El término parafilia, en su acepción, describe la tendencia a realizar actos anormales para lograr la excitación o el placer sexual. De hecho, la etimología de la palabra parafilia indica un amor (φιλία) que va más allá (παρά) y, por tanto, denota encontrar excitación sexual en actividades u objetos sexuales inusuales.
En el DSM-5-TR, las parafilias se definen como "cualquier interés sexual intenso y persistente distinto del interés sexual por la estimulación genital o los juegos sexuales preliminares con parejas humanas fenotípicamente normales, físicamente maduras y que dan su consentimiento."
¿Es la parafilia una enfermedad? ¿A qué se deben las parafilias? ¿Cómo se tratan las parafilias? Intentamos responder a estas y otras preguntas a lo largo de este artículo.
Parafilia y trastorno parafílico
La definición de parafilia del DSM-5-TR identifica una serie de comportamientos sexuales que pueden dar lugar a lo que, en psicopatología, se denominan trastornos parafílicos. Se incluyen dentro de los trastornos sexuales, aunque parafilia y trastornos parafílicos no son sinónimos.
La principal diferencia entre parafilia y trastorno parafílico es que, como señala el DSM-5-TR, este último:
"Es una parafilia que, en el momento presente, causa malestar o deterioro en el individuo o una parafilia cuya satisfacción ha causado, o amenazado con causar, daño a uno mismo o a los demás. Una parafilia es una condición necesaria pero no suficiente para padecer un trastorno parafílico; una parafilia, en sí misma, no justifica ni requiere necesariamente una intervención clínica."
Diferenciación clínica entre parafilia y trastorno parafílico
La distinción entre parafilia y trastorno parafílico es esencial en la práctica clínica y está claramente explicada en el DSM-5-TR (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, 5ª edición).
Una parafilia describe un patrón de interés sexual intenso y persistente hacia objetos, situaciones o personas poco habituales, pero esto no implica necesariamente un problema de salud mental. La parafilia, por sí sola, no requiere intervención clínica si no causa un malestar significativo ni genera daño a la propia persona o a otras.
En cambio, se habla de trastorno parafílico cuando la parafilia produce un malestar clínicamente relevante, dificulta áreas importantes de la vida (como la social, laboral o personal), o implica comportamientos que pueden causar daño a sí mismo o a terceras personas. Por ejemplo, si una persona tiene fantasías recurrentes de exhibicionismo pero no las pone en práctica y no le generan sufrimiento, no cumple criterios de trastorno parafílico. Sin embargo, si estas fantasías le causan angustia o la llevan a conductas que afectan negativamente su vida o la de otras personas, entonces sí se considera un trastorno.
Esta diferencia permite evitar que se considere patológica cualquier conducta sexual poco habitual que no resulte dañina ni problemática, y favorece una mirada más respetuosa y basada en evidencia científica sobre la diversidad sexual.
Parafilias y perversiones sexuales
El tema de las parafilias sexuales sigue siendo objeto de debate en el ámbito científico, sobre todo porque los hábitos sexuales también se ven afectados por los cambios sociales y culturales. La parafilia, que antes se consideraba perversión sexual, como hemos visto, no se considera en sí misma negativa, como denota el término perversión.
La psicología ha estudiado las perversiones sexuales intentando abstenerse de cualquier forma de juicio, pero en esta evolución del pensamiento siempre ha intervenido la moral de la época histórica, hasta el punto de que los conceptos de perversión, parafilia y trastorno parafílico han evolucionado con el tiempo.
Por ejemplo, las perversiones sexuales en la psicología freudiana son una de las formas en que se expresa la sexualidad humana, aunque en un nivel considerado inmaduro, vinculado a la regresión y la fijación de la libido en etapas infantiles/pregenitales de desarrollo psicosexual.
La perversión en psicología también fue tratada en los años posteriores a Freud, y el debate condujo a diferentes conclusiones, aunque sigue prevaleciendo la idea de que la intervención terapéutica solo es necesaria cuando la parafilia provoca ansiedad, depresión u otros malestares que comprometen la vida de la persona o suponen un riesgo para terceros, dando lugar a comportamientos compulsivos. Esta necesidad impulsiva de querer mantener relaciones sexuales es lo que se denomina trastorno por hipersexualidad (conocido popularmente como ninfomanía en mujeres, o satiriasis en hombres).

Conducta sexual y parafilias
La evolución de la definición de actividad sexual perversa o parafilia revela hasta qué punto el estudio de las enfermedades psiquiátricas refleja la sociedad que lo expresa. Hoy en día, podemos definir un comportamiento sexual como "patológico" cuando se lleva a cabo de forma compulsiva o cuando, incluso a uno solo de los participantes en la actividad, genera:
- malestar y sufrimiento,
- interferencia o perjuicio en las actividades laborales o sociales,
- problemas jurídicos.
Como hemos visto, la definición de parafilias del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, en un intento de no juzgar, ha sugerido restringir el término a situaciones en las que se utilizan objetos no humanos, se inflige dolor real o humillación a uno mismo o a su pareja, o cuando se implica a niños y niñas o personas adultas sin contar con su consentimiento.
Sumado a esto, los síntomas parafílicos pueden evolucionar hacia formas obsesivas o adictivas, caracterizadas por la pérdida de autocontrol, aunque también pueden presentarse como incidentes únicos o episodios (Berner & Briken, 2007).
Cuando los pacientes se sienten perturbados por sus impulsos sexuales desviados, pero no actúan en consecuencia, se trata de cuadros de gravedad leve. La gravedad moderada, por otra parte, se produce cuando estas personas traducen los impulsos en actos, pero solo ocasionalmente. Los casos graves se producen cuando los pacientes repiten sus impulsos parafílicos.
Clasificación diagnóstica de las parafilias más frecuentes
¿A qué edad comienzan las parafilias? Por lo general, el inicio de los trastornos parafílicos se produce en la adolescencia.
Para que se considere una parafilia, debe durar al menos seis meses y debe haber impulsos, comportamientos o fantasías sexuales recurrentes e intensamente excitantes.
¿Cuántas parafilias existen? La clasificación actual de los trastornos parafílicos que encontramos en el DSM-5-TR se refiere a parafilias mayoritariamente masculinas. Además, tras la actualización CIE-10-CM/CIE-11, los trastornos parafílicos han sido categorizados con códigos específicos para facilitar su diagnóstico y tratamiento en el ámbito clínico.
A continuación se presenta una lista de parafilias y comportamientos parafílicos:
- Trastorno exhibicionista: la excitación se desencadena por la exhibición de los propios genitales a una persona extraña sin su consentimiento.
- Trastorno fetichista: implica el uso de objetos inanimados que no se limitan a juguetes sexuales diseñados para la estimulación de los genitales.
- Trastorno frotteurístico: tocamientos y roces con una persona sin su consentimiento.
- Trastorno pedófilo: actividad sexual con uno o más niños o niñas, normalmente de 13 años o menos. La persona pedófila debe tener al menos 16 años y ser por lo menos cinco años mayor que la persona abusada. No incluye a aquellos adolescentes tardíos implicados en una relación sexual continuada con un menor de 12-13 años.
- Trastorno de masoquismo sexual: el acto de ser humillado, golpeado, atado o hecho sufrir de cualquier otra forma, que desencadena la excitación sexual.
- Trastorno de sadismo sexual: el sufrimiento psicológico o físico (incluida la humillación) de la víctima que excita sexualmente a la otra parte.
- Trastorno por travestismo: excitación provocada por el travestismo, es decir, por llevar ropa característica del sexo opuesto.
- Trastorno voyeurista: fantasías y excitación resultantes del acto de observar a una persona que no lo espera mientras está desnuda, desnudándose o manteniendo actividad sexual.

Parafilia no especificada (NAS)
Existen otros tipos de parafilia atípicos; he aquí algunos ejemplos:
- Escatología telefónica: excitación derivada de llamadas telefónicas en las que se utiliza lenguaje sexual u obsceno.
- Necrofilia: experimentar excitación sexual o realizar actos sexuales con cadáveres.
- Parcialismo: el placer se obtiene con una parte específica del cuerpo, que es la de preferencia.
- Zoofilia: la excitación surge del deseo sexual por los animales.
- Coprofilia: el deseo sexual aumenta con la visión, el olor o el sabor de los excrementos.
- Urofilia: la micción o el contacto con la orina es una fuente de excitación sexual.
- Clorismafilia: consiste en administrarse o administrar a otra persona enemas, acción que aumenta la excitación sexual.
El académico M. P. Kafka afirma que "los trastornos relacionados con la parafilia suelen tener consecuencias negativas en la intimidad de la pareja", aunque en algunos casos determinados intereses parafílicos pueden integrarse de forma consensuada en la vida sexual sin generar necesariamente disfunción grave.
Es el caso, por ejemplo, de las parejas parafílicas que practican el BDSM (inclinaciones y prácticas sexuales basadas en la dinámica dominación-sumisión), que, según investigaciones realizadas en Estados Unidos, están bastante extendidas y aceptadas (Herbenik et al., 2017).
Prevalencia y distribución de las parafilias sexuales
La prevalencia de las parafilias sexuales en la población general puede ser difícil de estimar con exactitud, en parte debido al estigma social y a la naturaleza privada de estos intereses. Sin embargo, diversos estudios epidemiológicos han intentado aportar información sobre su frecuencia y distribución.
Según una revisión publicada en 2014 en el Journal of Sex Research (Joyal, Cossette & Lapierre), aproximadamente el 45 % de los hombres y el 16 % de las mujeres han reportado haber experimentado al menos una fantasía sexual considerada parafílica en algún momento de su vida. Sin embargo, las estimaciones derivadas de estudios epidemiológicos y de los datos recogidos en el DSM-5-TR indican que la proporción de personas que cumplen los criterios para un trastorno parafílico es mucho menor, situándose en torno al 1-3 % de la población adulta, que presentan estos intereses acompañados de malestar clínicamente significativo, deterioro funcional o riesgo y/o daño para otras personas.
Las parafilias suelen comenzar en la adolescencia o al inicio de la adultez, y se observan con mayor frecuencia en varones que en mujeres. Por ejemplo, el trastorno voyeurista y el exhibicionista se diagnostican principalmente en hombres, mientras que el fetichismo y el sadomasoquismo también presentan una mayor prevalencia en varones.
De hecho, la diferencia observada entre hombres y mujeres en el interés por parafilias ha sido explicada completamente por el impulso sexual; es decir, el impulso sexual fue identificado como el único factor que medió y explicó en su totalidad esta diferencia (Dawson et al., 2016).
En relación con la comorbilidad, las personas con trastornos parafílicos pueden experimentar otros problemas de salud mental, como trastornos del estado de ánimo, ansiedad o trastornos de la personalidad. Esto puede hacer que el diagnóstico y el tratamiento sean más complejos (Kafka, 2010).
Parafilias: síntomas y comorbilidad
¿Cómo saber si se tiene una parafilia? Las personas con parafilia pueden:
- tener conductas perjudiciales, consigo mismos o para los demás,
- sentir un fuerte malestar social,
- asociar la búsqueda de placer y la excitación sexual con actitudes disfuncionales.
Las afecciones conocidas de los trastornos parafílicos pueden ser diversas. Se ha encontrado una relación entre narcisismo y parafilia (narcisismo y perversión es un binomio que se basa también en la falta de empatía, característica de la persona narcisista) y dependencia afectiva y parafilia, pero también con otros trastornos de la personalidad como el trastorno antisocial de la personalidad y el trastorno límite de la personalidad.
Un estudio realizado por M. Kafka sobre una muestra de pacientes varones destaca la presencia de trastornos psicológicos como los trastornos del estado de ánimo (especialmente la distimia), la depresión, el trastorno de ansiedad, el trastorno por consumo de sustancias y la hipersexualidad (Kafka & Hennen, 2002). Además, se observa que el abuso de alcohol es prevalente entre los ofensores con parafilias y actúa como un factor adicional de desinhibición (Kafka, 2012).
En algunas personas con TOC (trastorno obsesivo compulsivo), como sostiene la investigadora Marta Kuty-Pachecka, pueden estar presentes trastornos de la sexualidad y obsesiones sexuales.
Causas psicológicas de las parafilias
Aunque los factores biológicos están presentes, son las razones psicológicas las que desempeñan un papel clave en la determinación de la parafilia y el significado subyacente de los actos sexuales.
En lo que respecta específicamente al estudio de las perversiones femeninas, la sexóloga H. Kaplan señala en su libro Female Perversions. Las tentaciones de Emma Bovary que implican dinámicas más sutiles que la sexualidad más predecible de las perversiones masculinas:
"Si las perversiones masculinas se manifiestan en forma de actos sexuales prohibidos que interpretan y caricaturizan el rendimiento genital adulto, las perversiones femeninas deben manifestarse en ámbitos que interpretan y caricaturizan un ideal femenino de género: inocencia, limpieza, espiritualidad y sumisión."
Entre las causas de las parafilias, de hecho, podemos considerar experiencias como la separación, el abandono y la pérdida como consecuencia de traumas infantiles, abuso durante la niñez o la adolescencia o relaciones de cuidado negligentes o disfuncionales, entre otras.
Algunos estudios, como el realizado por M. Yu. Kamenskov y O. I. Gurina (2019) también identificaron causas fisiológicas, con:
"Un aumento de los niveles de serotonina y norepinefrina y una disminución de las concentraciones de DOPAC (ácido 3,4-dihidroxifenilacético) en la orina de pacientes con trastornos parafílicos. Las concentraciones de serotonina y norepinefrina se correlacionaron con los trastornos obsesivos. El nivel de DOPAC se asoció con trastornos afectivos y disociativos".

Tratar las parafilias
¿Cómo se hace frente a las parafilias? ¿qué hay que hacer si se padece una parafilia? Los trastornos sexuales y las parafilias no siempre son fáciles de tratar. De hecho, el tratamiento de las parafilias es bastante complejo, sobre todo cuando la persona ya ha puesto en marcha procesos defensivos que le hacen negar que su comportamiento sea patológico.
El tratamiento de la parafilia puede llevarse a cabo con tratamientos psicoterapéuticos por parte de un profesional de la psicología sexual y, en algunos casos, con el uso de psicofármacos. Los trabajos de los investigadores B. J. Holoyda y D. C. Kellaher señalan que:
"Por su propia naturaleza, algunos trastornos parafílicos pueden predisponer al individuo a cometer delitos sexuales. Por lo tanto, el tratamiento biológico de los trastornos parafílicos reviste una importancia fundamental para la psiquiatría y la sociedad en general".
“Tres categorías de agentes farmacológicos utilizados habitualmente para tratar los trastornos parafílicos son los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, los análogos de esteroides sintéticos y los análogos de la hormona liberadora de gonadotropina.”
No se han desarrollado pruebas para detectar la parafilia, pero es necesario que el profesional investigue a fondo las causas del problema y aplique las técnicas terapéuticas más adecuadas a cada persona.
Curar las parafilias con terapia psicológica
Uno de los tipos de psicoterapia que se pueden utilizar en el tratamiento de la parafilia es la terapia psicodinámica, que también se puede llevar a cabo de forma individual o en pareja.
La intervención psicodinámica en una persona que practica una actividad sexual perversa debe comprender de forma exhaustiva:
- cómo la perversión interactúa con la estructura de personalidad subyacente de la persona,
- las repercusiones que esta actividad tiene en la vida del individuo.
¿Cómo debe actuar la persona que padece parafilia? ¿a quién debe pedir ayuda? Un primer paso puede ser solicitar ayuda psicológica, ante lo cual un psicólogo online puede ser un profesional adecuado. Es muy importante que el paciente muestre una buena motivación para hacer frente a la parafilia.
Ejemplos clínicos y escenarios prácticos en el contexto de las parafilias sexuales
Comprender cómo se presentan las parafilias sexuales en la vida cotidiana puede contribuir a desmitificar estos fenómenos y a fomentar una mirada más empática y fundamentada en la evidencia.
Por ejemplo, una persona puede experimentar excitación sexual recurrente al observar a otras personas sin su consentimiento (voyeurismo), pero no llevar a cabo estas conductas ni sentir malestar por sus fantasías. En este caso, no se consideraría un trastorno parafílico, ya que no hay daño ni sufrimiento asociado.
En otra situación, una persona con impulsos de frotteurismo (buscar contacto físico no consentido con desconocidos en espacios públicos) puede sentirse muy angustiada por sus deseos, evitar situaciones sociales y experimentar culpa y ansiedad. Aquí, el malestar personal y la interferencia en la vida diaria podrían indicar la necesidad de una intervención clínica.
Estos ejemplos muestran la importancia de valorar cada caso de manera individual, considerando tanto la presencia de conductas como el impacto emocional y funcional en la persona. El acompañamiento terapéutico debe ajustarse a las necesidades específicas de cada individuo, siempre desde una perspectiva respetuosa y sin juicios.
Tratamientos farmacológicos y psicoterapéuticos
El abordaje de las parafilias sexuales y los trastornos parafílicos puede incluir tanto intervenciones psicoterapéuticas como farmacológicas, según la situación y las necesidades de cada persona.
Entre las terapias psicológicas, la terapia cognitivo-conductual (TCC) ha mostrado eficacia para acompañar a las personas en la identificación y el cambio de pensamientos y conductas que pueden estar relacionados con la parafilia. Algunas técnicas habituales dentro de este enfoque son la reestructuración cognitiva, el entrenamiento en habilidades sociales y la prevención de recaídas (Marshall et al., 2011). En particular, en pacientes en conflicto con la ley, las terapias cognitivo-conductuales orientadas a reducir el autoengaño sobre los efectos del comportamiento parafílico han cobrado relevancia (Berner & Briken, 2007).
En cuanto a los tratamientos farmacológicos, los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) pueden ayudar a disminuir la intensidad de los impulsos sexuales y el malestar asociado, especialmente cuando también existen síntomas de trastornos obsesivo-compulsivos o depresión. En situaciones que lo requieran, se pueden utilizar medicamentos antiandrogénicos para reducir el deseo sexual, siempre bajo una cuidadosa supervisión médica (Holoyda & Kellaher, 2016).
La elección del tratamiento debe adaptarse a cada persona, considerando su motivación, la presencia de otros trastornos y el posible riesgo para sí misma o para otras personas. La evidencia científica indica que combinar intervenciones psicológicas y farmacológicas puede ser beneficioso en los casos más complejos, con el objetivo de favorecer el bienestar y reducir el riesgo de conductas dañinas.
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