En este artículo abordamos los trastornos específicos del aprendizaje, un grupo de trastornos del neurodesarrollo que afectan a algunos aprendizajes escolares concretos y que se enmarcan dentro de las llamadas dificultades específicas de aprendizaje.
Para mayor claridad, conviene distinguir entre los trastornos específicos del aprendizaje y los trastornos no específicos del aprendizaje (también llamados trastornos inespecíficos del aprendizaje), que tienen causas cognitivas o médicas. Entre estas, pueden encontrarse:
- epilepsia;
- discapacidad intelectual;
- síndromes genéticos, como el síndrome de Down.
Qué son los trastornos específicos del aprendizaje
Los trastornos específicos del aprendizaje son trastornos de la edad evolutiva, ya que se diagnostican en la etapa escolar. En concreto, el diagnóstico de la dislexia y de otros trastornos específicos del aprendizaje puede realizarse al final de segundo de primaria, y el de la discalculia, al final de tercero.
¿Cómo saber si tenemos un trastorno del aprendizaje? Estos trastornos son específicos, porque afectan solo a algunos procesos de aprendizaje escolar y se hacen visibles cuando el niño tiene dificultad para desarrollar capacidades que en sus compañeros de la misma edad ya son automáticas.
Al hablar de trastornos del aprendizaje nos referimos a la neuroatipicidad (o desarrollo atípico) y, por tanto, no podemos clasificarlos como una enfermedad. Los niños que los presentan tienen capacidades cognitivas acordes con su edad.
La diferencia con respecto a sus compañeros está en el ritmo y en las dificultades que encuentran en el aprendizaje.

Cuáles y cuántos son los trastornos específicos del aprendizaje
Los trastornos del aprendizaje afectan a las habilidades escolares (lectura, escritura y cálculo), es decir:
- dislexia;
- disortografía;
- disgrafía;
- discalculia.
El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) incluye también entre estos trastornos las dificultades de comprensión, de razonamiento matemático y de expresión escrita.
Estos trastornos pueden presentarse en comorbilidad con el trastorno del lenguaje y el trastorno de la coordinación motora, así como con trastornos de tipo internalizante (como los trastornos de ansiedad, la depresión o los trastornos psicosomáticos) y externalizante (como el trastorno negativista desafiante).
Autismo y trastornos del aprendizaje: las diferencias
Tanto los trastornos del aprendizaje como el autismo forman parte de los desarrollos atípicos pero, a diferencia de los primeros, las manifestaciones conductuales del autismo son distintas, tanto por su tipología como por el momento en que se observan.
El autismo suele manifestarse desde los primeros años de vida (aunque también es posible diagnosticar el autismo en la edad adulta) a través, por ejemplo, de déficits comunicativos, escasa intencionalidad comunicativa, stimming o estereotipias, ecolalias, ausencia de contacto ocular y dificultad en la interacción social.
Casi todos estos síntomas están ausentes en los niños con trastornos del aprendizaje. En estos casos, las primeras dificultades para reconocer letras y números o sílabas, y en la lectura o el cálculo, se observan a una edad más avanzada que en los niños con autismo.
Además, en algunos casos el autismo se asocia a una discapacidad intelectual, algo que es incompatible con el diagnóstico de un trastorno específico del aprendizaje. Cuando una persona con autismo tiene un perfil de alto funcionamiento (con un cociente intelectual dentro de la norma), sí es posible diagnosticar un trastorno específico del aprendizaje en comorbilidad.
El último punto de diferencia tiene que ver con los aspectos sociales: tanto el autismo como los trastornos del aprendizaje pueden manifestarse a través de dificultades relacionales; sin embargo, en los niños con trastornos del aprendizaje, una vez resuelta la dificultad escolar se resuelve también el problema social.
Las causas de los trastornos del aprendizaje
Al hablar de los trastornos del aprendizaje debemos tener en cuenta los aspectos psicológicos y neuropsicológicos.
Estos trastornos tienen causas neurobiológicas. Derivan, por tanto, de una disfunción del sistema nervioso central y surgen de la interacción entre factores genéticos y ambientales. Para identificar sus causas hay que considerar factores genéticos y hereditarios, pero también otros factores de riesgo como el bajo peso al nacer, el nacimiento prematuro o una ictericia grave.
Los niños con trastornos del aprendizaje pueden experimentar ansiedad en relación con el rendimiento escolar en las áreas en las que tienen más dificultades. Pueden sufrir al compararse con sus compañeros, porque son conscientes de sus limitaciones.
Esto puede afectar a su autoestima y llevarlos a una forma de aislamiento y a una menor relación con los demás, con el riesgo de parecer desinteresados, a pesar del esfuerzo y la energía que dedican para alcanzar ciertos estándares. También pueden aparecer fobias más profundas.

Los síntomas de los trastornos del aprendizaje
¿Cómo y cuándo se manifiestan estos trastornos? Como hemos visto, el contexto en el que pueden aparecer es la escuela. Comunes a todo el alumnado con trastornos específicos del aprendizaje son los síntomas de tipo ansioso, la baja autoestima y las dificultades relacionales. La dislexia se manifiesta con dificultad:
- en la lectura de un texto, en términos de velocidad y precisión;
- en el deletreo (o spelling);
- en la comprensión del texto leído.
La disortografía consiste en la dificultad para escribir de forma correcta: problemas con las correspondencias complejas entre sonidos y letras, omisiones de letras y separaciones incorrectas.
La disgrafía tiene que ver con el componente motor de la escritura, por lo que escribir resulta costoso y el resultado es poco legible; aparecen dificultades en los dictados y al copiar de la pizarra, palabras desalineadas, lentitud y repaso de los trazos.
La discalculia se refiere a la dificultad para manejar los números, hacer cálculos mentales rápidos y recuperar los resultados de las distintas operaciones aritméticas, además de la dificultad para reconocer pequeñas cantidades y para memorizar las tablas de multiplicar.
Trastornos del aprendizaje y memoria
¿De qué manera puede estar implicada la memoria de trabajo en estos trastornos? Tomemos como ejemplo la dislexia. La memoria no es estática, sino dinámica, y funciona junto con las demás funciones cognitivas.
La memoria de trabajo, en concreto, tiene la tarea de procesar cierta información y, según su tipo, puede denominarse verbal o numérica.
La tarea de leer implica la capacidad de reconocer las letras y componer la palabra. Es decir, implica reconocer el grafema, el fonema y la palabra, memorizar esa asociación y reconocerla cada vez que aparece.
Un alumno con dislexia tiene dificultad para descodificar los grafemas y, por eso, su memoria de trabajo suele estar muy sobrecargada: es como si viera esas palabras por primera vez cada vez. Toda su atención se concentra en el reconocimiento de la palabra. ¿Entiendes el esfuerzo que supone?

Diferencia entre dificultad y trastorno del aprendizaje
Los trastornos del aprendizaje son una categoría diagnóstica en la que se incluye a niños a los que a menudo se etiqueta de vagos o perezosos, aunque ya hemos aclarado que un trastorno del aprendizaje está causado por una divergencia neurológica, que puede agravarse por estímulos externos adversos, pero no está causada por ellos.
Las dificultades y los trastornos del aprendizaje se diferencian, por tanto, en que las dificultades de aprendizaje no son específicas: vienen determinadas por un entorno sociocultural desfavorable, por la escasa calidad de la enseñanza o por factores emocionales y familiares del niño, y no cumplen los criterios para diagnosticar un trastorno específico del aprendizaje.
Observar bien y distinguir de forma correcta ambas situaciones permite diseñar intervenciones específicas y de apoyo para el niño.
Necesidades específicas de apoyo educativo (NEAE)
Los trastornos del aprendizaje se recogen mediante un código diagnóstico, tal como aparece a continuación según la CIE-10 (Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas de Salud Relacionados):
- trastorno específico de la lectura (dislexia): F81.0;
- trastorno específico de la ortografía (disortografía): F81.1;
- trastorno específico del cálculo (discalculia): F81.2;
- trastorno mixto de las habilidades escolares (varios trastornos en comorbilidad): F81.3.
Además de la diferencia entre trastorno y dificultad de aprendizaje, conviene hacer otra distinción y mencionar las necesidades específicas de apoyo educativo (NEAE).
Las NEAE engloban muchas situaciones y hacen referencia a todos aquellos niños y adolescentes que necesitan una enseñanza adaptada: por ejemplo, el alumnado extranjero, con dificultades específicas de aprendizaje, con altas capacidades o con dificultades psíquicas o físicas.
Diferencias entre los trastornos del aprendizaje y el TDAH
Dentro del alumnado con necesidades de apoyo se encuentra también el TDAH, es decir, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad, que con frecuencia puede diagnosticarse asociado a los trastornos del aprendizaje.
En los niños con TDAH está comprometida la capacidad de autorregulación: tienen dificultad para completar tareas que requieren concentración, parecen no escuchar lo que se les dice y muestran una “viveza” excesiva.
A diferencia de los niños con TDAH, los que tienen trastornos del aprendizaje no presentan problemas generalizados en el control de los impulsos ni una dificultad especial para mantener la atención; al contrario, toda su concentración se dirige a compensar esa área que no se ha automatizado.
Por eso pierden el contexto general y muestran dificultad para aprender, además de un cansancio excesivo que les provoca una alta tendencia a distraerse.
Lenguas extranjeras y trastornos del aprendizaje
Los niños con una lengua materna distinta pueden tener más dificultades de aprendizaje, determinadas por el hecho de que escuchan y aprenden al menos una segunda lengua pero, teniendo en cuenta que estos trastornos tienen una base neurobiológica, el bilingüismo no puede considerarse un factor determinante.
Distinto puede ser el caso de la adopción. Los procesos cognitivos, de hecho, se desarrollan mejor en entornos serenos. Los niños que han vivido un proceso de adopción probablemente han atravesado momentos de dificultad emocional o de necesidades básicas —ligadas a sentirse queridos, protegidos y valorados— que no siempre estuvieron cubiertas.
Psicomotricidad y trastornos del aprendizaje
Los niños con un trastorno del aprendizaje a veces muestran fragilidad en el desarrollo psicomotor, como la dificultad en la organización espacial y temporal o en el esquema corporal.
Pueden presentar, por ejemplo, dificultad para distinguir la derecha y la izquierda, pero también para diferenciar las secuencias temporales y, así, distinguir los días de la semana o leer el reloj.
En algunos casos, estos trastornos se asocian a dificultades de la coordinación ojo-mano: al niño puede costarle tareas como ensartar cuentas o atarse los zapatos. Por eso, la psicomotricidad puede ayudar a favorecer una buena adaptación, aportando bases funcionales para el aprendizaje.

Los trastornos del aprendizaje en la edad adulta
Los niños con trastornos del aprendizaje crecen: ¿qué ocurre entonces? Diversos estudios, entre ellos los de Stella y Tintoni y los de Cornoldi y Carretti, muestran que, en el caso de adultos y adolescentes, las personas logran aumentar la velocidad de lectura, aunque con resultados inferiores a los de sus iguales sin esta dificultad.
Esto demuestra que el trastorno tiende a cronificarse a lo largo de la vida. Para la evaluación de los adultos con trastornos del aprendizaje se recomienda apoyarse, sobre todo, en la prueba de lectura de pseudopalabras.
Del mismo modo que estos trastornos pueden diagnosticarse en la edad adulta, puede ocurrir lo mismo con las personas autistas. Esto no significa que no lo fueran ya en la infancia, sino que el diagnóstico fue tardío.
El diagnóstico y el marco educativo en España
En España, el alumnado con dificultades específicas de aprendizaje se considera alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo (ACNEAE), dentro del marco de la LOMLOE (Ley Orgánica 3/2020, de modificación de la Ley Orgánica de Educación). El objetivo del sistema educativo es identificar las medidas didácticas más adecuadas para la inclusión de este alumnado.
La identificación del trastorno se realiza a través de una evaluación psicopedagógica, llevada a cabo por el orientador u orientadora del centro (dentro del departamento de orientación o de los equipos de orientación educativa). El binomio entre los trastornos del aprendizaje y la inclusión es fundamental para el proceso formativo del alumno, cuya singularidad debe situarse en el centro para poder aplicar estrategias específicas.
La respuesta educativa es individualizada y plantea objetivos comunes; lo que cambia y se adapta son las metodologías y medidas de atención a la diversidad, que suelen consistir en adaptaciones metodológicas y de acceso (no significativas), como pruebas personalizadas de respuesta múltiple en lugar de exámenes orales, o el uso de herramientas de apoyo para el cálculo.
Entre estas medidas de apoyo pueden incluirse también aplicaciones específicas, como las que permiten crear mapas conceptuales, transcribir grabaciones de voz o reconocer texto de forma óptica.
Este tipo de apoyos permite a los estudiantes con trastornos del aprendizaje sentirse más en sintonía con sus compañeros y más preparados para afrontar los retos escolares. Al no tratarse de una discapacidad, estos apoyos no son medidas extraordinarias de educación especial, sino medidas ordinarias de atención a la diversidad; cuando existe además otro diagnóstico o un cuadro más complejo, la valoración puede derivar en otro tipo de recursos.
Los tests diagnósticos
Los tests para diagnosticar un trastorno del aprendizaje son variados y se diferencian según la edad o el área que se quiera explorar. Para hacer un diagnóstico diferencial hay que descartar la discapacidad intelectual y, por tanto, debe aplicarse un test que evalúe el cociente intelectual, como por ejemplo:
- la WISC (Wechsler Intelligence Scale for Children), válida para niños y adolescentes de 6 a 16 años;
- la WPPSI (Wechsler Preschool and Primary Scale of Intelligence), para niños de 3 a 7 años.
Estas escalas las aplica normalmente el psicólogo e incluyen pruebas de comprensión, memoria de trabajo, razonamiento verbal, razonamiento visoperceptivo y velocidad de procesamiento.
Después se aplican tests que evalúan las habilidades instrumentales de lectura, escritura y cálculo. En España se emplean, por ejemplo:
- para la lectura, el PROLEC-R y pruebas como PROLEXIA;
- para la escritura y la ortografía, el PROESC;
- para el cálculo, baterías como TEDI-MATH;
- para la coordinación visomotora, la VMI (Developmental Test of Visual-Motor Integration), y para la memoria visoespacial, pruebas como la Figura Compleja de Rey.
Muy importante, antes del diagnóstico, puede ser el cribado de los trastornos del aprendizaje desde la etapa de educación infantil, para detectar a tiempo a los niños que presentan más factores de riesgo.

Qué hacer y a quién acudir
Los trastornos del aprendizaje no son enfermedades, sino que representan una condición de neurodiversidad que se traduce en un funcionamiento distinto del cerebro y, por tanto, en una peculiaridad no transitoria de la persona.
Por este motivo, es incorrecto pensar que uno se “cura” de un trastorno del aprendizaje: estos trastornos no se “curan”. Más bien, las dificultades específicas que los caracterizan pueden compensarse con intervenciones específicas.
El adulto —ya sea profesional sanitario, docente o familiar— debe ofrecer un entorno lo más favorable posible para el aprendizaje, adaptando distintas estrategias según la persona que tiene delante, sin tratar de cambiarla ni de “corregirla”, sino aceptando su forma diferente de aprender.
Para hacer la enseñanza cada vez más inclusiva, el lema podría ser esta frase: “si no aprendo de la forma en que tú enseñas, enséñame de la forma en que yo aprendo” (Harry Chasty).
¿Qué papel puede tener el psicólogo en todo esto? Un profesional experto en psicología infantil puede:
- diagnosticar los trastornos del aprendizaje;
- realizar una evaluación psicológica y neuropsicológica;
- ocuparse del refuerzo y la rehabilitación neuropsicológica;
- ofrecer asesoramiento y formación a docentes y familias (parent training y teacher training).
En resumen, un profesional experto en la psicología del lenguaje y del aprendizaje:
- realiza el diagnóstico mediante tests;
- lleva a cabo una entrevista psicológica, para explorar también el aspecto emocional, la autoestima y la posible presencia de ansiedad;
- aporta nuevas estrategias de aprendizaje (por ejemplo, mediante la metacognición), reforzando la autoestima y la autoconfianza de los estudiantes;
- en el ámbito escolar, forma y acompaña a docentes y familias para que estas estrategias se compartan y se apliquen.





