“Hoy no me levantaría” o “No puedo salir de la cama”; a todos se nos ha pasado por la cabeza este tipo de pensamientos en algún momento. Hay veces que nos falta motivación y voluntad para hacer algo, pero también hay personas que sienten eso a diario y para todo.
Cuando la falta de motivación y voluntad se convierte en una rutina, puede tratarse de abulia. En este artículo, abordamos qué es la abulia, cómo identificarla, sus causas y cómo se puede afrontar.
¿Qué es la abulia?
Según la definición de la RAE, el término abulia significa “pasividad, desinterés, falta de voluntad.”
El significado de abulia en psicología hace referencia a la falta de motivación y voluntad que siente una persona, lo que incluye tanto el nivel conductual (realizar una actividad) como el nivel cognitivo y conductual (tomar una decisión). Por lo que el término abúlico se suele emplear para describir estados en los que la falta de voluntad y la dificultad para tomar decisiones están muy presentes.
Las personas que experimentan abulia sienten una apatía extrema, una sensación de vacío que puede conducir, por ejemplo, a la disminución del deseo sexual, de las ganas de hacer actividades y de fijarse metas a corto o medio plazo.
También existe la “apatoabulia”, una combinación de abulia y apatía, en la que la persona no solo carece de voluntad para actuar, sino que tampoco experimenta una respuesta emocional ante estímulos que antes le generaban interés o emoción.
Hipobulia e hiperbulia
Puede que también hayas escuchado hablar de la hipobulia, que en realidad es un grado menor de la abulia, y de la hiperbulia, un trastorno de fuerte voluntad, en el que se produce un aumento inadecuado en diversos deseos, así como intentos de realizar actividades a menudo improductivas.
Dentro del espectro de alteraciones de la voluntad, por un lado, la hipobulia se refiere a una disminución leve de la motivación y la iniciativa, sin llegar a ser tan marcada como en la abulia. Las personas con hipobulia pueden sentir cierta dificultad para iniciar actividades o tomar decisiones, pero aún conservan cierto grado de respuesta ante estímulos externos.
Por otro lado, la hiperbulia es el extremo opuesto: se caracteriza por un aumento excesivo e incontrolado de la voluntad y la impulsividad, lo que puede llevar a la persona a involucrarse en múltiples actividades sin medir las consecuencias de sus acciones. Este estado suele estar presente en algunos trastornos neurológicos y psiquiátricos, como la manía en el trastorno bipolar.
Abulia, anhedonia y apatía: diferencias
Entre la apatía, la abulia y la anhedonia existen sutiles diferencias. De hecho, hay quienes definen la apatía como un subtipo de abulia. Intentemos arrojar un poco de luz sobre el tema.
Cuando alguien siente apatía carece de ganas o energía para iniciar algo (no tiene iniciativa, le falta la chispa para ponerse en marcha). En cambio, una persona con abulia se encuentra en un estado más persistente y profundo, en el que la capacidad para motivarse, entusiasmarse o ilusionarse por algo ha desaparecido. La persona siente impotencia para actuar, tomar una decisión o cumplir con un acto, aunque sea deseado.
En cambio, en lo que respecta a la anhedonia, se trata de un estado estable pero reversible, en el que el placer por hacer cosas se ve reducido y la persona siente que algo con lo que antes disfrutaba ahora “ya no es lo mismo”. No hay una falta de voluntad o de iniciativa, sino una falta de disfrute.
¿Cómo afecta la abulia?
La abulia repercute en el ámbito social, ya que la falta de interés también se da en las interacciones con otras personas. Quienes tienen abulia tienden a tener pensamientos lentos y a comunicarse con frases cortas (en su forma más extrema se da el mutismo). En algunos casos, el comportamiento abúlico puede afectar incluso la toma de decisiones más sencillas o reducir al mínimo la participación en actividades cotidianas.
También hay una falta de movimiento espontáneo y se reduce el tiempo dedicado a actividades y aficiones. La persona siente que cualquier otro día es mejor para hacer lo que sea (postergación constante), ya que hoy no está para tomar ciertas decisiones o tomar acción. Esta actitud abúlica puede llegar a alejar a la persona de sus rutinas y obligaciones diarias sin una causa aparente.
En el ámbito laboral, cuando la persona sufre un estado de estrés y agotamiento crónico, lo que se conoce como síndrome de burnout, también puede experimentar abulia o una falta de energía para ir al trabajo y desempeñar las tareas habituales.
Pero, ¿quiere todo esto decir que una persona con abulia no hace nada? No, las personas con abulia sí hacen actividades, pero es como si encendieran un piloto automático y se dejaran llevar; actúan de manera instintiva o automatizada.
Podemos decir que con la abulia hay una alteración de conducta. Es como si las emociones y los sentimientos estuvieran en pausa, por eso la persona siente apatía extrema y ningún entusiasmo por lo que sucede a su alrededor. Esa sensación de desconexión hace que se sienta mal, tenga sentimientos de culpa y de impotencia, e incluso llegue a creer que le falta empatía.

Síntomas de la abulia
Los signos y síntomas de la abulia más característicos de quienes la sufren son los siguientes:
- pasividad,
- reducción de las actividades físicas,
- empobrecimiento de las relaciones sociales,
- postergar las tareas y evitar tomar decisiones,
- falta de compromiso,
- falta de apetito,
- pérdida del deseo sexual (o poco deseo),
- cansancio, falta de energía (astenia),
- pérdida de la espontaneidad,
- indecisión y sentimiento de bloqueo mental,
- no inicia actividades o las abandona,
- falta de interés en el autocuidado,
- insomnio o somnolencia,
- apatía.
Tener estos síntomas no quiere decir que tengas sí o sí un problema de salud mental. Todas las personas, dependiendo de las circunstancias y momentos que estén viviendo, pueden manifestar algunos de estos síntomas. No obstante, en caso de duda, lo más recomendable es buscar ayuda psicológica para que un profesional pueda evaluar la situación de forma personalizada.
Causas de la abulia
Las causas de la abulia no son del todo conocidas. Parecen ser el resultado de varias condiciones médicas y psiquiátricas:
- Causa biológica por posibles alteraciones neurológicas en el área frontal y los ganglios basales, que son los núcleos implicados en los cambios de motivación.
- Causa ambiental, es decir, que la abulia esté relacionada con las experiencias vitales de la persona a lo largo de su vida y que influyen a la hora de enfrentarse a situaciones. Lo cual, a su vez, afecta a la motivación.
Base neurobiológica de la abulia
Asimismo, la abulia cuenta con una base neurobiológica que la ciencia ha explorado principalmente mediante técnicas de neuroimagen y observación clínica. Se ha observado que ciertas áreas del cerebro, como la corteza prefrontal y los ganglios basales, cumplen un papel esencial en la regulación de la motivación y la voluntad.
- Corteza prefrontal: esta región participa activamente en la toma de decisiones, la planificación y la motivación. Cuando ocurre un daño o una disfunción en esta área, puede presentarse una disminución significativa de la iniciativa y de la capacidad para comenzar acciones.
- Ganglios basales: estas estructuras profundas del cerebro intervienen en el control del movimiento y la motivación. Cambios en los ganglios basales pueden favorecer la aparición de abulia, sobre todo en condiciones neurológicas como la enfermedad de Parkinson.
- Sistema dopaminérgico: La dopamina es un neurotransmisor fundamental en los circuitos de recompensa y motivación. Una disminución en la transmisión dopaminérgica puede estar vinculada a la presencia de síntomas abúlicos, como se observa en algunos trastornos psiquiátricos y neurológicos.
Los estudios de neuroimagen han mostrado que las personas con abulia suelen presentar una menor actividad en estas áreas cerebrales.
Abulia y trastornos relacionados
¿Es la abulia una enfermedad o un trastorno?
La abulia no se considera una enfermedad por sí sola, sino un síntoma que puede presentarse en el contexto de distintos trastornos neurológicos y psiquiátricos, así como en personas que han sufrido una lesión cerebral traumática, donde se reconoce como uno de los principales síndromes de disminución de la motivación (Marin & Wilkosz, 2005).
Su intensidad y forma pueden variar dependiendo de la condición de base:
- La depresión: las personas con depresión están en un estado de desmotivación y desesperanza que acaba dando lugar a no tener ganas de hacer nada y a la abulia. La abulia suele estar presente en varios tipos de depresión.
- El trastorno bipolar: en este trastorno del estado de ánimo hay alternancia de episodios de depresión y de manía o hipomanía. Por lo tanto, en los episodios depresivos la persona puede experimentar abulia.
- El alzheimer: las personas con este trastorno neurodegenerativo, que afecta la memoria y otras funciones cognitivas, en fases más avanzadas puede asociarse a la aparición de abulia. Esta puede influir en la capacidad de la persona para llevar a cabo tareas cotidianas, por eso algunas personas con abulia abandonan la higiene personal. Además, existe una fuerte asociación entre la abulia y la demencia frontotemporal, siendo este uno de los comportamientos no cognitivos más frecuentes en dicho trastorno (Mendez et al., 2008).
- La esquizofrenia: los síntomas negativos de la esquizofrenia (ya sea esquizofrenia hereditaria o no) suelen implicar ausencia o disminución del funcionamiento normal de la conducta y de la expresión emocional. Todo esto dificulta experimentar placer por las cosas que antes eran placenteras (anhedonia), falta de energía (apatía) y falta de voluntad (abulia), entre otras cosas.
- Enfermedad de Parkinson: muchas personas con enfermedad de Parkinson pueden experimentar abulia, ya que la afectación de los ganglios basales y la disminución de dopamina influyen directamente en la motivación y en la capacidad para iniciar actividades.
Distinguir la abulia de otros síntomas similares resulta fundamental para un abordaje terapéutico adecuado, ya que el tratamiento puede variar según la causa que la origina.

Diagnóstico clínico de la abulia
El diagnóstico de la abulia puede presentar ciertos desafíos, ya que sus síntomas pueden parecerse a los de la depresión, la apatía o la anhedonia. Las y los profesionales de la salud mental suelen realizar una evaluación clínica completa, que incluye entrevistas, observación del comportamiento y, en ocasiones, pruebas neuropsicológicas.
Algunos de los principales retos en el diagnóstico diferencial pueden ser:
- Diferenciar la abulia de la depresión: aunque ambas pueden incluir una falta de motivación, en la abulia la tristeza no siempre está presente y la persona puede no experimentar sentimientos de desesperanza.
- Distinguir la abulia de la apatía: la apatía se relaciona con una falta de interés o emoción, mientras que la abulia se caracteriza por la dificultad para iniciar acciones, incluso cuando hay deseo o interés.
- Evaluar el contexto neurológico o psiquiátrico: es importante identificar si la abulia aparece como consecuencia de una enfermedad neurológica, como el Parkinson o el Alzheimer, o si forma parte de un trastorno psiquiátrico como la esquizofrenia.
Un diagnóstico preciso puede ser fundamental para orientar el tratamiento y favorecer la calidad de vida de la persona que experimenta abulia.
Cómo superar la abulia
¿Cómo se puede tratar la abulia? El tratamiento dependerá de la causa subyacente, por lo que es importante que un profesional de la salud evalúe el caso y determine cómo trabajar la abulia o cómo salir de una depresión que lleva a ella.
A pesar de la falta de voluntad y la desmotivación, es importante realizar actividades e involucrarse en experiencias, aunque resulte difícil ponerse en marcha. En este sentido, existen diversos factores que pueden ser útiles para combatir la abulia, como:
- El apoyo del entorno y el sostén de familiares y amistades es clave ya que la abulia puede conducir a la persona al aislamiento y la soledad. El entorno cercano cumple un papel esencial en el proceso de recuperación, ya que el acompañamiento, la comprensión y la motivación por parte de familiares y amistades pueden influir positivamente en la superación de la abulia.
- La actividad física y el deporte ayudan a aumentar la producción de endorfinas y mejorar el estado anímico.
Asimismo, en lo que respecta al tratamiento psicológico para superar la abulia, algunas opciones pueden ser:
- La terapia cognitivo-conductual (TCC) puede ayudar a identificar y modificar patrones de pensamiento y comportamiento que contribuyen a la falta de iniciativa.
- La terapia ocupacional puede resultar útil para recuperar habilidades y fomentar la autonomía en las actividades cotidianas.
Por otro lado, están los psicofármacos, que pueden ser útiles para tratar la abulia cuando la causa subyacente es una enfermedad neurológica o psiquiátrica, pero siempre deberán tomarse bajo recomendación y supervisión médica.
Recomendaciones prácticas para afrontar la abulia en el día a día
Afrontar la abulia puede resultar un reto tanto para quienes la experimentan como para sus seres queridos. Sin embargo, existen estrategias que pueden favorecer la motivación y la participación en las actividades del día a día:
- Establecer rutinas sencillas: contar con una estructura diaria y actividades planificadas puede facilitar el inicio de las tareas y disminuir la sensación de bloqueo.
- Dividir las tareas en pequeños pasos: realizar las actividades de manera gradual, comenzando por acciones simples, puede contribuir a recuperar la sensación de logro y motivación.
- Reconocer los pequeños avances: valorar cada progreso, incluso si parece pequeño, puede fortalecer la autoestima y el deseo de continuar avanzando.
- Buscar apoyo emocional: compartir las dificultades con personas de confianza o con un profesional puede aliviar la carga emocional y aportar nuevas perspectivas.
- Fomentar la actividad física: mantener una rutina de ejercicio, adaptada a las posibilidades de cada persona, puede ayudar a mejorar el estado de ánimo y la energía.
Estas sugerencias pueden resultar útiles tanto para quienes atraviesan la abulia como para sus familiares, contribuyendo a crear un entorno más comprensivo y motivador.
Si sientes que necesitas ayuda para afrontar lo que estás viviendo, en Unobravo te ayudamos a encontrar el psicólogo/a más adecuado para ti, en función de tus necesidades y preferencias. Recuerda que, sea cual sea la situación por la que estás atravesando, no tienes por qué afrontarla en soledad.




