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Sexualidad y trastornos sexuales
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5
min

El papel de las emociones en los trastornos de la excitación sexual

El papel de las emociones en los trastornos de la excitación sexual
Gian Paolo Baronchelli
Artículo revisado por nuestra redacción clínica.
Última actualización el
16.7.2026
El papel de las emociones en los trastornos de la excitación sexual
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Por excitación sexual se entiende el conjunto de reacciones fisiológicas, físicas y psicológicas que emergen durante la primera fase del ciclo de la respuesta sexual humana, tal como la describieron en los años 70 los investigadores Masters y Johnson en el libro Human Sexual Response.

Junto a las sensaciones corporales, también la excitación mental —es decir, la activación psicológica y fantasiosa que acompaña al deseo— desempeña un papel determinante. Las emociones pueden influir profundamente tanto en la excitación física como en la mental y, en algunos casos, contribuir a la aparición o el mantenimiento de dificultades sexuales que hacen más complejo vivir la intimidad con serenidad.

En este artículo queremos profundizar en las disfunciones de la excitación y en el papel que ciertas emociones pueden tener en su desarrollo y su persistencia.

¿Qué son los trastornos de la excitación sexual?

Los trastornos de la excitación sexual se incluyen en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la American Psychiatric Association (DSM-5) entre las disfunciones sexuales, que abarcan:

Las disfunciones sexuales pueden ser adquiridas o permanentes (el problema sexual está presente desde las primeras experiencias sexuales) y también situacionales (aparecen sólo en situaciones concretas o con una pareja determinada).

Trastornos de la excitación sexual: una panorámica por género

Los trastornos de la excitación sexual pueden manifestarse de forma distinta en mujeres y hombres, e implican aspectos fisiológicos, psicológicos y relacionales.

  • El trastorno de la excitación sexual femenina puede presentarse como una dificultad persistente para alcanzar o mantener la lubricación, la implicación y la excitación durante la actividad sexual. Esto puede provocar malestar, frustración y una reducción del placer.
  • La disfunción eréctil masculina consiste en la incapacidad de conseguir o mantener una erección suficiente para una relación satisfactoria. Puede presentarse de forma ocasional o persistente y suele ir acompañada de ansiedad, inseguridad y miedo al fracaso; en muchos casos, la ansiedad de rendimiento asociada a la dificultad con la erección puede acentuar el problema y crear un círculo vicioso difícil de romper.
  • El trastorno del deseo sexual hipoactivo puede afectar tanto a hombres como a mujeres y se manifiesta con una reducción significativa del deseo o del interés por la actividad sexual, a menudo ligada a factores emocionales o relacionales.
  • El trastorno de la excitación sexual combinado consiste en la coexistencia de dificultades tanto de deseo como de excitación, lo que complica el cuadro clínico y su abordaje terapéutico.

Comprender las diferencias entre estos tipos puede ayudar a reconocer las señales y a orientarse hacia un proceso de apoyo adecuado.

Andrea Piacquadio – Pexels

El estrés y su impacto en la sexualidad

El estrés, sobre todo cuando se cronifica, puede incidir profundamente en el bienestar psicofísico e influir también en la esfera sexual. Las preocupaciones laborales, las presiones familiares u otras fuentes de tensión pueden reducir el deseo sexual, generar dificultades de intimidad y, en ocasiones, dar lugar a problemas como la disfunción eréctil.

Estos cambios pueden generar frustración, afectar a la autoestima y alimentar un círculo vicioso en el que el estrés y las dificultades sexuales acaban reforzándose mutuamente, lo que hace importante afrontar estas experiencias con mayor conciencia.

Hablar abiertamente de las propias dificultades con la pareja o con un profesional ofrece un espacio seguro para explorar las emociones, reducir la presión y encontrar estrategias eficaces para recuperar la serenidad y el equilibrio en la vida íntima.

El automantenimiento

El mecanismo de automantenimiento de estos trastornos consiste en la aparición de una emoción añadida (igual o distinta de la implicada en el origen del síntoma) que se superpone a esta última, empeora la situación y activa un círculo vicioso. A veces, además, incluso la pareja “psicológicamente sana” puede desencadenar círculos viciosos relacionales que aumentan la confusión y refuerzan el síntoma.

El vínculo entre erección y enamoramiento

El enamoramiento representa una fase única en la vida de una persona: una mezcla de emociones intensas, vulnerabilidad y deseo de conexión profunda. En este contexto, también la experiencia de la erección puede cambiar y manifestarse a veces con mayor facilidad o, por el contrario, encontrar algún obstáculo. Estas variaciones son perfectamente naturales y a menudo reflejan la importancia que damos a la relación y hasta qué punto estamos implicados en el vínculo con la otra persona.

El enamoramiento también puede despertar inseguridades o expectativas que, de forma inconsciente, interfieran en la espontaneidad de la intimidad sexual. El deseo sexual y la respuesta física están profundamente influidos por las emociones, los pensamientos y la calidad de la comunicación con la pareja.

Afrontar estos cambios con una actitud de comprensión hacia uno mismo y con una comunicación abierta en la pareja puede favorecer el nacimiento de una relación aún más auténtica y satisfactoria.

Las señales de la excitación: cómo reconocerlas

La excitación es una respuesta natural de nuestro cuerpo y nuestra mente ante estímulos que percibimos como placenteros, atractivos o estimulantes. Puede manifestarse a través de distintas señales, tanto físicas como psicológicas.

Entre las señales más comunes encontramos el aumento de la frecuencia cardíaca, una respiración más rápida y profunda, una sensación de calor o rubor en la cara, pero también manos sudorosas o ligeros temblores. A nivel psicológico, la excitación suele acompañarse de una sensación difusa de energía, vivacidad mental y sensación de mayor disponibilidad para implicarse.

Reconocer estas señales es importante para comprender mejor lo que estamos viviendo. En algunos casos puede resultar difícil distinguir la activación positiva de la ansiedad, porque algunas manifestaciones corporales pueden parecerse. Aprender a escuchar nuestro cuerpo y a observar los pensamientos asociados a la excitación puede ayudarnos a vivirla de forma más consciente y a acoger las emociones como un recurso valioso para nuestro crecimiento personal.

La investigación sobre la relación entre emociones y sexualidad

En las últimas décadas, la investigación científica ha prestado una atención creciente por el modo de interacción entre las emociones y el comportamiento sexual.

Un estudio realizado en el Kinsey Institute de la Universidad de Indiana encontró una notable variabilidad en la forma en que los estados de ánimo influyen en el deseo y la excitación sexual (Janssen et al., 2013). Entre otros resultados, las mujeres heterosexuales, cuando están ansiosas o estresadas, mostraban una menor probabilidad que los hombres de experimentar deseo y excitación sexual.

Un estudio de Carvalho y Nobre, publicado en el Journal of Sex Research en 2011, investigó por su parte los principales factores predictivos del deseo sexual masculino. Entre los factores cognitivos y emocionales, resultaron predictores significativos las actitudes restrictivas hacia la sexualidad, la falta de pensamientos eróticos durante la actividad sexual, las preocupaciones por la erección y las emociones de tristeza y vergüenza en un contexto sexual.

Estos resultados sugieren hasta qué punto las dimensiones cognitivas inciden en el deseo sexual, sobre todo en lo que respecta a la atención y a la falta de pensamientos eróticos durante la actividad sexual.

¿Cómo se mantienen los trastornos sexuales?

Con frecuencia son las consecuencias cognitivas y conductuales derivadas del síntoma las que contribuyen a mantenerlo, las que refuerzan el propio síntoma y crean un círculo vicioso de automantenimiento del trastorno sexual. Estas consecuencias pueden ser tanto voluntarias como involuntarias:

  • Una persona que considera fundamental su rendimiento sexual y que ha experimentado un episodio de impotencia se acercará involuntariamente al siguiente encuentro con una mayor ansiedad de rendimiento, lo que puede aumentar las probabilidades de tener dificultades.
  • Por otro lado, una persona que vive la eyaculación precoz intentará de forma voluntaria distraerse y hacer todo lo posible por “sentir menos”. Estas acciones reforzarán, de manera disfuncional, el mecanismo central de la eyaculación precoz, basado en la reducción de la percepción de las señales sensoriales.
Vera Arsic - Pexels

¿Cuáles son las emociones predominantes?

Aun dentro de historias personales muy distintas, muchas disfunciones sexuales de la excitación parecen desarrollarse cuando la idea de la relación sexual se asocia a una intensa emoción de alarma (a cargo del sistema nervioso simpático) que inhibe la vasodilatación genital (a cargo del sistema nervioso parasimpático) y, por tanto, la excitación.

Los trastornos de la excitación son, por tanto, dificultades en la integración de las respuestas emocionales implicadas en el origen del síntoma, entre las cuales las más frecuentes son:

Culpa y vergüenza

Cuando emergen emociones como la vergüenza y el sentimiento de culpa, suelen aparecer convicciones personales del tipo:

  • la sexualidad es algo sucio,
  • si disfruto, peco,
  • si pienso en mí, soy egoísta,
  • si penetro, hago daño a mi pareja.

En la base de estos pensamientos suele estar la sensación de ser indignos o merecedores de castigo. La formación de ideas de este tipo se ve favorecida por:

  • una historia de relaciones en las que la sexualidad y el placer se han asociado a castigos;
  • un apego de tipo inseguro evitativo (teoría del psicoanalista J. Bowlby), en el que la figura cuidadora percibe las peticiones de cercanía como una carga excesiva y despierta en la criatura vivencias de culpa o inadecuación.

Ansiedad

La ansiedad durante las relaciones sexuales parece asociarse a convicciones distintas en hombres y mujeres. En los hombres se encuentran convicciones del tipo:

  • tengo que tener ganas y excitarme enseguida,
  • tengo que satisfacer sexualmente a mi pareja,
  • no debo mostrar dudas.

En las mujeres se encuentran más bien convicciones del tipo:

  • tengo que hacer que esté contento,
  • tengo que sentir placer.

Tanto las mujeres como los hombres pueden vivir un fuerte sentimiento de inadecuación cuando estas expectativas no se cumplen, con un miedo asociado a ser abandonados por la pareja. Este tipo de convicciones se ve favorecido por una historia de apego inseguro ambivalente en la que:

  • la sensación de aceptación depende del propio rendimiento (“Te querré solo si lo haces bien”);
  • el propio valor y la posibilidad de que el otro se marche están constantemente bajo examen.

Rabia

La rabia puede aparecer cuando la pareja —pero también las experiencias relacionales anteriores que, de forma inconsciente, se reactivan en la relación actual— se percibe como hostil, injusta, poco fiable, infiel o dominante, hasta el punto de generar la idea de que el otro no merece placer, sino que debe ser castigado.

Tristeza e impacto en la sexualidad

La tristeza es una emoción que a menudo se pasa por alto cuando se habla de trastornos de la excitación sexual, pero puede tener un impacto significativo en la vida íntima.

  • La tristeza puede disminuir el interés por la actividad sexual y dificultar dejarse llevar y sentir placer.
  • Dificultad de conexión emocional: quien atraviesa momentos de tristeza puede sentirse distante de su pareja, con la consiguiente reducción de la intimidad y la complicidad.
  • Disminución de la autoestima: la tristeza suele acompañarse de pensamientos negativos sobre una misma o uno mismo, que pueden influir en la percepción del propio cuerpo y de las propias capacidades sexuales.

Reconocer la presencia de esta emoción y su impacto puede ser fundamental para intervenir de forma específica y favorecer la recuperación del bienestar sexual.

Vera Arsic - Pexels

El avance de la edad y la excitación

Con el avance de la edad, el beneficio de la excitación psicógena tiende a volverse más esporádico y menos capaz de anticipar la excitación refleja. La erección y la lubricación vaginal también se ven reducidas.

  • Las personas que con el tiempo han desarrollado familiaridad con su propio placer corporal tomarán conciencia, en la edad madura, de la necesidad de aumentar la duración de estos gestos; es decir, cambiarán sus hábitos para adaptarlos al cambio fisiológico, pero seguirán viviendo bien la sexualidad.
  • Las personas que no tienen el hábito de explorar su cuerpo se encontrarán, en cambio, sin herramientas. En concreto, podrían verse obligadas a interrumpir su vida sexual en la edad madura si mantienen una idea negativa de la estimulación de los órganos genitales, considerada errónea o pecaminosa.

Terapia para los trastornos de la excitación sexual

Al tratarse de disfunciones ligadas también a la integración emocional, la terapia de los síntomas de la excitación sexual suele trabajar en dos niveles complementarios.

  1. Aumento de la estimulación sexual mediante ejercicios de focalización sensorial (Sensate Focus): es una intervención en la que se favorece el incremento del conocimiento y la conciencia de la propia experiencia; centrarse en la propia experiencia sexual ayuda a vivirla con mayor conciencia y espontaneidad.
  2. Disminución de las emociones perturbadoras: en un proceso terapéutico adaptado a las particularidades concretas de la pareja, el psicólogo o psicóloga profundizará en las emociones y los pensamientos disfuncionales ligados a la sexualidad hasta comprender las expectativas inconscientes, como el miedo a fracasar, la necesidad de complacer, la inseguridad relacional y la baja autoestima.

Estrategias terapéuticas concretas: la terapia sexual basada en ejercicios de focalización sensorial

La terapia sexual basada en ejercicios de focalización sensorial es uno de los enfoques más utilizados para abordar los trastornos de la excitación sexual y combina técnicas conductuales, cognitivas y emocionales.

  • Fase de educación sexual: se ofrece información clara y científica sobre la sexualidad, desmontando mitos y prejuicios que pueden alimentar la ansiedad y la culpa.
  • Ejercicios de focalización sensorial: se guía a la pareja para redescubrir el placer a través del contacto físico no orientado a la relación sexual, lo que favorece la conciencia corporal y reduce la presión sobre el rendimiento.
  • Reestructuración cognitiva: se trabaja sobre las convicciones disfuncionales y los pensamientos automáticos que alimentan las emociones negativas, ayudando a la persona a desarrollar una visión más realista y acogedora de sí misma y de la sexualidad.
  • Gestión de las emociones: se proponen técnicas para reconocer, expresar y modular las emociones, mejorando la capacidad de afrontar la ansiedad, la vergüenza o la rabia de forma constructiva.

Este proceso, personalizado según las necesidades de la persona o de la pareja, puede contribuir a favorecer la serenidad y el placer en la vida sexual.

Comunicación eficaz en la pareja: un aliado frente a los trastornos de la excitación

La calidad de la comunicación en la pareja desempeña un papel fundamental para superar las dificultades relacionadas con la excitación sexual.

  • Compartir nuestras experiencias: hablar abiertamente de nuestras emociones, miedos y deseos puede ayudar a crear un entorno de confianza y comprensión mutua.
  • Escucha activa: prestar atención a las necesidades del otro sin juzgar puede favorecer la empatía y la colaboración en la búsqueda de soluciones.
  • Comunicar nuestros límites: saber expresar lo que no se desea o lo que genera malestar permite respetar nuestros límites y los de la pareja, y previene malentendidos y frustraciones.

Entrenar estas competencias comunicativas puede reforzar el vínculo de pareja y facilitar el proceso terapéutico, y contribuye a superar las dificultades relacionadas con la excitación.

Recuperar el placer y la serenidad en tu vida sexual

Las emociones desempeñan un papel central en nuestra intimidad y, cuando se convierten en fuente de malestar, pueden influir profundamente en la calidad de la vida sexual y relacional. Si te reconoces en algunas de las dificultades descritas o sientes que la ansiedad, la vergüenza, la tristeza o la rabia están limitando tu bienestar, ten presente que no estás solo/a: abordar estos temas con el apoyo de un profesional puede contribuir a mejorar tu bienestar.

Con Unobravo puedes empezar un proceso terapéutico personalizado en un espacio seguro y acogedor, para recuperar mayor serenidad, complicidad y bienestar en tu vida íntima. Si consideras que estas dificultades están afectando a tu bienestar, un proceso terapéutico puede ayudarte a comprender mejor lo que está ocurriendo y a desarrollar estrategias para afrontarlo.

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