámbitos hacia los que la persona puede dirigir sus esfuerzos para mejorar su propia calidad de vida.

Entre ellos, cabe mencionar el hecho de no descuidar la alimentación, por ejemplo, consultando a un nutricionista, y mantener un buen nivel de actividad física. Pasear, meditar y practicar yoga son algunos ejemplos de formas idóneas de parar, conectar con el presente y recuperar el equilibrio perdido en el ajetreo del día a día.

Por último, cultivar vínculos auténticos que sirvan de apoyo en los momentos difíciles puede resultar un recurso de suma importancia, sobre todo en los diagnósticos de depresión.

En resumen, el antiguo proverbio latino mens sana in corpore sano sigue estando a la orden del día, y es válido para todo el mundo y para cualquier situación a la que nos enfrentemos en nuestra vida.

cáncer y depresión
Foto de Gus Moretta (Unsplash)

El peso del cáncer para los cuidadores

La enfermedad es un evento que afecta a todo el sistema afectivo de la persona; así que, para poder ser de ayuda, es importante prepararse y mantener una “mente sana”.

¿Qué puede hacer el cuidador? Una cosa que todos deberían hacer de vez en cuando es tomarse un descanso de la carga emocional y física de cuidar de alguien.

Hacer un hueco para poder quedar con un amigo, echar una partida de fútbol, pintar, ir al karaoke o salir a correr. Incluso si a veces podemos sentirnos culpables por tomarnos ese tiempo. Sacar un hueco para uno mismo es, cuanto menos, fundamental para no correr el riesgo de aislarse y echarse a la espalda todo el peso de la situación.

En este aspecto, puede ser beneficioso, desahogarse y sentirse escuchado en grupos de ayuda especializados o a través de un programa de terapia individual. Además, puede ser útil informarse sobre los recursos y asociaciones que ofrecen asistencia psicológica gratuita en nuestra zona de residencia.

La necesidad de cuidar de las relaciones que curan

En conclusión, el tratamiento del cáncer y de la depresión que puede surgir en la experiencia oncológica afecta a las relaciones que la persona tiene con sus seres queridos y con el personal sanitario, por lo que es importante prestarles atención.

Es crucial permitirse tiempo y espacio para la autoescucha, prestar atención al propio dolor y a las necesidades de los demás. Esto implica aceptar los pensamientos de la otra persona tal como son, por muy sombríos y difíciles que parezcan de manejar, sin intentar dulcificarlos. Recuerda que, por muy complicada que parezca la situación, siempre es posible pedir ayuda.

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