Otro diciembre y la cuenta atrás para la Navidad ya está en marcha. Los fans ya sacaron hace días las luces, el árbol y el belén, mientras que “los más Grinch” se lamentan del bombardeo de anuncios de familias felices, las maratones de películas navideñas, el consumismo, la marea de luces en calles y tiendas, y el martilleo de los villancicos. Vamos, que están deseando que las fiestas pasen cuanto antes.
Así es la Navidad, un periodo que provoca una explosión de emociones de todo tipo. En este artículo, hablamos de las emociones y sentimientos que suscita la Navidad, y de cómo podemos afrontarlos para vivirla con más serenidad.
Emociones en Navidad: ¿cómo afrontarlas?
Las distorsiones en la percepción del paso del tiempo respecto a eventos anuales como la Navidad son comunes y se observan en diferentes culturas (Ogden et al., 2024), lo que puede influir en cómo cada persona experimenta la anticipación o el hastío característicos de esta época.
La Navidad es una época del año especialmente emocional. Toda la publicidad y las acciones de marketing van directas a tocarnos las emociones, hasta el punto que parece que estemos obligados a sentir solo las emociones positivas de la Navidad: ilusión, alegría y felicidad. Sin embargo, cada persona tiene su propia Navidad.
Hay quienes recientemente se han separado de la pareja, quienes han perdido un trabajo, quienes están lejos de su familia, quienes han perdido a un ser querido, quienes enfrentan conflictos familiares en Navidad, quienes atraviesan serias dificultades económicas, quienes tienen una enfermedad…
De modo que entre las emociones de la Navidad también pueden aparecer la tristeza, la soledad, la frustración, la añoranza, la rabia e incluso la ansiedad y el estrés, porque la vida real no siempre coincide con los modelos idealizados que podemos ver en algunas peliculas en las que los milagros más insospechados suceden en Navidad.
Pero, entonces, ¿estamos obligados a ser felices en Navidad? No existen normas universales para afrontar los sentimientos en Navidad. Si no te apetece estar contento/a, no pasa nada. No es un deber. Aun así, este es un tiempo que también puede ser estupendo para buscar la forma de adaptarse de la mejor manera posible y de cuidarse a uno mismo.

Emociones en Navidad: ¿qué sentimos?
Desde la perspectiva de la psicología clínica, la Navidad puede funcionar como un factor que desencadena o intensifica síntomas emocionales en personas que atraviesan momentos de vulnerabilidad. Los cambios en el entorno social y en las rutinas pueden influir en la aparición o en el aumento de síntomas relacionados con el estado de ánimo y la ansiedad.
Estudios recientes han identificado la existencia de una "red del espíritu navideño" en el cerebro humano, compuesta por varias áreas corticales, que muestra una activación significativamente mayor en personas que celebran la Navidad con emociones positivas (Hougaard et al., 2015). Sin embargo, también se ha observado que durante el periodo navideño se reportan 91 eventos adversos significativamente más frecuentes, incluso después de controlar por el efecto estacional del invierno y la tendencia general (Hlavaty et al., 2024).
La Navidad puede representar un periodo de riesgo para quienes ya experimentan síntomas de depresión o ansiedad, pero también para quienes están viviendo un duelo, una ruptura o situaciones de soledad. Por este motivo, resulta importante prestar atención a señales como el aislamiento, la irritabilidad o la disminución del interés en actividades habituales durante estas fechas.
Aunque muchas personas pueden experimentar altibajos emocionales en Navidad, buscar apoyo profesional puede ser de gran ayuda cuando el malestar se mantiene en el tiempo o afecta de manera significativa la vida diaria. Reconocer cómo la Navidad influye en la salud mental es un primer paso para abordar las emociones de manera consciente y compasiva.
Al tratarse de un período con un gran componente emocional, las emociones en Navidad pueden ser contradictorias y variadas. Veamos algunas de las emociones más comunes que podemos experimentar en estas fechas:
- Ansiedad y estrés. Encuentros, reencuentros y más encuentros, y todos necesitan de alguien que los planifique y organice. Busca un hueco en la agenda. Vacaciones escolares (“¿Qué hacemos con los niños?”); las compras de víveres y regalos; el fin de año y los cierres de temas laborales… En fin, la lista de cosas por hacer puede resultar agotadora.
- Impotencia a la hora de poner límites. La idea de la felicidad asociada a la Navidad está tan extendida que cuesta comprender que alguien no quiera celebrarla o prefiera pasarla en soledad, así que a veces resulta complicado poner límites y rechazar invitaciones.
- Sentimiento de culpa. Una de las emociones que provoca la Navidad es la culpa cuando se logra poner límites, ya que puede aparecer el típico pensamiento de “deberíamos estar todos juntos”.
- Nervios. Cada familia es un mundo. Hay familias con miembros que no se hablan entre sí o que no acaban de congeniar y ni por Navidad establecen una “tregua” para no aguar las reuniones familiares. Además, la Navidad en familias no tradicionales también puede presentar dinámicas particulares que requieren un extra de adaptación y comprensión durante estas fechas. Es importante respetar las circunstancias de cada familia sin imponer modelos idealizados.
- Nostalgia y tristeza. “Antes me emocionaba mucho la Navidad” ¿Quién no ha escuchado alguna vez esta frase? En estas fechas señaladas, las ausencias pesan mucho y celebrar se hace cuesta arriba cuando se echa en falta a esas personas especiales que no están a nuestro lado. Sentir nostalgia y estar triste en Navidad es algo que le sucede a muchas personas.
- Ilusión, alegría y esperanza. Para los niños la Navidad es una época de emociones como la alegría y la ilusión, aunque también para muchas personas adultas. Es un periodo en el que se hacen nuevos propósitos de cara al futuro que nos ilusionan y nos dan esperanza.
Por otra parte, la Navidad puede vivirse de distinta manera en función de la edad de la persona. Por ejemplo, la Navidad a los 30 puede sentirse como un punto de inflexión emocional. En esta etapa, muchas personas empiezan a vivir la Navidad como padres, descubriendo nuevas responsabilidades y expectativas.
Asimismo, muchas personas empiezan a vivir la Navidad desde una perspectiva diferente, alejándose de la magia infantil para enfrentarse a nuevas responsabilidades y expectativas. Es el momento en el que algunos forman sus propias familias, mientras que otros lidian con rupturas, pérdidas o la sensación de no haber alcanzado ciertas metas personales. Estas emociones pueden generar nostalgia, estrés o incluso una mezcla de ilusión y melancolía.
El odio a la Navidad o el síndrome Grinch
Hay quienes sufren la llamada depresión navideña y quienes tienen una alta aversión a la Navidad. ¿Has escuchado a alguien alguna vez decir “odio la Navidad”? Pues puede que sea algo más que una forma de mostrar desagrado. Hay quienes llegan a odiar la Navidad y todo lo que esto conlleva: decoraciones, música, regalos, celebraciones, etc.
Manifiestan enfado ante el “espíritu navideño” del resto, que además es visto como postureo e hipocresía. Pero, ¿qué hay detrás de todo esto? Puede que sea una herida o un malestar por afrontar.

La dificultad de establecer límites en Navidad
Como mencionamos anteriormente, durante la Navidad, muchas personas pueden encontrar difícil establecer límites ante las demandas familiares y sociales. Esta situación puede generar lo que se conoce como disonancia cognitiva, entendido como un conflicto interno entre lo que realmente se desea hacer y lo que se percibe como una obligación.
Por ejemplo, es posible que alguien quiera disfrutar de una noche tranquila en casa, pero al mismo tiempo experimente culpa por rechazar una invitación familiar.
La presión por cumplir con las expectativas de otras personas en Navidad puede hacer que se priorice el bienestar ajeno sobre el propio, lo que a veces puede dar lugar a emociones como frustración, agotamiento o resentimiento. Para afrontar esta dificultad, resulta útil identificar las propias necesidades y comunicarlas de manera asertiva. Recordar que poner límites no significa rechazar a los demás, sino también cuidar de uno mismo.
Algunos ejemplos prácticos de límites saludables en Navidad pueden ser:
- Decidir a qué eventos asistir: elegir de forma consciente a qué reuniones acudir y a cuáles no, teniendo en cuenta el propio bienestar.
- Establecer horarios claros: comunicar con antelación el tiempo que se dedicará a cada encuentro para evitar sentirse sobrecargado.
- Expresar necesidades emocionales: compartir con la familia o amistades cómo se siente una persona respecto a las celebraciones, sin temor al juicio.
Aprender a poner límites en Navidad puede resultar un proceso desafiante, pero es fundamental para vivir estas fechas de una manera más auténtica y respetuosa con las propias necesidades.
Cómo gestionar las emociones y “sobrevivir” a la Navidad
Veamos algunos consejos sobre cómo manejar las emociones en Navidad:
Identifica cómo te sientes
Identifica qué sientes más allá de “estoy bien” o “estoy mal”:
- Cuando “estás bien”, ¿qué sientes?, ¿ilusión, satisfacción, felicidad?
- Cuando “estás mal”, ¿sientes enfado, melancolía, tristeza, nostalgia?
Cada emoción tiene unos matices diferentes, es importante no meterlas en el mismo saco, identificarlas y reflexionar sobre qué es lo que te hace sentirte así. El autocuidado es importante, si regalas a los demás, ¿por qué no pensar en regalos para levantar el ánimo para ti?
Di no a las autoimposiciones
- “Debería hacer una cena o comida perfecta”, “Debería comprar el regalo ideal”
No te impongas cosas por hacer. En ocasiones nos dejamos arrastrar por todo aquello que “deberíamos” hacer y eso contribuye a generar estrés y ansiedad. Encontrar el equilibrio entre lo que debemos y deseamos hacer es importante para disfrutar de las fiestas con más calma.
Rebaja las expectativas
Evita la idealización excesiva de la Navidad, que nos muestra la publicidad y el cine. Vivir la Navidad con más calma es posible, disfrutando de las pequeñas cosas, incluso si eso significa tomarse un descanso o construir nuevas tradiciones con las que nos sintamos más en sintonía.
Establece límites
No tienes por qué aceptar todas las invitaciones a todas las reuniones navideñas. Establece tus prioridades y rechaza con asertividad aquellas propuestas que no son de tu interés.
Vive la Navidad en el presente
Cada año las fiestas vienen de una manera, todo es temporal y la vida nos trae episodios de felicidad y de tristeza. Hay que aceptar las situaciones actuales, sin vivir en el pasado o sin pensar constantemente en el futuro.
Da el primer paso hacia una Navidad más auténtica y consciente
Recuerda que no hay una única manera de sentir durante la Navidad y todas las emociones son válidas, cumplen una función y merecen ser atendidas. Si en estas fiestas experimentas momentos que pueden resultar complejos o notas que podrías beneficiarte de apoyo para comprender tus emociones, la terapia puede ofrecerte un espacio seguro para conocerte mejor y aprender a cuidar de ti (en Navidad y el resto del año).
Si sientes que necesitas apoyo para afrontar lo que sientes, en Unobravo te ayudamos a encontrar tu psicólogo o psicóloga online, para que puedas contar con un acompañamiento empático y profesional.




