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Salud mental
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¿Qué son los psicofármacos? Tipos, efectos y uso en psicoterapia

¿Qué son los psicofármacos? Tipos, efectos y uso en psicoterapia
Nicola Zingaro
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
26.1.2026
¿Qué son los psicofármacos? Tipos, efectos y uso en psicoterapia
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 El uso de psicofármacos en el contexto de la psicoterapia ha crecido considerablemente a lo largo de los años, en parte fomentado por el desarrollo de nuevos fármacos cada vez más eficaces para una variedad de trastornos mentales que anteriormente contaban con opciones terapéuticas limitadas. No obstante, es frecuente tener dudas sobre las terapias psicológicas combinadas con psicofármacos y preguntarse:

  • para qué sirven;
  • cómo funcionan;
  • cuáles son los posibles efectos secundarios y contraindicaciones;
  • cuándo es aconsejable tomarlos.

Vamos a intentar responder a algunas de estas preguntas, empezando por qué son los psicofármacos y su uso junto a la intervención psicoterapéutica. No obstante, antes de continuar, es importante aclarar que los psicofármacos solo deben tomarse bajo prescripción de un profesional sanitario, tras un diagnóstico preciso.

A este respecto, cabe precisar que en España solo un médico (generalista o psiquiatra) puede recetar psicofármacos. En cambio, los profesionales de la psicología pueden sugerir al paciente una consulta con especialistas médicos e iniciar, si es necesario, una estrecha colaboración en interés del paciente.

¿Qué son los psicofármacos?

Según la RAE la definición de psicofármacos es:

Medicamento que actúa sobre la actividad mental”.

Para este tipo de medicamentos también puede utilizarse la denominación de fármacos psicotrópicos o agentes psicotrópicos, siempre que el medicamento al que nos refiramos modifique la actividad del sistema nervioso central y tenga un impacto en la actividad mental y emocional de la persona.

Historia de los psicofármacos

La historia de los psicofármacos es bastante reciente, si tenemos en cuenta que, ya en la antigüedad, el ser humano utilizaba una serie de sustancias naturales capaces de alterar la percepción de la realidad (a menudo con efectos alucinatorios), modificar el pensamiento y tratar ciertas patologías desde una perspectiva empírica y no sistematizada.

Estos medicamentos han sido una herramienta fundamental en el tratamiento de trastornos psiquiátricos, aunque con el tiempo se ha visto que no son la única solución (y a veces ni la más eficaz) para tratar este tipo de problemas de salud. Con todo, la utilización adecuada de los psicofármacos, bajo la supervisión de profesionales de la salud mental, puede ser un componente crucial en la mejora de la calidad de vida de los pacientes cuando se integran en un plan terapéutico más amplio.

qué es un psicofármaco
Foto de Tima Miroshnichenko (Pexels)

¿Qué es la psicofarmacología?

La definición de psicofarmacología es la siguiente:

“Disciplina que se encarga de investigar cómo los psicofármacos interactúan con el sistema nervioso central y cómo pueden influir en el tratamiento de los trastornos mentales.”

La psicofarmacología moderna puede situarse en torno a la década de 1950, cuando se descubrieron las propiedades antipsicóticas de la reserpina y las calmantes de la clorpromacina. La investigación química y farmacológica se amplió posteriormente hasta incluir numerosos fármacos utilizados para tratar:

Sin embargo, muchos problemas emocionales y de salud mental no son reducibles a un desequilibrio bioquímico. Como sabemos, los problemas psicológicos tienen su origen en acontecimientos vitales y están influidos por ellos. Por lo tanto, dado que los fármacos no cambian la forma en que las personas se relacionan psicológicamente con sus experiencias, por sí solos no pueden resolver estos problemas ni modificar patrones cognitivos, emocionales o relacionales aprendidos.

Haciendo un símil, el tratamiento únicamente con medicamentos es como suturar una herida de bala sin antes extraerla.

Tipos de psicofármacos

Los psicofármacos más utilizados en el tratamiento de los trastornos mentales actúan sobre la regulación de los neurotransmisores del sistema nervioso central (como la dopamina y la serotonina). Algunos fármacos utilizados en psiquiatría tienen indicaciones terapéuticas más amplias, pero básicamente podemos dividirlos en 4 grupos de psicofármacos principales: antipsicóticos, ansiolíticos, antidepresivos y estabilizadores del ánimo.

Los psicofármacos se clasifican en diferentes categorías según su mecanismo de acción y los trastornos mentales que tratan. De este modo también se facilita la comunicación entre profesionales.

A continuación desglosamos la clasificación de los psicofármacos que suele utilizarse con más frecuencia:

Antipsicóticos

Los antipsicóticos son medicamentos psiquiátricos que suelen utilizarse para tratar algunos trastornos psicóticos, como la esquizofrenia. También pueden emplearse en situaciones específicas de trastorno bipolar o cuando la depresión no responde a otros tratamientos farmacológicos. Su acción principal consiste en bloquear ciertos receptores de dopamina en el cerebro, lo que puede ayudar a disminuir síntomas como los delirios, las alucinaciones y la agitación psicomotora.

Existen dos grupos principales:

  • Los antipsicóticos típicos (de primera generación): como el haloperidol. Suelen ser eficaces para reducir los síntomas positivos de la psicosis, aunque pueden asociarse con un mayor riesgo de efectos secundarios motores, como temblores o rigidez.
  • Los antipsicóticos atípicos (de segunda generación): como la risperidona o la quetiapina. Estos medicamentos presentan un perfil de efectos secundarios diferente y, en general, suelen ser mejor tolerados.

Entre los efectos secundarios más frecuentes de los antipsicóticos se encuentran:

  • el aumento de peso,
  • la somnolencia,
  • los cambios metabólicos (como la aparición de diabetes),
  • en algunas ocasiones, los síntomas motores.

El aumento severo de peso se ha asociado principalmente con el uso de antipsicóticos de segunda generación, especialmente olanzapina, así como con antidepresivos y anticonvulsivantes (Schneider et al., 2020). Así que es importante contar con un seguimiento médico regular para ajustar la dosis, vigilar posibles complicaciones y realizar controles rutinarios de parámetros de laboratorio, además de electrocardiogramas periódicos en pacientes que reciben neurolépticos (Schmidmeier, 2006).

Ansiolíticos

Los ansiolíticos son psicofármacos que se emplean principalmente para ayudar a reducir la ansiedad, el nerviosismo y los síntomas relacionados con los trastornos de ansiedad. El grupo más conocido son las benzodiacepinas, que también pueden utilizarse como hipnóticos para abordar dificultades con el insomnio.

  • Las benzodiacepinas: actúan al potenciar el efecto del neurotransmisor GABA, lo que genera un efecto calmante y relajante. Algunos ejemplos son el diazepam, el lorazepam y el alprazolam.
  • Los hipnóticos no benzodiacepínicos: como el zolpidem, se emplean de manera específica para el insomnio y suelen tener un perfil de acción más breve.

Es fundamental que el uso de estos fármacos sea siempre temporal y esté supervisado por un profesional de la salud, ya que existe la posibilidad de desarrollar tolerancia y dependencia.

Entre los efectos secundarios más frecuentes de los ansiolíticos se encuentran:

  • la somnolencia durante el día,
  • la disminución de la concentración y de la coordinación,
  • en ocasiones, las alteraciones de la memoria.

El uso prolongado puede favorecer la aparición de una dependencia física y psicológica, por lo que la retirada debe realizarse de forma gradual y bajo el acompañamiento de un profesional.

Antidepresivos

Los antidepresivos son psicofármacos utilizados para acompañar el tratamiento de los trastornos depresivos y, en algunos casos, de otras condiciones como la ansiedad o el dolor crónico. Su función principal es modificar la actividad de neurotransmisores como la serotonina, la noradrenalina y la dopamina, sustancias químicas que pueden influir en el estado de ánimo y el bienestar emocional.

Existen diferentes tipos de antidepresivos, entre los que se encuentran:

  • Los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS): aumentan la cantidad de serotonina disponible en el cerebro, lo que puede favorecer la mejoría del ánimo y ayudar a reducir la ansiedad. Algunos ejemplos son la sertralina y el escitalopram.
  • Los inhibidores de la recaptación de serotonina y noradrenalina (IRSN): actúan sobre ambos neurotransmisores, como la venlafaxina y la duloxetina.
  • Los antidepresivos tricíclicos: se utilizan desde hace más tiempo y suelen reservarse para situaciones en las que otros tratamientos no han resultado eficaces, ya que pueden tener más efectos secundarios.
  • Los inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO): actualmente se emplean con menor frecuencia debido a sus posibles interacciones y restricciones alimentarias, aunque pueden ser útiles en algunos casos que no responden a otros tratamientos.

Es importante recordar que los antidepresivos pueden necesitar varias semanas para mostrar su efecto completo y su empleo es complementario a otras técnicas de terapia para salir de la depresión.

Entre los efectos secundarios más habituales de los antidepresivos se encuentran:

  • las molestias gastrointestinales,
  • la somnolencia,
  • la sequedad de boca,
  • en algunas personas, los cambios en la función sexual.

Además, interrumpir el tratamiento de forma repentina puede provocar síntomas de abstinencia, por lo que siempre conviene hacerlo bajo la supervisión de un profesional de la salud.

‍Estabilizadores del estado de ánimo

Los estabilizadores del ánimo son medicamentos que se utilizan para ayudar a prevenir las variaciones intensas del estado de ánimo, especialmente en personas con trastorno bipolar. Su función principal es disminuir la frecuencia y la intensidad de los episodios de manía y depresión.

Entre los principales estabilizadores del ánimo se encuentran:

  • El litio: es el medicamento de referencia para el tratamiento del trastorno bipolar. Es importante realizar controles periódicos de sangre para evitar posibles efectos adversos y para vigilar la función renal y tiroidea.
  • Los anticonvulsivantes: como el ácido valproico y la lamotrigina, que también han mostrado eficacia en la estabilización del estado de ánimo.

Entre los efectos secundarios más frecuentes de los estabilizadores del estado de ánimo se encuentran:

  • los temblores,
  • el aumento de peso,
  • las molestias digestivas.

En el caso del litio, existe riesgo de toxicidad si no se controla adecuadamente. Por este motivo, resulta fundamental mantener un seguimiento médico regular y una comunicación cercana con el profesional de referencia.

Consumo de psicofármacos en España

En España el consumo de ansiolíticos y sedantes está en aumento. En un contexto en el que la sanidad pública se encuentra saturada, la Atención Primaria es quien trata los trastornos emocionales más leves como el insomnio, el estrés o la ansiedad.

El consumo de psicofármacos en España ha experimentado un notable aumento en los últimos años. Según informes del Ministerio de Sanidad, los principales psicofármacos consumidos son ansiolíticos y antidepresivos. Su uso se ha incrementado más del 27 % desde 2010. España ocupa el primer lugar a nivel mundial en el consumo de benzodiazepinas, uno de los psicofármacos más utilizados en salud mental, superando a otros países.

La falta de recursos y atención sanitaria en el sistema de salud pública es un factor importante que contribuye al aumento del consumo de psicofármacos. En comparación con otros países europeos, España cuenta con una menor cantidad de psicólogos y psiquiatras por cada 100,000 habitantes. Esto genera largas listas de espera para acceder a especialistas en salud mental en el sistema público, lo que lleva a que los médicos de cabecera receten psicofármacos para tratar la ansiedad y la depresión sin derivar a los pacientes a especialistas.

Es importante destacar que el seguimiento y control de los tratamientos con psicofármacos por parte de especialistas en salud mental es crucial para garantizar una respuesta adecuada a los diagnósticos y evitar la dependencia a estos medicamentos. Muchas veces, el consumo de psicofármacos se convierte en una adicción con receta médica, y su retirada puede resultar complicada si no se acompaña de un abordaje psicoterapéutico adecuado. Por lo tanto, es necesario mejorar el acceso a la atención de la salud mental, ofrecer un seguimiento adecuado de los tratamientos y contar con los recursos necesarios para una intervención óptima.

psicofármacos más comunes
Foto de Pixabay

Cómo actúan los psicofármacos

Para entender cómo funcionan los psicofármacos hay que hablar de cómo actúan y cuáles son sus mecanismos de acción. Estos medicamentos actúan en el organismo de diversas maneras para influir en la actividad mental y emocional. Cada clase de psicofármaco tiene un mecanismo de acción específico. Por ejemplo:

  • Los antidepresivos suelen aumentar los niveles de determinados neurotransmisores, como la serotonina, para mejorar el estado de ánimo y reducir los síntomas depresivos.
  • Los ansiolíticos actúan como depresores del sistema nervioso central, disminuyendo la actividad neuronal y reduciendo los niveles de ansiedad.
  • Los psicofármacos para dormir, como los hipnóticos o relajantes, y los psicofármacos estimulantes, proporcionan energía a la persona.
  • Los estabilizadores del estado de ánimo, como el litio, ayudan a regular los desequilibrios químicos en el cerebro, lo que puede ser beneficioso en el tratamiento del trastorno bipolar.
  • Los antipsicóticos suelen bloquear los receptores de dopamina en el cerebro para reducir los síntomas psicóticos, como alucinaciones o delirios.

Es fundamental contar con la prescripción y supervisión adecuada de profesionales de la salud mental, ya que cada persona puede reaccionar de manera diferente a los psicofármacos. Esta variabilidad en la respuesta se debe, en parte, a diferencias genéticas tanto entre como dentro de grandes grupos poblacionales, lo que influye en la capacidad individual para metabolizar medicamentos psicotrópicos (Ninnemann, 2012).

Además, los medicamentos son herramientas para aliviar los síntomas y estabilizar la condición de la persona, pero no constituyen una solución definitiva.

¿Qué ocurre si uno deja de tomar psicofármacos bruscamente?

Si una persona decide dejar de tomar un psicofármaco por su cuenta, puede experimentar efectos secundarios como síndrome de abstinencia, exacerbación del trastorno o recaída de la enfermedad. Por ello, es importante que la interrupción de los psicofármacos se acuerde con el médico, quien guiará al paciente hacia una reducción gradual de las dosis, hasta la interrupción total de los psicofármacos y el fin de la terapia.

También debe tenerse en cuenta que los psicofármacos pueden alterar las capacidades para conducir con seguridad, ocasionando problemas como somnolencia, dificultades de concentración, mareos, disminución de reflejos, cambios de humor o alteraciones en la visión. Por este motivo, es fundamental que siempre haya una supervisión del profesional de salud mental antes de llevar a cabo cualquier actividad que pueda suponer un riesgo para la salud o la integridad de la persona.

Ventajas y desventajas de los psicofármacos

El uso de psicofármacos ofrece una serie de ventajas, pero también desventajas. Veamos cuáles son:

Ventajas de los psicofármacos

  • Alivio rápido y efectivo de los síntomas de trastornos mentales.
  • Estabilización de los desequilibrios químicos en el cerebro, mejorando el funcionamiento general.
  • Complemento a otras intervenciones terapéuticas, como la terapia psicológica.
  • Ayuda a mejorar la calidad de vida de las personas afectadas por trastornos mentales.

Desventajas de los psicofármacos

  • Posibles efectos secundarios no deseados, como somnolencia, disminución de la libido o cambios en el apetito.
  • Riesgo de desarrollar dependencia o tolerancia a los psicofármacos.
  • No abordan las causas subyacentes de los trastornos mentales, centrándose principalmente en el alivio de los síntomas.
  • Requieren una supervisión cuidadosa por parte de profesionales de la salud mental para ajustar dosis y evaluar efectos secundarios.

Los efectos secundarios de los psicofármacos

El miedo a tener que tomar medicación psiquiátrica, debido a los posibles efectos secundarios, puede ser una de las razones que inhiben a las personas de iniciar una psicoterapia. Pero acudir a un psicólogo no significa tomar psicofármacos, aunque en algunos casos pueden ser necesarios.

¿Es cierto que los psicofármacos son malos? ¿Dañan el cerebro? Los psicofármacos pueden provocar ciertos efectos secundarios a corto y largo plazo, por lo que solo deben tomarse bajo supervisión médica. La tarea de los médicos y profesionales de la salud mental es precisamente proteger el bienestar del paciente sopesando cuidadosamente los pros y los contras de tomar los fármacos.

Entre los efectos secundarios más comunes de las distintas clases de fármacos psicoactivos se encuentran:

  • Disfunción sexual, como eyaculación retardada y anorgasmia.
  • Taquicardia, sequedad de boca, estreñimiento, mareos.
  • Ansiedad, insomnio, cambios en el peso corporal.
  • Mareos, cansancio o astenia, reacciones lentas, somnolencia.
  • Déficit de memoria, erupciones cutáneas, hipotensión arterial.

En realidad, todos los medicamentos en general (incluso el paracetamol más común) tienen efectos secundarios. Si alguien sufre trastornos que considera incapacitantes, es necesaria la labor de un psiquiatra, junto con la de un psicólogo.

Otro efecto secundario poco frecuente es el efecto paradójico, es decir, la producción de efectos indeseables diferentes y/o contrarios a los previstos, y si esto ocurre, hay que alertar al médico.

Los estudios de un grupo de neurocientíficos han investigado este fenómeno, esbozando las bases para producir fármacos con un mayor índice terapéutico y menos efectos secundarios (Fischer et al., 2014). Entre ellos, la posible adicción, cuyos efectos también pueden controlarse mediante psicoterapia.

psicofármacos más utilizados en salud mental
Foto de Shvets Production (Pexels)

Adicción a los psicofármacos

El abuso de psicofármacos es una preocupación creciente en la actualidad. Estos medicamentos, diseñados para tratar trastornos mentales y emocionales, pueden generar dependencia cuando se consumen de manera prolongada o sin supervisión adecuada.

Muchas personas que inician un tratamiento con psicofármacos pueden verse atrapadas en un ciclo de consumo continuo, ya que experimentan una sensación de seguridad y alivio emocional que los lleva a depender de estas sustancias. Sin embargo, con el tiempo ese alivio desaparece en favor de un sentimiento de apatía y necesidad urgente de consumir para evitar el malestar de la abstinencia.

La adicción a los psicofármacos es un problema grave que requiere atención profesional y un enfoque integral para la recuperación, que incluya terapia psicológica y un plan de desintoxicación gradual y supervisado adaptado a las características clínicas y psicológicas del paciente, del mismo modo que ocurre en otro tipo de intervenciones en adicciones a sustancias.

Psicoterapia y psicofármacos: ¿sí o no?

Dependiendo de la afección relacionada con la salud mental deberán tomarse o no. Los psicofármacos ayudan y pueden apoyar al tratamiento psicoterapéutico, lo que permitirá a la persona obtener más y mejores efectos terapéuticos.

Varios estudios han demostrado la eficacia de la medicación junto con la psicoterapia (Otto et al., 2010). Por ejemplo, la terapia cognitivo-conductual combinada con medicación específica tiende a producir una mejora significativa de los síntomas del trastorno por ataques de pánico, la ansiedad crónica y otros trastornos del estado de ánimo.

Aunque hay psiquiatras que, dependiendo del trastorno que tengan que tratar, no utilizan psicofármacos, en general, no parece que haya psiquiatras que digan estar "en contra" de los psicofármacos, que, en un tratamiento a corto plazo, resultan ser tan eficaces como la terapia psicológica.

Por supuesto, un resultado deseable de la psicoterapia (un tratamiento que en algunos problemas de salud mental tiene una eficacia a largo plazo superior a la medicación) es la reducción o eliminación de la necesidad de psicofármacos u otros medicamentos cuando la evolución clínica lo permite.

Fármacos psicotrópicos, terapia psicológica y bienestar mental

Muchos problemas de salud emocional y psicológica pueden beneficiarse del tratamiento combinado de medicación y psicoterapia. Por ello, es fundamental acudir a un profesional del bienestar psicológico capaz de realizar un diagnóstico correcto y, si es necesario, implicar a médicos y psiquiatras para una terapia farmacológica en función del alcance del trastorno diagnosticado.

Asimismo, un psicólogo puede despejar cualquier duda sobre las terapias combinadas con psicofármacos y dar las indicaciones adecuadas.

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