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El diablo viste de Prada 2: identidad, poder y transformación en el trabajo contemporáneo

El diablo viste de Prada 2: identidad, poder y transformación en el trabajo contemporáneo
Ilaria Tonelli
Ilaria Tonelli
Psicóloga con orientación Psicodinámica
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
5.5.2026
El diablo viste de Prada 2: identidad, poder y transformación en el trabajo contemporáneo
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La esperada secuela de El diablo viste de Prada ofrece un terreno especialmente fértil para un análisis psicológico de la identidad y la dinámica relacional en el lugar de trabajo contemporáneo. Si la primera película representaba un recorrido clásico de iniciación profesional, este segundo capítulo se presta a una lectura más compleja: ya no se trata solo de adaptación, sino de redefinición del yo, gestión del poder y negociación de los valores personales.

Los personajes son adultos o mayores y se plantean preguntas diferentes a las de la primera parte. La protagonista es una periodista consagrada y premiada a la que despiden por SMS y, con ella, a sus compañeros. La rapidez del mundo laboral también pone de relieve su fluidez. Al conseguir un nuevo puesto, Andy (Anne Hathaway) vuelve a trabajar con Miranda (Meryl Streep) y Nigel (Stanley Tucci); la primera está en la edad adulta, mientras que los otros dos están en plena madurez.

“Necesitabas un trabajo, aceptaste el trabajo, ahora encuentra la forma de hacerlo” (cita de Stanley Tucci)

En la primera película, el protagonista Andy encarnaba el conflicto entre autenticidad y adaptación. En la secuela, la atención se centra en la identidad establecida: ¿qué ocurre cuando el yo profesional ya está estructurado pero se rompe? Andy consigue el nuevo trabajo pero no puede entender cómo se supone que debe hacerlo, o mejor dicho, no puede entender lo que la empresa quiere realmente. Está en constante conflicto entre lo que "debería" hacer y lo que "le gustaría" hacer.

Andy busca constantemente confirmación, validación. Aunque tiene las herramientas y las habilidades, es incapaz de explotar sus verdaderos recursos, su verdadero yo. El potencial no expresado se convierte en un obstáculo, mientras que Nigel, su verdadero mentor, la anima a "despojarse" de las expectativas y dar voz a sus recursos interiores.

Desde una perspectiva psicológica, este proceso puede leerse a través del concepto de identidad narrativa: los individuos construyen una historia coherente de sí mismos, pero los acontecimientos de la vida, como nuevos retos laborales o encuentros con figuras del pasado, pueden desestabilizarla. El regreso de Miranda Priestly actúa como un "espejo de identidad" que obliga a Andy a enfrentarse a aquello en lo que se ha convertido.

De hecho, a Andy le cuesta expresarse porque aún no se ha definido realmente. De hecho, Andy pronuncia varias veces la frase "Lo hice porque quería ayudar, lo hice por ti", recibiendo como respuesta "Piensa por ti misma" (cita de Meryl Streep). Este pensar por sí misma le es devuelto con cierta agresividad y perentoriedad, desorientando a Andy, que intenta crear una relación desequilibrada colocándose en una posición sumisa.

Poder, control y liderazgo

Miranda representa una forma de liderazgo autoritaria pero muy competente. Desde una perspectiva psicodinámica, su estilo puede interpretarse como una defensa narcisista estructurada: control, perfeccionismo y distancia emocional como herramientas para mantener la estabilidad interna.

En la secuela, es interesante observar si esta estructura se rompe y cómo. De hecho, el poder no es estático: según la teoría de los sistemas relacionales, solo existe dentro de la dinámica interpersonal. Cualquier cambio en Miranda sugeriría una transformación en su capacidad de mentalización y gestión de la empatía.

A Miranda le encanta su trabajo, pero comprende que el mundo de la moda la ha devorado, haciendo que se haya perdido participar en la vida de sus hijas. Trabajar con Miranda significa estar de su lado o al margen. Su liderazgo no deja lugar a dudas, aún estando al margen estás de su lado. Miranda es un personaje complejo y estructurado que, aunque desafiado por la nueva forma de trabajar, tiene una base sólida.

La nueva generación pone límites: hay cosas que no se deben decir (por ejemplo, no se pueden utilizar términos que puedan asociarse con el racismo o el body shaming), otras cosas se nombran de otra manera (en vez de decir competencias se dice expertise). Miranda responde con su aplomo inquebrantable, hablando con la mirada y sonriendo a sus espaldas. Ella es quien creó Runway, quien encarna el estilo, quien dicta las normas, ella es el icono a seguir. En la mesa, las nuevas incorporaciones son incapaces de crear, como mucho solo de sustituir.

Todos quieren esta vida, todos quieren ser nosotros: el conflicto entre los valores personales y las exigencias externas

Uno de los temas centrales es la tensión entre el éxito profesional y la integridad personal. Este conflicto puede leerse a través de la lente de la disonancia cognitiva: cuando las acciones que exige el contexto laboral chocan con los valores individuales, se genera un estado de malestar psicológico.

En la primera película, Andy resolvía la disonancia mediante una ruptura limpia. En la secuela, es plausible que el conflicto se procese de un modo más maduro: ya no se trata de una huida, sino de una integración. Esta transición refleja un desarrollo psicológico hacia formas más complejas de regulación interna. Andy aún no ha decidido cómo "madurar" en una relación y en esta segunda parte sienta las bases para una relación más madura.

Miranda le hace comprender indirectamente que somos humanos y no somos perfectos. Ante la Última Cena de Leonardo, Miranda se detiene en un detalle: Jesús está sin aureola, lo que significa precisamente que es humano. Esta asociación permite a Andy comprender que las personas pueden ser imperfectas y que incluso ella, con sus defectos, es humana.

Relaciones y apego en el contexto laboral: alianza en femenino

La relación entre Andy y Miranda también puede interpretarse en términos de apego adulto. Miranda asume rasgos de una figura de apego evitativo: distante, exigente, emocionalmente inaccesible. Andy responde inicialmente de forma ansioso-dependiente, buscando aprobación.

En la segunda película, la relación evoluciona hacia una mayor reciprocidad o, por el contrario, poniendo de relieve la dificultad de romper con los patrones relacionales establecidos. Este aspecto es crucial para entender cómo las relaciones profesionales pueden reproducir los primeros patrones afectivos.

Andy se da cuenta de que tiene los recursos, no solo las habilidades, para formar equipo con Miranda y encuentra una forma más adulta de relacionarse con ella. El diablo viste de Prada pone de relieve la alianza en femenino. Miranda recibe ayuda de otra mujer, Sasha Bernes, (Lucy Liu) que consolida una alianza económica con ella, pero en realidad se trata de una profunda transacción relacional de ayuda mutua.

La relación entre Andy y Emily (Emily Blunt) puede asociarse a la relación entre hermanas: envidia, antagonismo. Si se superan estas fases de rivalidad, se genera en cambio una relación de profunda alianza. En efecto, las dos mujeres consiguen abrirse, establecer límites y aceptarse con ironía.

Los hombres desempeñan un papel aparentemente marginal, en el que Nigel encarna la figura del padre bueno y protector. Nigel sabe mover bien los peones de la partida y acepta humildemente permanecer en la sombra, al margen. Nigel es la "base segura" de Miranda, hace su trabajo en silencio y deja que las mujeres se luzcan disfrutando del éxito. Nigel ayuda sin pedir nada a cambio. Será reconocido por haber sido "dado por sentado" (cita de Meryl Streep) y por fin podrá hacerse ver.

El tema de la transformación

El cambio ya no es solo estético o de comportamiento, sino existencial. En términos de Jung, podemos hablar de un proceso de individuación: la integración de las diferentes partes del yo, incluidas las más ambivalentes o "sombras".

Miranda, Andy y los demás personajes se convierten en arquetipos de diferentes formas de ser en el mundo del trabajo.

Las mujeres invierten varios procesos del yo. Un yo adaptado donde la exterioridad lo es todo y donde las exigencias corporativas son el dictado de la vida. También interpretan un yo ambicioso, donde llegar a la cima es el objetivo principal. Al mismo tiempo, sin embargo, consiguen enfrentarse a un yo más auténtico, reconociendo sus limitaciones, el precio que han tenido que pagar.

El reto psicológico consiste en integrar estas dimensiones sin escindirse.

Una reflexión sobre la madurez psicológica

El diablo viste de Prada 2 toma la forma de una reflexión sobre la madurez psicológica en el contexto profesional. Ya no se trata de elegir entre éxito y autenticidad, sino de construir una síntesis posible entre ambas dimensiones.

La película se convierte así en una metáfora del trabajo contemporáneo: un lugar donde la identidad, las relaciones y el poder se entrecruzan constantemente, exigiendo flexibilidad, conciencia y capacidad para redefinirse a lo largo del tiempo.

"[...] al fin y al cabo, esta industria multimillonaria gira en torno a esto, la belleza interior".

Imágenes: RTI Business Digital - RTI S.p.A.

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