Mucha gente hace ejercicio físico y va al gimnasio por diversos motivos, y mantenerse en forma y cuidar de mantener su cuerpo sano es sin duda uno de ellos. ¿Pero qué sucede cuando se pasa de una pasión por el deporte a una patología? ¿Cuáles son las consecuencias de un culto al cuerpo que se convierte en obsesión? En algunos casos podemos hablar de vigorexia, bigorexia (derivado del inglés: big) o síndrome de Adonis.
En este artículo intentamos responder a las preguntas más habituales sobre la vigorexia, cómo reconocerla, cuáles son sus causas habituales, posibles consecuencias y cómo se puede afrontar.
¿Qué se entiende por vigorexia?
Para comprender mejor el significado de vigorexia, empecemos por su etimología. La palabra vigorexia deriva del latín vigor, que significa “fuerza” y orexis, que significa “apetito”. A partir de esta definición podemos entender que la persona con vigorexia tiene "hambre de fuerza" y, por ello, experimenta una preocupación excesiva y crónica por no tener suficientes músculos y por sentirse excesivamente frágil y poco robusta.
Existen diferentes términos para denominar este trastorno, cuya gravedad e implicaciones clínicas muchas veces tendemos a subestimar: vigorexia, bigorexia, síndrome de Adonis, dismorfia compleja, dismorfia muscular o anorexia inversa.
La vigorexia suele estar especialmente extendida entre quienes acuden habitualmente a los gimnasios y entre los amantes del culturismo, hasta el punto de que a veces también se la denomina "enfermedad del culturista".
Como precisó el psicólogo clínico Tom Hildebrandt, algunos pensamientos y creencias sobre el cuerpo pueden traducirse en una obsesión por los músculos y por el gimnasio o la actividad física en general y, en consecuencia, en la adopción de una dieta inadecuada y decididamente rica en proteínas, que incluso puede llegar a provocar graves complicaciones físicas.
Diagnóstico de la vigorexia
El diagnóstico de la vigorexia requiere una evaluación clínica detallada, ya que sus manifestaciones pueden parecerse a las de otros desafíos relacionados con la imagen corporal o la conducta alimentaria. Los profesionales de la salud mental suelen apoyarse en entrevistas clínicas estructuradas y en la observación de ciertos patrones de comportamiento, como:
- la preocupación constante por la masa muscular,
- el entrenamiento frecuente,
- la insatisfacción persistente con la apariencia física.
Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5-TR), la vigorexia se incluye dentro de la dismorfia muscular, un subtipo del trastorno dismórfico corporal. Los criterios diagnósticos incluyen:
- Preocupación intensa y persistente por no verse lo suficientemente musculoso, incluso cuando la persona ya tiene una musculatura desarrollada.
- Conductas repetitivas como el entrenamiento muy frecuente, la dieta restrictiva o el uso de sustancias para aumentar la masa muscular.
- Dificultades importantes en áreas relevantes de la vida, como el trabajo o las relaciones sociales y familiares, relacionadas con la preocupación por el cuerpo.
Identificar la vigorexia de manera temprana puede ayudar a prevenir complicaciones físicas y emocionales. La colaboración entre psicólogos, psiquiatras y médicos resulta esencial para lograr un diagnóstico preciso y ofrecer un acompañamiento integral.

Síntomas de la vigorexia
“¿Cómo se manifiesta la vigorexia?”
La dependencia del ejercicio físico o la adicción al deporte puede comprometer la salud física, emocional y psicológica, generando altos niveles de estrés en el deporte y en otras actividades. Entre los síntomas de la vigorexia se encuentran:
- Obsesión por la apariencia física: la preocupación constante por no estar lo suficientemente musculoso o en forma es un primer signo de una posible vigorexia.
- Obsesión por el gimnasio y el entrenamiento: la persona dedica un número excesivo de horas a entrenar en el gimnasio, ignorando muchas veces lesiones o signos de fatiga.
- Dieta estricta: seguir dietas extremas o hacer un uso inadecuado de suplementos para aumentar la masa muscular.
- Aislamiento social: el miedo a ser juzgado como no lo suficientemente musculoso puede llevar a quienes padecen vigorexia a reducir o evitar por completo las interacciones sociales.
- Comprobación compulsiva: comprobar repetidamente la apariencia en el espejo o pesarse con frecuencia pueden ser signos de la presencia del trastorno.
- Insatisfacción “crónica”: nunca sentirse lo suficientemente satisfecho con el propio cuerpo, a pesar del progreso físico.
- Uso de sustancias: se pueden usar esteroides anabólicos u otras sustancias para estimular el crecimiento muscular, a pesar de los riesgos para la salud.
Vigorexia y abuso de sustancias
Los graves daños que provoca en el organismo la obsesión por el fitness, como la ingesta de sustancias ilícitas, y la fuerte interferencia social que ello provoca, han hecho que el interés por este nuevo trastorno haya aumentado notablemente.
Un estudio intentó analizar más en profundidad la relación entre la anorexia inversa y el abuso de esteroides, intentando comprender si los síntomas de la vigorexia estaban presentes incluso una vez cesado el trastorno por abuso de sustancias (Cole et al., 2003). Luego se distribuyeron cuestionarios a 137 adultos/jóvenes en un gimnasio para investigar sus hábitos alimentarios y una escala para investigar la gravedad del trastorno, tanto en relación con el ejercicio físico como con el consumo de sustancias.
El estudio observó que el uso de esteroides, y no el culturismo per se, se asociaba con una mayor gravedad de los síntomas alimentarios, que aumentaban al incrementarse las puntuaciones de la Escala de gravedad del abuso de sustancias.
Asimismo, se ha reportado que el 42 % de los levantadores de pesas con vigorexia abusaron de anabólicos y el 67 % utilizaron otras sustancias para mejorar su rendimiento (Behar & Molinari, 2010). Por tanto, es innegable encontrar una correlación entre el abuso de sustancias y las conductas alimentarias disfuncionales, aunque aún queda por comprender si los síntomas alimentarios deben considerarse como causa o efecto del trastorno por abuso de sustancias.
Sin embargo, es importante precisar que la vigorexia no debe confundirse con una forma de entusiasmo y pasión por el culturismo, ya que la dedicación ordinaria al deporte es saludable y de ningún modo representa un indicio de insatisfacción con la propia imagen o de déficit en el funcionamiento social y profesional.
Las causas de la vigorexia o bigorexia
Para identificar cuáles son las principales causas de la vigorexia, debemos tener siempre presente una compleja combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales. Algunos de los factores de riesgo más comúnmente identificados (Strobel et al., 2020) están relacionados con:
- Factores biológicos: puede haber predisposiciones genéticas o alteraciones neurobiológicas que contribuyan al desarrollo de vigorexia, similar a otros trastornos alimentarios y al trastorno obsesivo compulsivo.
- Factores psicológicos: la baja autoestima, el perfeccionismo y las experiencias de victimización pueden aumentar el riesgo de desarrollar vigorexia.
- Influencias culturales y sociales: la sociedad a menudo valora e idealiza un cierto tipo de apariencia física. Los medios de comunicación y la publicidad promueven con frecuencia el ideal de un cuerpo excesivamente musculoso como símbolo de éxito y atractivo. Esta presión social puede empujar a las personas a perseguir una imagen corporal poco realista, lo que puede conducir al desarrollo de conductas vigoréxicas.
- Experiencias de vida: acontecimientos traumáticos como haber sufrido bullying o críticas relacionadas con la apariencia física pueden influir negativamente en la percepción corporal de una persona, llevándola a buscar un control excesivo sobre su cuerpo para aumentar la autoestima y sentirse aceptada.
Factores de riesgo y prevención de la vigorexia
Diversos factores de riesgo pueden aumentar la probabilidad de que una persona desarrolle vigorexia. Comprender estos factores resulta fundamental tanto para la prevención como para la detección temprana.
- Baja autoestima: las personas que sienten inseguridad respecto a su imagen corporal pueden ser más propensas a desarrollar una preocupación intensa por el aspecto físico.
- Perfeccionismo: la tendencia a fijar estándares muy elevados y a experimentar insatisfacción constante con los logros físicos puede contribuir al desarrollo de la vigorexia.
- Presión social y mediática: la exposición frecuente a modelos corporales idealizados en redes sociales, publicidad y otros medios puede influir en la percepción del propio cuerpo y aumentar la insatisfacción.
- Experiencias de bullying o críticas sobre el cuerpo: haber vivido burlas o comentarios negativos acerca de la apariencia física puede llevar a una búsqueda persistente de un cuerpo considerado “perfecto”.
La prevención de la vigorexia implica promover una imagen corporal positiva y realista, así como estimular el pensamiento crítico frente a los mensajes de los medios. Es valioso que familiares, entrenadores y profesionales de la salud estén atentos a señales de alerta, como el aislamiento social, el ejercicio físico excesivo o la insatisfacción constante con el cuerpo, para intervenir de forma precoz y brindar el apoyo necesario.
Consecuencias de la vigorexia
La vigorexia puede tener graves consecuencias físicas y psicológicas, debido a una obsesión por ganar masa muscular y una imagen corporal distorsionada. Algunas de las consecuencias físicas más comunes asociadas con la vigorexia son:
- las lesiones por sobreentrenamiento, como lesiones musculares, tendinitis y otros problemas músculo-esqueléticos;
- los problemas cardíacos, los problemas hepáticos y la disfunción hormonal, causados por el uso de esteroides anabólicos u otras drogas para aumentar la masa muscular.
Además, entre las consecuencias psicológicas de la vigorexia encontramos el aislamiento social. La renuncia a compromisos de cualquier tipo y el sacrificio constante de todo lo que les quita tiempo a la actividad deportiva aísla a estas personas, haciéndolas cada vez más ajenas a su contexto social habitual y adheridas cada vez más a un estilo de vida que se vuelve disfuncional.
Una persona con vigorexia también puede llegar a renunciar a roles importantes en el ámbito laboral y, en algunos casos, incluso comprometer las relaciones amorosas y familiares, para poder formarse lo máximo posible y no perder tiempo y energía en otra cosa que no sea entrenar.
Asimismo, entre las consecuencias psicológicas también podemos incluir otros problemas de salud mental asociados, como por ejemplo:
- trastornos de ansiedad,
- trastornos del estado de ánimo como la depresión,
- adicción a sustancias causada por el uso de esteroides o suplementos,
- trastornos de la alimentación.

¿Cómo se clasifica la vigorexia?
Como ya hemos mencionado anteriormente, en el DSM-5-TR, los criterios diagnósticos clasifican la bigorexia como "dismorfia muscular" y la incluyen dentro de los trastornos del espectro obsesivo-compulsivo. No obstante, por sus características, se puede considerar un trastorno que en muchos aspectos abarca dos categorías diagnósticas:
- Trastornos alimentarios como anorexia nerviosa y bulimia nerviosa.
- Trastornos obsesivo-compulsivos.
¿Es la vigorexia un trastorno alimentario?
Los rastros del vínculo entre la bigorexia y el espectro de los trastornos alimentarios se remontan a las primeras investigaciones del psiquiatra Harrison G. Pope et al. quienes, inicialmente, se refirieron a esta patología como "anorexia nerviosa inversa" (Pope et al., 1993). Pero, entonces, ¿la anorexia es también vigorexia?
Aunque ambos trastornos tienen características y síntomas similares, suponen una distorsión de la imagen corporal y pueden tener graves consecuencias en la salud física y mental, no es correcto interpretarlos como sinónimos.
Por un lado, la anorexia y la vigorexia son similares en lo que respecta a la atención extrema que las personas ponen en su apariencia física y los sentimientos de ansiedad y depresión que pueden resultar de la misma:
- La ingesta de alimentos se reduce y se controla excesivamente.
- La actividad deportiva es intensiva.
- La dieta es excesivamente controlada y rígida: se controlan estrictamente los valores nutricionales de cada alimento y, cuando no se proporciona esta información, la persona siente una gran ansiedad (Maida & Armstrong, 2005).
Por otro lado, según el estudio que citamos arriba, la diferenciación principal se encuentra en el adjetivo "inverso" con el que Pope había definido esta "anorexia atípica". De hecho, si en la anorexia la principal preocupación se centra en perder el máximo peso posible, en el caso de la bigorexia se observa una fobia diferente: la de nunca ser lo suficientemente musculoso.
¿Y si la vigorexia fuera un trastorno obsesivo-compulsivo?
La ambigüedad que rodea a la vigorexia la hace similar en muchos aspectos al trastorno obsesivo-compulsivo. De hecho, las personas afectadas a menudo experimentan pensamientos obsesivos sobre su forma física con conductas compulsivas como:
- compararse con otros,
- revisar continuamente su apariencia física,
- buscar continuamente tranquilidad sobre su apariencia,
- entrenar excesivamente.
Diferencia entre vigorexia y ortorexia
Asimismo, en términos de diagnóstico, la vigorexia tiene mucho en común con la ortorexia, incluso si las motivaciones de la persona son muy diferentes:
- La vigorexia se centra en aumentar la masa muscular y la definición física.
- La ortorexia se enfoca en la pureza y salubridad de los alimentos.
Sin embargo, ambos trastornos muestran conductas compulsivas, ya sea ejercicio excesivo o restricción extrema de alimentos. Por ejemplo, investigaciones recientes han demostrado que la ansiedad en adolescentes está asociada tanto con conductas vigorexicas como ortoréxicas (Guerra et al., 2024) (Fuente: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38397371/), lo que sugiere un vínculo emocional subyacente relevante en ambos cuadros.
Tanto en la vigorexia como en la ortorexia, existe una gran preocupación por el control, que se manifiesta a través del entrenamiento o la dieta y se produce una distorsión en la percepción de uno mismo y de su comportamiento. De modo que ambos trastornos pueden tener graves consecuencias para la salud mental y física (ansiedad y aislamiento social, problemas nutricionales y físicos).
Vigorexia y sexualidad
La vigorexia puede tener un impacto significativo en la sexualidad y las relaciones íntimas de las personas que la padecen de varias formas, entre ellas las siguientes:
- La insatisfacción con el propio cuerpo puede provocar sentimientos de insuficiencia y vergüenza, lo que afecta negativamente a la autoestima y a la percepción de uno mismo como pareja sexual deseable.
- La ansiedad y la presión relacionadas con la apariencia para mantener un cierto nivel de condición física pueden reducir el deseo sexual y la capacidad de disfrutar de la intimidad.
- La dedicación extrema al entrenamiento y las dietas puede limitar el tiempo y la energía disponibles para las relaciones íntimas, lo que lleva a crisis de pareja o separación.
- El uso de esteroides anabólicos u otras sustancias para aumentar la masa muscular puede tener efectos secundarios que afecten la función sexual, incluidos problemas de libido, disfunción eréctil o cambios en el deseo sexual.
La terapia de pareja puede ser útil para abordar cómo afecta la bigorexia en las relaciones y la sexualidad, ya que ayuda a ambos miembros de la pareja a comunicar mejor sus necesidades e inquietudes. Asimismo, la toma de conciencia y la comprensión de cómo la vigorexia afecta la sexualidad pueden guiar hacia un proceso de tratamiento eficaz y mejorar la calidad de vida y las relaciones íntimas.
Vigorexia masculina y vigorexia femenina
La presión social y cultural que experimentan los hombres para ajustarse a un ideal de masculinidad caracterizado por la fuerza física y una musculatura definida lleva a la creencia de que la vigorexia masculina está más extendida que la femenina. En este sentido, debido a estas expectativas culturales y a la creciente exposición a imágenes de cuerpos masculinos idealizados, los hombres pueden ser particularmente vulnerables.
Sin embargo, es importante reconocer que la vigorexia puede afectar a personas de cualquier género. Las mujeres también pueden sufrir vigorexia, aunque puede manifestarse de maneras ligeramente diferentes, dada la variación en las presiones sociales y los ideales de belleza entre los géneros.

¿Cómo se puede curar la vigorexia?
El abordaje de la vigorexia suele requerir un enfoque multidisciplinar, adaptado a las necesidades de cada persona. La colaboración entre psicólogos, psiquiatras y médicos es fundamental.
Terapia para el tratamiento de la vigorexia
Entre los tipos de terapia que pueden estar indicados para el tratamiento de la bigorexia, podemos mencionar la terapia cognitivo-conductual, la terapia psicodinámica y la terapia sistémico-relacional.
Asimismo, existen otras estrategias terapéuticas que pueden resultar útiles:
- Mindfulness y técnicas de regulación emocional: estas herramientas ayudan a tomar conciencia de los propios pensamientos y emociones, favoreciendo una relación más saludable con el cuerpo.
- Intervención nutricional: colaborar con un nutricionista resulta fundamental para recuperar hábitos alimentarios equilibrados y prevenir posibles carencias nutricionales.
- Apoyo psiquiátrico: en presencia de otras condiciones como ansiedad, depresión o consumo de sustancias, puede ser necesario considerar medicación bajo supervisión médica.
- Grupos de apoyo: compartir experiencias con otras personas que atraviesan situaciones similares puede ayudar a disminuir la sensación de aislamiento y favorecer el proceso de recuperación.
El proceso de tratamiento suele beneficiarse de la participación activa de la persona y del acompañamiento de su entorno. Detectar la situación a tiempo y buscar ayuda profesional puede aumentar las posibilidades de recuperación y contribuir a una mejor calidad de vida.
Si te has sentido identificado con alguno de los síntomas o situaciones que hemos mencionado, recuerda que no tienes que afrontarlo en soledad. Un proceso terapéutico puede ayudarte a comprender lo que estás viviendo, gestionar la ansiedad y favorecer el equilibrio en tu día a día. En Unobravo, puedes dar el primer paso rellenando nuestro cuestionario para encontrar tu psicólogo o psicóloga online.




